UNA DIGNIDAD DOLIENTE

Por José Alcaraz.

La poesía contemporánea encuentra en la exploración del yo y de la experiencia íntima uno de sus territorios más fértiles, especialmente cuando el lenguaje se convierte en un medio para indagar en lo invisible y lo esencial. En este contexto se sitúa el nuevo libro de Cleofé Campuzano, El cuerpo quemará la medida de las casas, bellamente publicado por la editorial La Garúa.

Dice Cleofé Campuzano en uno de sus poemas: «Podría encontrar un lugar en el error, / instaurarlo en el tuétano de mi universo». Y esa metáfora, el tuétano de su universo, es lo que ella nos ofrece en este libro. Porque su poesía nace de la experiencia, pero su lenguaje parte de lo superficial, de las cosas, de los significantes, de las carcasas, para dirigirse al interior de sí misma, de su propio mundo sensible, y allí expandirse y rebotar en cientos de versos sugerentes y fractales de significado.

Poesía abstracta, por lo tanto; difícil, oscura en ocasiones. Pero que nadie se llame a engaño. Prestemos atención a las siguientes palabras de Pedro Salinas: «En lengua española resplandecen, sobre todos, esos pocos poemas en donde se encuentra al clarísimo a través de las tinieblas. Y al fin y al cabo, cuando Mallarmé sintió que necesitaba añadir un poco más de oscuridad a cierto poema, es que quería poner algo mucho más en claro». Y así es, la oscuridad añadida en estos poemas no es más, en el fondo, que claridad. Claridad que sólo se consigue tras una lectura profunda del libro; cosa que no es difícil porque su decir es sereno y acogedor.

Y es que si algo me sorprende de esta obra es su dignidad doliente. Me explico, se trata de un duelo hecho de palabras, una reflexión sobre la enfermedad, la muerte, las pérdidas, el dolor, la angustia, el silencio… Y aun así, Cleofé se permite el llanto, pero no darnos de beber sus lágrimas. Ella es, como dice en un poema, una «palomilla atrapada en el poder de la prudencia y el círculo». Prudencia, qué hermosa palabra. Círculo, qué inevitable y humana. «El olvido como trampa», escribe tras la muerte de su madre; «La continuación como trampa», remata justo después. Nuestra poeta es muy consciente no sólo de que se debe huir de los lugares comunes en la escritura, sino también en nuestra forma de estar en el mundo.

El poeta y crítico Miguel Casado escribió sobre la poesía de Olvido García Valdés algo que también podemos aplicar a la de Cleofé Campuzano: «Sostenida siempre en una intensidad que se percibe irrestañable, no cesa de transgredir los límites entre normalidad y extrañeza». La normalidad, en el caso de Cleofé, es el mundo exterior, el punto de partida experiencial, la realidad que la interpela. La extrañeza es su prudencia, su filtrado de esa realidad, su mundo sensible o, como decíamos al principio, el tuétano de su universo.

El cuerpo quemará la medida de las casas
Cleofé Campuzano
La Garúa, 2025