
En un tiempo dominado por la velocidad del algoritmo y la fugacidad de la noticia, la periodista costarricense Elizabeth Lang Oreamuno ha decidido caminar en sentido contrario. Mientras el periodismo digital parece obsesionado con la inmediatez, ella apuesta por la pausa, la escucha y la profundidad: historias largas, conversaciones que duran horas y narrativas que buscan permanecer más allá del instante.
Durante más de una década, Lang ha construido una trayectoria singular dentro del periodismo cultural latinoamericano, guiada por una convicción clara: el arte no puede explicarse con prisa. Sus reportajes y entrevistas exploran la dimensión humana de los creadores, indagando en aquello que precede a la obra, las emociones, las crisis, la historia personal, y en el modo en que la cultura dialoga con los sistemas políticos, sociales y económicos que la atraviesan. Para ella, el periodismo cultural no es solo un ejercicio informativo, sino una práctica narrativa que se aproxima a lo artístico, donde conviven lo documental, lo literario, lo visual y lo sonoro en una experiencia multimedia que busca envolver al lector.
Esa misma convicción la llevó a crear Impulsiva Stories, una plataforma independiente nacida de la necesidad de libertad editorial y del deseo de preservar la integridad de las historias frente a las lógicas de las plataformas digitales. Desde allí, Lang ha reivindicado un periodismo que se mueve entre disciplinas, que puede habitar tanto en una revista como en un festival de cine, una galería o un teatro, y que entiende la cultura como una conversación viva entre artistas, audiencias y contextos históricos.
Pero su trabajo también ha adquirido una dimensión profundamente personal. En Music Saved My Brain, uno de sus proyectos más íntimos y experimentales, una investigación sobre los efectos de la música en el cerebro terminó revelándole un diagnóstico inesperado de epilepsia mioclónica juvenil. Lejos de convertirse en un relato autobiográfico sin mediación, el proyecto se construyó desde la ética periodística y el diálogo con especialistas en neurología, neurocirugía y musicoterapia, abriendo una reflexión sobre el poder sanador del arte, la escucha y la experiencia humana en una sociedad marcada por el estrés, la ansiedad y la hiperconectividad.
En esta conversación con Culturamas, Elizabeth Lang Oreamuno reflexiona sobre la ética del periodismo, la necesidad de escuchar profundamente a los artistas, el lugar de América Latina en la cultura contemporánea y los desafíos que plantea la inteligencia artificial para la creatividad humana. También defiende una idea que atraviesa toda su obra: que el periodismo cultural, cuando se ejerce con tiempo, rigor y sensibilidad, puede convertirse en un espacio donde el arte no solo se narra, sino que también se comprende, se cuestiona y, en ocasiones, incluso llega a salvar vidas.

Mauricio A. Rodríguez Hernández (MARH): Desde su experiencia, ¿cómo interpreta el periodismo cultural en el siglo XXI, en un contexto dominado por la inmediatez digital, y qué papel considera que juega hoy en la promoción, comprensión y legitimación del arte?
Elizabeth Lang Oreamuno (ELO): Desde mi experiencia, la inmediatez digital nunca ha sido un factor que defina las historias que cuento. Más bien, siempre estoy del lado opuesto. He tenido la dicha de que mis historias son largas y profundas. No suelo concentrarme en publicar de manera inmediata porque mis historias requieren que les invierta bastante tiempo e investigación.
Siempre estoy en la búsqueda de la profundidad sobre distintos temas y artistas. Busco crear una experiencia digital inmersiva y multimedia para la audiencia. Que mi público realmente puedan entender bien a quien se entrevista.
Ya que la inmediatez no es uno de los elementos que contemplo en mis historias, considero desde mi experiencia, que no es un factor determinante para la promoción, comprensión y legitimación del arte. Con el tiempo, me he dado cuenta que las personas que consumen mis historias tienen interés en aprender sobre distintos tipos de disciplinas artísticas y de quienes crean este arte.
Si estuviese enfocada en producir noticias rápidas sobre el mundo cultural, la historia sería diferente y la inmediatez tendría mucha más importancia, pero ese no es mi caso.
Creo que el periodismo cultural debería de aportar mucha más profundidad que algo del momento que no va a perdurar en el tiempo. Yo quiero que mis historias trasciendan y provoquen un impacto positivo en la sociedad. Eso no lo logro con la inmediatez porque me limita mucho a la hora de desarrollar narrativas con profundidad.
MARH: Impulsiva Stories surge como una respuesta a la necesidad de independencia editorial. ¿Qué tensiones encontró entre el impacto humano de las historias culturales y la lógica de las plataformas digitales, y cómo influyeron en la creación del proyecto?
ELO: Del 2023 al 2025 me topé con el mismo problema en las distintas plataformas donde estuve trabajando. A nivel de audiencia y conexión humana, a las historias les iba muy bien. Se notaba que había un interés muy genuino del público por interactuar con lo que se estaba contando. Había un crecimiento muy evidente que hacía que estas plataformas fueran relevantes y crecieran a nivel internacional.
Pero quienes estaban al mando mío, realmente no tenían interés en lo que yo estaba produciendo. Cada vez que a mis historias les empezaba a ir muy bien en redes sociales y los proyectos empezaban a crecer digitalmente, era cuando más intentaban “bajarme el piso”.
Nunca entendí realmente por qué se repetía este patrón. En mi mente, la lógica era que entre mejor desempeño tuviesen las historias, mejor era para todo el mundo. Sin embargo, esos patrones repetitivos de intentar “bajarme el piso” nunca frenaron mi ambición y pasión por contar historias culturales extraordinarias que cambian el mundo.
Por lo contrario, solo le dieron más fuego y gasolina para continuar y seguir creyendo en mi trabajo a pesar de las dificultades. Seguí nadando contra corriente porque sé que tengo en mis manos la gran responsabilidad de compartir con el mundo estas historias extraordinarias.
Por eso, llegó un punto en donde yo ya no quería seguir con ese problema recurrente, ni seguir en ese mismo ciclo tóxico.
Tampoco quería seguir en espacios donde constantemente recibía faltas de respeto como profesional, hacia mi trabajo y hacia las personas que entrevistaba.
Una cosa es que me falten el respeto a mí y mi trabajo. Otra cosa es que le falten el respeto a mis entrevistados y entrevistadas. Eso yo no lo voy a permitir. Estas personas me dan mucho de sí mismas y yo procuro con mis historias siempre honrar eso.
Además, si yo seguía en estos ambientes negativos, mi carrera se iba a estancar e iba a tomar un rumbo sumamente problemático. Tampoco quería seguir produciendo historias para personas que nunca las valoraron ni me tomaban en serio como periodista y profesional.
En ese proceso tan frustrante, me di cuenta que mis historias realmente no necesitaban de nadie más que la persona entrevistada, la audiencia y yo para existir.
Encontré la luz y quienes logran que las narrativas conecten tan fuertemente con la audiencia, son los y las artistas. Yo valoro y agradezco muchísimo que me brindan de su valioso tiempo – porque a veces son entrevistas de hasta 3 horas – para tener conversaciones súper enriquecedoras.
También, las personas que siguen mi trabajo desde que empecé mi carrera hace 11 años, sin importar donde esté publicando, han sido una tremenda bendición. Tanto la audiencia como los artistas son quienes depositan su confianza en mí para que pueda contar estas historias de la mejor manera posible.
Siempre voy a estar sumamente agradecida por todo eso porque me confirma el enorme valor que tiene mi trabajo.
También fue en ese proceso donde entré en razón y decidí que ya era hora de tener mi propia plataforma. Quería tener completo control de todas las historias y decisiones que se toman entorno a lo que produzco. Ya era hora de tener un espacio digital propio donde puedo escoger libremente qué artistas entrevistar y qué temas explorar sin tener limitaciones impuestas por otras personas y por otros factores fuera de mi control.
Y cómo soy una persona extremadamente impulsiva en todos los aspectos de mi vida, no le di mucho pensamiento. Tomé las riendas sobre el asunto y nació Impulsiva Stories.
Soy impulsiva y cuento historias. No hay mayor ciencia por detrás y en este momento – a tan solo tres meses del lanzamiento del proyecto – me está yendo muchísimo mejor de lo que me fue previamente en otros lugares. He recibido muchísimo apoyo y eso solo me confirma que fue la decisión correcta.
MARH: Usted define Impulsiva Stories bajo el lema del “arte del periodismo”. ¿Qué significa para usted pensar el periodismo como una práctica artística y no solo informativa?

ELO: Estoy en un punto en mi carrera en donde siento que mi periodismo es mucho más artístico. Tiene elementos narrativos, documentales, literarios, visuales y artísticos. Yo existo de manera multimedia y no me puedo limitar a comunicar de una sola manera.
Personalmente, me gusta mucho tener una experiencia multimedia y por eso me gusta mucho replicar esa sensación en la experiencia digital inmersiva que quiero crear para la audiencia. Me gusta pensar que quien consume mi trabajo pueda sentir la emoción y pasión que yo siento cada vez que entrevisto a alguien. Quiero que eso se replique y eso no lo logro con un periodismo meramente informativo.
Eso lo logro con un enfoque artístico, narrativo y humano. Lo logro con darle la debida importancia a todos estos artistas y así poder mostrarle a la audiencia que son personas integrales. No me enfoco meramente en su profesión, sino que también me gusta entender de dónde vienen sus motivaciones personales para crear.
Por eso es que en el último año mis historias han estado mucho más enfocadas en las emociones y en esa conexión humana tan profunda e intangible a la hora de crear cultura.
También, mis historias buscan retratar el arte y la cultura como una respuesta a los sistemas políticos, sociales y económicos de una nación. Así que va más allá de lo informativo. Es esta búsqueda eterna del arte y cultura como algo que va más allá de ser disciplinas meramente estéticas.
Además, mi periodismo ha terminado en distintos contextos como galerías, festivales de cine, festivales de arte, centros culturales y un teatro en diferentes países como Costa Rica, Estados Unidos y España. Yo no puedo limitarme solo a un medio de comunicación o revista. Necesito mantenerme abierta a explorar más allá de los medios tradicionales y las maneras tradicionales de cómo se piensa el periodismo.
Y yo sé que las personas puristas del periodismo que lean esto probablemente van a estar completamente en desacuerdo de esta concepción periodística. Porque decir que periodismo es arte puede ser algo bastante controversial, pero en esta vida hay que ser libre y permitirse experimentar. Yo no puedo limitarme a una sola manera de comunicar. Necesito mantenerme abierta a distintos medios y a lo que la vida me ponga en el camino.
Yo nací para contar historias sumamente complejas y largas que cada vez están más atadas a la práctica artística.
MARH: En Music Saved My Brain, la música aparece como una forma de terapia y autoconocimiento. ¿Cómo transformó esta experiencia su relación con el cuerpo, el cerebro y la escucha como acto profundamente humano?

ELO: Primero que todo, esta fue una de las revelaciones más grandes e importantes de mi vida. Nunca me pasó por la mente que hacer un documental explorando los efectos de la música en mi cerebro iba a terminar en un diagnóstico de epilepsia mioclónica juvenil y en el descubrimiento impresionante de que la música literalmente salvó mi cerebro y mi vida.
Entre tanta investigación para Music Saved My Brain, me di cuenta que la música siempre ha jugado un rol vital en mi ser. Le da propósito a mi vida, me trae mucha felicidad y literalmente me da vida.
La música es tan buena para mí, que de cierto modo, se convirtió en el “tratamiento y medicina” para mi epilepsia. Al estar tocando piano y componiendo música desde hace mucho tiempo, sin saberlo también estaba haciendo terapia musical constantemente.
Es algo que me hace sentir muy bien. No solamente a nivel personal, sino que también a nivel profesional por escribir constantemente sobre música. Es mi lugar seguro y nada ni nadie me lo pueden quitar. Cuando todo va mal, me hace sentir bien. Cuando todo va bien, me hace sentir bien.
Me regula físicamente y emocionalmente y está comprobado científicamente.
Además, desde que hice ese proyecto, mis historias tienden a estar más enfocadas en las emociones ahora. Estoy buscando esa conexión emoción-creación ahora.
Y saber que tengo esta enfermedad crónica en mi cerebro también puso en perspectiva muchas otras cosas de la vida. Yo no soy la misma persona y profesional desde esa revelación y por ende, mi periodismo ha evolucionado impresionantemente también.
Links de Music Saved My Brain:
PART I – https://www.impulsivastories.com/music-saved-my-brain/
PART II – https://www.impulsivastories.com/music-saved-my-brain-2/
PART III – https://www.impulsivastories.com/music-saved-my-brain-3/
PART IV (Documental) – https://www.impulsivastories.com/music-saved-my-brain-4/
MARH: Desde su vivencia personal y su investigación interdisciplinaria, ¿qué nos revela la música, y el arte en general, sobre su capacidad curativa, especialmente en una sociedad atravesada por ansiedad, estrés y enfermedad?
ELO: No le llamaría capacidad curativa. Más bien diría que es una capacidad sanadora porque en mi caso con epilepsia, esta enfermedad no tiene cura. Solo se puede tratar y depende mucho del caso de epilepsia de cada persona.
Ahora bien, a nivel general desde las explicaciones del Dr. Freddy Henríquez, el Dr. Gerardo Lang y la músico terapeuta Renate Rohlfing, la música se convierte en este espacio de relajación. Este espacio para desconectarnos del mundo tan caótico en el que estamos viviendo actualmente. Este espacio para detenernos un rato y escuchar de manera intencional.
La música se convierte en este tipo de “masaje cerebral” que genera cierta estimulación y la activación de distintas partes del cerebro. Ayuda a sentirnos mejor y es una experiencia muy personal de cada quien. Además, es algo muy accesible para todo el mundo porque siempre estamos escuchando música y en muchas ocasiones hasta es gratis.
MARH: El proyecto reconoce no ser un estudio científico tradicional. ¿Cómo navega, como periodista, la frontera ética entre experiencia personal, evidencia médica y responsabilidad pública al narrar temas de salud?
ELO: En realidad, nunca hubo una frontera ética. Para poder hablar de estos temas tenía que contar con el respaldo científico, médico y psicológico de profesionales con experticia del tema.
Por eso es que fue un trabajo colaborativo. El neurólogo costarricense Dr. Freddy Henríquez, aportó desde la neurología, su conocimiento profundo sobre la epilepsia y la investigación científica y académica. El neurocirujano costarricense Dr. Gerardo Lang, explicó el rol de la música en el cerebro de manera física. La músico terapeuta estadounidense Renate Rohlfing, explicó los efectos de la música en el cerebro desde una perspectiva fisiológica y psicológica.
Yo no podía hacer ninguna afirmación sin tener presente a estos tres profesionales tan calificados en sus áreas. Mi rol en la historia era exponer mi caso, mis antecedentes y funcionar como narradora. Por eso está presente mi experiencia personal, pero todo está justificado periodísticamente. Es como si yo hubiese sido mi “propia entrevistada”.
También, en la historia hay múltiples disclaimers explicando que no me tomen como referencia porque al ser un estudio llevado a cabo en una sola persona, no tiene validez científica. Eso lo explica el Dr. Henríquez claramente. También mencioné que esto fue un experimento hecho a partir de la evidencia de la experiencia y no basado en evidencia científica.
Es una historia sumamente experimental. Los tres expertos estaban de acuerdo con esto. Su interés en participar era por ser parte de un proyecto que en un futuro podría abrir las puertas para nuevas investigaciones sobre el tema. El Dr. Henríquez también quería ser parte de un proyecto que pudiese exponer de manera positiva una enfermedad como la epilepsia, que históricamente ha sido muy estigmatizada a pesar de lo común que es.
La participación de estos tres expertos era vital en el proyecto y por eso también estoy sumamente agradecida. Sin ellos, esta historia no hubiese tenido tremenda fuerza e impacto y yo no hubiese tenido uno de las mayores revelaciones y descubrimientos de mi vida.
También fui muy clara al expresar que esta historia no busca presentar la música como una cura para la epilepsia. Sería muy irresponsable y peligroso afirmar eso cuando la epilepsia no tiene cura.
Además, cuando cursé mi maestría en University of Wisconsin-Madison en Estados Unidos, fui fellow de ética periodística en el Centro de Ética Periodística de la Escuela de Comunicación y Periodismo de la universidad. Por eso, mi ética periodística siempre va a estar por encima de todo cuando cuento mis historias. Es mi deber como profesional mantener los estándares éticos más altos con los que me entrenaron los mejores profesionales del mundo de la industria periodística.
Yo no me tomo a la ligera mi labor periodística y debo ejercerla con mucha responsabilidad.
MARH: En un escenario donde la inteligencia artificial empieza a incidir en la producción cultural, ¿cree que estas tecnologías pueden aniquilar la creatividad humana o, por el contrario, obligarnos a redefinir lo que entendemos por sensibilidad, autoría y pensamiento crítico?
ELO: Quiero ser positiva y me inclinaría más a la segunda opción de que nos obligue a redefinir lo que entendemos por sensibilidad, autoría y pensamiento crítico. Creo que he tenido la dicha de conversar con artistas que no utilizan la inteligencia artificial en la producción de su arte y si la usan es como herramienta. No para el arte en sí.
Desde mi opinión, creo que la desconexión que la inteligencia artificial está provocando, va a generar la reacción opuesta. He estado leyendo mucho sobre las tendencias de que todo lo análogo está regresando en el 2026. Las personas se quieren desconectar de esa hiper conectividad digital constante y escapar al mundo real donde exista una conexión humana real.
Eso es lo que quiero pensar, pero como todo, la inteligencia artificial tiene su lado bueno y malo. Solo el tiempo dirá qué pasará.
MARH: Aunque Impulsiva Stories se produce desde Costa Rica, su mirada es latinoamericana y global. ¿Qué aporta América Latina al relato cultural contemporáneo y por qué sigue siendo un territorio fértil para narrativas que cruzan arte, política y cuerpo?
ELO: Latinoamérica son mis historias.
En los últimos años he tenido la dicha de contar historias de artistas de Costa Rica, Puerto Rico, Guatemala, El Salvador, Nicaragua, México, Panamá, Colombia, Venezuela, Argentina, Chile, República Dominicana, Bolivia y más.
En este preciso momento, la cultura latinoamericana es la que está definiendo el mundo. Tener un referente como Bad Bunny ha cambiado la concepción de dicha cultura a nivel mundial y nos enseña que desde aquí podemos ser grandes y que valemos mucho la pena aunque nos digan lo contrario.
A pesar de que estamos viviendo en tiempos donde las personas latinoamericanas están siendo discriminadas y oprimidas fuertemente, la resistencia y resiliencia de la misma región ha hecho que la cultura llegue a lugares bien lejos e inimaginables.
También ha hecho que la cultura latinoamericana continue persistiendo y se siga creando cada vez con más fuerza a pesar de las dificultades. Como dicen por ahí, ahora todos quieren ser latinos. Personas que no hablan español están aprendiéndolo porque quieren ser parte del movimiento cultural.
Desde mi profesión, he tenido la bendición, dicha y privilegio de entrevistar una gran cantidad de artistas de Latinoamérica cuya narrativa justamente es esa. Llevan muchísimos años creando y dejando en lo más alto a la región. Han estado creando desde algo sumamente local que logra tener un impacto global.
Como decía la gran profesora e historiadora chilena Dra. Carolina Alarcón en su curso de historia del arte latinoamericano que llevé en UW-Madison, en Latinoamérica la política y la cultura no se pueden separar.
Con el tiempo, eso lo he interpretado de manera en que las barreras políticas definen en gran parte la cultura latinoamericana y no hay manera de separarlo. Es nuestra existencia, lucha, resistencia y resiliencia.
Y desde mis historias, siempre estaré honrando la cultura latinoamericana a cómo me sea posible.
Viva Latinoamérica.
MARH: Para cerrar, Music Saved My Brain propone “un periodismo que escucha”. ¿Qué significa escuchar hoy, a las personas, a los cuerpos, a los silencios, y cómo imagina el futuro del periodismo cultural desde esa ética de la escucha?
ELO: Escuchar es una de las razones por las que he llegado tan lejos.
Escuchar a las personas en mis entrevistas siempre me da las mejores historias y experiencias que puedo pedir. Es lo que siempre me funciona porque valida a las personas y sus experiencias. Escuchar muestra su vulnerabilidad como seres humanos.
Practicar la escucha activa e intencional con mis entrevistados logra que se abran conmigo y depositen su confianza en mí para contar sus historias de la mejor manera posible. Siempre se entiende que somos dos personas conversando, que ninguno está por encima del otro, que lo humano es lo que nos une y es lo que más me interesa transmitir en mis historias.
Mis entrevistas no existen para simplemente sacar una cita que suene bonita e interesante.
Para mí siempre va a ser de suma importancia la persona que tengo en frente mío porque me importan las personas y lo que tienen que decir. Siempre les agradezco profundamente por ello.
Escuchar también me ayuda darle a la audiencia algo real y humano.
Y yo creo que el periodismo cultural tiene que enfocarse en la escucha profunda. Especialmente por tratarse de disciplinas artísticas donde las emociones dictan muchísimo porqué una persona crea y la experiencia que buscan narrar a través de su arte y cultura extraordinaria.

