Horacio Otheguy Riveira.

Si cada ciclo de la Joven Compañía de Teatro Clásico ha dado muestras de excelencias diversas, en este debut de la séptima promoción la alegría calderoniana llega con hombres atacados de amores, celos y prejuicios rodeados de mujeres fascinantes. Este entusiasmo por el sexo femenino es propio de Lope de Vega -gran maestre de los conflictos amorosos en tragedias o desternillantes enredos-.

Pero cuando Calderón de la Barca (Madrid, 1600-1681), deja a un lado sus obsesiones filosófico-religiosas se convierte en un maestro por donde circulan mujeres encantadoras, de pronto prepotentes, amorosas o engañosas, geniales, en realidad, con todo el teatro posible e imposible a su favor. Allí están, a la hora de defender su tan vulnerable situación frente a las aparentes veleidades masculinas, frente a amantes o criados que no saben qué hacer, enamoradizos adolescentes que oscilan de unas a otras… y siempre temerosos de la ira de otros hombres que se creen con absoluto derecho sobre ellas.

Publicado en 1717, treinta y cuatro años después de la muerte del autor.

 

Dos mujeres de teatro (actrices, directoras) capitanean esta maestría por donde circulan las risas y las reflexiones posteriores a la hora de «desenmascarar» lo escondido y lo tapado, tras una serie de intrincados conflictos que se disfrutan con la energía de un vodevil contemporáneo.

Carolina África en la versión -diálogos ágiles, preciso perfil de personajes- y Beatriz Argüello en la dirección -magistral recreación en la que cada intérprete está cuidado con sobresaliente unidad de lo coral y lo individual-. La primera en su segundo trabajo clásico (el primero fue Mañanas de abril y mayo), y Argüello con mayor experiencia en clásicos y contemporáneos, como actriz y también como directora (en La Abadía, Viejos tiempos, de Pinter, y en esta misma sala, Valor, agravio y mujer): dos mujeres con tal caudal escénico que imprimen en estos jóvenes (de 20 a 30 años, seleccionados entre 900 aspirantes) cadencias y talentos para aportar a sus personajes rigores y matices, humor y aventura, con tal grado de cercanía que el público festeja todas y cada una de sus apariciones, hasta el entusiasta aplauso final.

Pero la dimensión teatral no acaba en ellas, ya que la escenografía de Alessio Meloni, la iluminación de David Picazo, el vestuario de Ikerne Giménez, y la asesoría de verso por Ernesto Arias (actor y director), resultan imprescindibles en la feliz amalgama de amenazas, carreras y escondrijos entre besos robados al azar para, al fin, quedarse para siempre…

 

Tras un brillante prólogo entre telones, desde el fondo del escenario avanza, sigilosa, la gran casa que albergará variedad de espacios donde esconderse y taparse… (Creación de Alessio Meloni).

 

   

 

Una foto de familia con un equipo sonriente, tan feliz como se les ve en escena. Intérpretes admirables a los que resulta muy fácil seguir de principio a fin, conscientes de su gran esfuerzo para dominar un texto áureo -felizmente versionado por Carolina África- como si se acabara de escribir para ellos.

 

Séptima Promoción de la Joven Compañía de Teatro Clásico

Sam Arribas, Jordan Blasco, Luis Espacio, Laura Ferrer, Zoe da Fonte, Diego Garisa, Belén Landaluce, Julio Montañana Hidalgo, Gabriel de Mulder, Anna Nácher, Andrea Real, Andrea Santos.

Versión: Carolina África

Dirección: Beatriz Argüello

Escenografía: Alessio Meloni

Vestuario: Ikerne Giménez.