Por: Mauricio A. Rodríguez Hernández.

Hay vocaciones que no irrumpen como relámpagos, sino que se revelan en silencio: en una hoja en blanco, en la intimidad de una infancia donde una niña descubre, casi sin saberlo, que las palabras pueden abrir mundo. Así comienza el trayecto de Beatriz Gutiérrez Müller, entre libretas habitadas por versos tempranos y una curiosidad que, con los años, se volvería método, archivo y memoria. Porque en su obra, escribir no es solo un acto creativo: es también una forma de indagar el tiempo, de interrogar la historia y de devolverle voz a quienes han sido relegados al margen del relato.

En esta conversación con Culturamas, se despliega el itinerario de una autora que ha hecho del cruce entre literatura e historia su territorio natural. Desde su temprana fascinación por la escritura hasta su rigor como investigadora, Gutiérrez Müller nos conduce hacia una pasión poco común: la de reconstruir, con paciencia casi arqueológica, las huellas de figuras olvidadas. Su trabajo sobre Rogelio Fernández Güell, así como sobre otros protagonistas de la Revolución mexicana, no es solo un ejercicio académico, sino un gesto ético: rescatar del olvido voces que, en su tiempo, defendieron ideas, libertades y palabras.

Pero esta entrevista es también una reflexión sobre el lenguaje mismo: sobre cómo cada proceso histórico transforma las palabras que lo narran, y cómo comprender el pasado exige descifrar sus claves, sus silencios y sus mutaciones. Entre archivos, intuiciones y hallazgos inesperados, la autora revela un oficio que oscila entre la disciplina del documento y el asombro del descubrimiento.

A la par, su mirada se proyecta hacia el presente. En un mundo atravesado por la sobreinformación, la digitalización y el avance vertiginoso de la inteligencia artificial, Gutiérrez Müller plantea preguntas incómodas y necesarias: ¿qué ocurre con la memoria cuando delegamos el recuerdo a las máquinas?, ¿cómo se transforma la cultura en un entorno globalizado y expuesto?, ¿qué lugar queda para la creación humana frente a tecnologías que simulan pensar? Lejos de posturas alarmistas, su perspectiva sugiere una tensión abierta: la IA como herramienta, como moda, como desafío que aún estamos aprendiendo a nombrar.

Entre la erudición y la intuición, entre la escritura académica y la pulsión literaria, esta entrevista invita a adentrarse en una mente que piensa la historia como un organismo vivo y la cultura como un campo en permanente transformación. Leerla es aceptar una invitación a mirar más hondo: a entender que detrás de cada texto, de cada palabra y de cada silencio, late siempre una disputa por el sentido.

Mauricio A. Rodríguez Hernández: ¿Cómo influyó su entorno familiar y su infancia en la formación de su sensibilidad literaria, y hubo algún momento clave, una lectura, una experiencia, un encuentro, que definiera su vocación hacia la escritura y la historia?

Beatriz Gutiérrez Müller: No nací precisamente en una familia de grandes lectores, aunque siempre había libros en mi casa. En especial, mi papá tenía una modesta biblioteca. Cuando iba en la primaria, tendría unos 7 u 8 años, nos pidieron a todas las alumnas hacer un poema a nuestra madre, por el Día de las Madres. La poesía ganadora estaría en la invitación al festejo que, en México, es una tradición importantísima. Es el 10 de mayo, sí o sí. Sea lunes o sábado, el 10 de mayo es sagrado. Mi tía, que era profesora en esa escuela, me pidió que escribiera algo y, para que nada ni nadie me distrajera, me llevó a una oficina pequeña en el recreo y cerró la puerta. Si hago memoria, ese día descubrí que podía escribir algo distinto, no una carta, no un resumen sino algo creativo. Estaba haciendo, pues, un poema… Recuerdo perfectamente ese pequeño espacio de soledad, enfrentada a la hoja en blanco y con un lápiz. Me preguntarás qué ocurrió después y sí, mi poema apareció en las invitaciones. Enseguida descubrí lo maravilloso que puede ser que algo creado por una pueda ser leído por los demás, y así conocí lo que podemos llamar «público lector». Paralelamente a ello, yo escribía frases o versitos en libretas, estando en clases… Quizá por ello no solo mi tía sino alguna maestra pensó que yo podría escribir algo diferente.

Así que desde la infancia me viene esa costumbre de escribir en libretas. En algunas que conservo de la secundaria y los siguientes niveles educativos, al final, en la última página, suele haber ese tipo de creaciones o bien, una frase de alguien la cual me gustó y la anoté.

Sobre la historia no puedo detectar ahora una conexión tan específica, sin embargo, pienso que todos de una forma u otra, así como la escritura, exploramos en el pasado para comprender el presente. Si me insistieses en algún momento más específico, rondando quizá los 30 años, me aboqué a buscar todos los documentos en archivos que me fue posible sobre mis antepasados por parte de mi madre. Ese fue el tiempo, lo aseguro, en que comencé a aprender sobre cómo buscar, primero, qué archivos hay y qué contienen (para no hurgar en vano), luego, cómo se organizan cada uno de ellos y después, el trabajo de transcripción. Por ejemplo, esta pesquisa me llevó al archivo estatal de Sonora y viajé a Hermosillo con ese propósito y logré averiguar bastantes cosas. Esta investigación se convirtió en un pequeño libro genealógico que regalé, con fotografías e ilustraciones, a mis familiares en una Navidad.

MARH: ¿Qué la llevó a interesarse específicamente en figuras como Solón Argüello Escobar y Rogelio Fernández Güell? ¿Fue una búsqueda personal, intelectual o ética la que motivó rescatar sus voces en medio del olvido histórico?

BGM: Antes del hallazgo de ambos personajes, como estudiosa de textos literarios, no había pasado del siglo XVIII; esto es, mis temas de investigación habían sido relacionados con dos procesos históricos diferentes, y hablo de procesos, porque, dada mi formación, para mí el contexto literario en el que se produce un escrito es casi tan importante como el escrito mismo. Soy partidaria de la hermenéutica y, en general, de las corrientes formalista y postformalista y en esta condición es indispensable saber el marco histórico crítico en el que un poemario, por ejemplo, es escrito. En caso de hacerlo, porque no lo he llevado a cabo, es un ejemplo, si realizara un estudio sobre la poesía de Charles Baudelaire, tendría que ser exhaustiva en la corriente decadentista, por qué se hablaba de ‘decadencia’, qué era lo que iba para menos…, y así.

Entonces, dicho lo anterior, me provoca mucho lo que ocurre desde el universo lingüístico-literario en torno a un suceso histórico. Para mí, este suceso o proceso histórico va precedido o acompañado de un cambio también en conceptos, significados. Nacen nuevas palabras, otras cambian su significación y cuando dicho proceso concluye, esas nuevas palabras aparecen, se quedan o se van, pero dan cuenta de que el lenguaje de antes también se transformó. Y justamente son dos episodios que me han hecho gravitar en torno a la producción textual: la denominada «Conquista de México» y el “Concilio de Trento”, este último, que cohibió o inhibió toda la cauda imaginativa y creativa que había dado el Renacimiento. Trento, en el siglo XVI, significó un antes y un después para la literatura. ¿Cómo di el salto a principios del siglo XX, Revolución mexicana, etcétera?

En una ocasión, conversando con un historiador sobre este fenómeno que causó la primera revolución social del siglo XX en el mundo, algo realmente impresionante, recordó a un ‘poeta nicaragüense’ que durante los días de la ‘Decena Trágica’ salió a las calles a gritar que los mexicanos debían defender la democracia amenazada, que era imprescindible sacar el pecho para no permitir un golpe de Estado e, incluso, llamó a tomar las armas para hacer fracasar, por la vía radical, a los traidores de la República. Me impactó mucho. Me fui a buscar a ese poeta y además, originario de otro país, y cómo es que había llegado a involucrarse en aquellos días de febrero de 1913 de manera tan valerosa, atrevida. Y de este modo, desde hace casi diez años, mi repertorio investigativo se acercó más a la contemporaneidad, y pasé de aquellos textos del siglo XVIII a 1913. Sí aclaro que es lo más cercano en el tiempo en mis pesquisas intelectuales. No he avanzado y no me interesa mucho, en los estudios literarios contemporáneos. Precisamente porque, en mi parecer, entre más antiguo un texto, una obra, es más visible el ajuste lingüístico-literario y el trabajo de desencriptar lo viejo para explicarlo e interpretarlo en el siglo XXI.

Solón Argüello me llevó a Rogelio Fernández Güell. Yo quería juntarlos, porque me aparecían en el mismo grupo de amigos del presidente Madero y un día, absorta, vi que ellos ya estaban juntos desde 1912: Solón fue testigo, en el Registro Civil, del nacimiento del segundo de los hijos de Rogelio. ¿Qué te parece? De este modo he publicado hasta este año, 2025, la recuperación de la obra poética de ambos; la versión facsimilar de una revista que Argüello montó de manera extraordinaria en Tepic, en 1907, y la reedición de Episodios de la Revolución mexicana, de Fernández Güell, que él publicó en su natal Costa Rica, en 1915.

MARH: ¿Cómo nace la inspiración al abordar la vida de personajes históricos? ¿Qué lugar ocupa la intuición frente a la documentación en su proceso de creación?

BGM: Estudiar la vida de los personajes históricos es fascinante. Pero más es estudiar su obra. Madero no fue exactamente un escritor exquisito como algunos de sus amigos, pero dejó un buen archivo con textos, discursos, cartas, algunos libros de carácter espírita.

La pregunta sobre la intuición es buena. Luego de años de estar en archivos consultando, sé que hay días buenos y malos; es decir, tenemos pistas, sospechas, pero no se muestran evidencias. Aquí cuenta mucho la perseverancia, la observación, el registro de aquellas cosas que pueden no ser relevantes pero que consideramos que deben estar anotadas y quizá en el futuro tengan sentido o definitivamente queden como hallazgos. La intuición ayuda mucho, pero también la suerte.

MARH: Durante la investigación sobre Argüello Escobar y Fernández Güell, ¿hubo alguna revelación o descubrimiento que la haya sorprendido profundamente y que transformara su propia visión de la historia o del presente?

BGM: Sí, creo que ambos me sorprendieron con tres cosas: ser héroes en patria ajena, ser espléndidos autores que pasaron al cajón de los olvidos y ser espiritistas. Para mí esto último fue una novedad. Yo conocía, desde el punto de vista académico, una suerte de historia de esoterias o doctrinas para iluminados o hermetismo, sobre todo en el Renacimiento, pero del espiritismo, casi nada. ¿Sabes? A finales del siglo XIX y principios del XX, los verdaderos espíritas veían muy mal a los videntes, cartomancistas o predictores del futuro que incluso cobraban por esto. Consideraban que eran mercachifles y se deslindaron completamente de ellos. Un espiritista, en su concepción, era un científico, un filósofo ante todo, un buscador de la verdad, verdad que se podría comprender o alcanzar sólo por la vía espiritual.

En México, el espiritismo más fuerte fue el heredado por Allan Kardec. Tanto el presidente Madero como Solón y Rogelio y otros revolucionarios más, estaban convencidos de que la libertad era un don del hombre y cualquier cosa, situación o persona que impidiese lo anterior, debía retirarse del camino, había que luchar por la libertad (este es un principio espírita muy destacado). Por tanto, para los espíritas del mundo, el paso a lo político fue un hecho. En México, antes de la Revolución, precisamente, gobernaba un tirano. Entonces, si no se puede ser libre porque hay un todopoderoso que esclaviza, es preciso luchar por derribarlo o hacer caer todo aquello que impida el ejercicio de esa libertad, luchando, desde luego. Por supuesto que la Revolución mexicana es más que esto, pero hay cuando menos una influencia importante ya detectada.

Entonces, considero que las creencias (el espiritismo eso es: una creencia) pueden revelarnos algo más sobre el personaje histórico o su obra.

MARH: En su tesis Memoria artificial en la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, plantea una relectura crítica de los mecanismos de la memoria. ¿Cómo cree que estas formas de memoria ‘artificial’ siguen operando en los discursos históricos oficiales de hoy?

BGM: Los discursos oficiales, entendiendo estos como canónicos, no creo que tengan nada de memoria artificial. Los discursos oficiales se hacen para una coyuntura específica, tratando de posicionar un tema trivial o profundo; depende en qué contexto se emiten.

La memoria artificial y sus mecanismos operan distinto. Como habrás leído en ese libro, hay una memoria natural, esto es, la que todos tenemos, por ejemplo, al ver una fotografía de la infancia, al percibir un olor, etcétera. La memoria artificial es la que se ejercita de manera constante. Es artificial porque no surge de manera natural, repito, como cuando vemos fotografías de nuestra familia; esta, por el contrario, se cultiva con una serie de recursos que los tratados precristianos y en el Medioevo y el Renacimiento fueron expuestos; por ejemplo, hacer cuadros sinópticos, usar símbolos que estarían asociados a palabras o conceptos; criptografía, mapas mentales, etcétera.

Y por otro lado, creo que con todo el asunto del arribo de internet a nuestras vidas, nos hemos vuelto más perezosos para recordar. Vamos perdiendo las ventajas que da la posibilidad de acumular memoria artificial porque dejamos a los aparatos hacer ese trabajo de archivo. ¡Muchos ya no saben ni cuál es su número de celular!

MARH: ¿Cómo influyó su estudio sobre Mijaíl Bajtín y la teoría de la polifonía en su propia práctica escritural? ¿Cómo integra esa multiplicidad de voces en sus obras narrativas e históricas?

BGM: Mi práctica de escritura literaria se ha visto dañada por la escritura académica. Son dos universos lingüísticos muy celosos; no se quieren. Por ahora continuó en “modo escritura académica” a la espera de algún día dejarla y reconectarme con mi pasado “escritura literaria”. La académica es exigente, tiene un formato, todo se debe probar, no se puede escribir lo que una siente o imagina, no; la otra sí, es ilimitada.

Ser teórica literaria ha menguado mi carrera literaria. Bajtín me encanta, pero él y todos los teóricos me han puesto en un predicamento a la hora de escribir cuento y novela. En la poesía no me ha ocurrido eso, se me hace curioso.

MARH: En su novela Larga vida al sol, se percibe una tensión entre lo íntimo y lo social, entre la herida individual y la memoria colectiva. ¿Qué buscaba expresar en esta obra y cómo dialoga con su trabajo histórico y académico?

BGM: Con base en la respuesta a la pregunta anterior, considero que fue un milagro que pudiese escribir Larga vida al Sol porque, repito, son dos hemisferios lingüísticos irreconciliables para mí. Fue una historia que surgió espontáneamente. Recuerdo que la escribía a hurtadillas y a todo vapor mientras mi pequeño hijo dormía. Él tendría tres o cuatro años. La maternidad es para mí, mi gran obra, pero ante esa gran obra yo quería, ahora que lo reflexiono, escribir una obrita de otra índole. Curioso, ¿no? Escribir el libro de madre real y a la vez intentar escribir el libro de madre creativa.

MARH: ¿Cómo percibe el estado actual de la cultura y las artes en México? ¿Qué representa hoy la gestión cultural en el siglo XXI y qué cualidades considera esenciales para quienes ejercen este rol en un contexto globalizado, digital y a veces hostil con lo simbólico?

BGM: La cultura está definida de mil maneras. En 2022 se celebró en México el encuentro “Mondiacult” y el tema era discutir y aprobar (lo cual ocurrió) el derecho a la cultura. Me tocó participar y hablé, precisamente, de la importancia de explicar qué es cultura, porque es preciso saber de qué estamos hablando cuando hablamos de ella. Y brindé esta definición:

Cultura hoy en día, según mi entender y propuesta, es todo aquello que nace en una comunidad o naciones derivado del conocimiento, el temperamento, las tradiciones y las costumbres que tienen, crean o han heredado. Cultura ya no es más, en exclusiva, el arte de tocar el violín o la figura de mármol. Cultura es el arte de crear en un tiempo y un espacio, y como ambos varían de manera inevitable, se tiene por cierto entonces que la cultura no es sin el hombre, sin la mujer quienes también van cambiando.”

Nuestro milenario país está lleno de cultura por doquier. Cultura antigua, muy vieja, menos vieja, contemporánea, etcétera… Desde un ritual indígena por el día del patrono del pueblo hasta la que se ha convertido en “arte del graffiti”, pasando por la danza clásica o el “arte objeto”. México no le pide nada a ningún país; aquí, desde hace milenios, nacen creatividades o se continúan, se adaptan…, en fin, la cultura mexicana está siempre en movimiento.

Sobre la última parte de tu pregunta, el rol en un contexto globalizado, etcétera…, todo es relativo. El internet, las redes sociales y otros avances tienen pros y contras. Pueden ayudar a un artista o a una cultura a darse a conocer pero, a la vez, todo esto se expone al robo de identidad, al plagio, y hasta otros ámbitos, incluidos el de seguridad.

MARH: En un escenario donde la inteligencia artificial y la digitalización avanzan con rapidez, ¿cómo imagina el futuro de espacios como las bibliotecas, las salas de cine y teatro? ¿La IA representa una amenaza o una oportunidad para el arte y la cultura?

BGM: Las bibliotecas no dejarán de existir, tampoco el teatro. El cine, desde que apareció, hace no mucho, sube y baja pero perdura. Vendrán otros «escenarios», como le llamas, pero nunca dejará el ser humano de escribir, de actuar, de cantar, de bailar porque es una necesidad. El arte, lo artístico todos lo tenemos; unos tienen habilidades o hasta lo que se conoce como “virtuosismo” pero es inmanente al ser humano la expresión artística. La inteligencia artificial no sobrepasará jamás a la inteligencia humana, a menos que un ser humano específico piense que sí, y que la IA es más inteligente que él. Hay que esperar un poco más para ver si es más una amenaza o una herramienta, pero, como sea, en mi parecer es una moda, como en su tiempo fue usar el programa Photoshop. Me gustaría, eso sí, que los profesores de México empezaran a revisar sus formas de evaluación a alumnos, porque pueden meterles un “gol”, sobre todo, los estudiantes más jóvenes, ya muy inmersos en la cultura digital y la IA. El examen oral resultaría una excelente opción. Ahí el alumno demuestra si sabe o…, no.

MARH: En tiempos de sobreinformación, post-verdad y polarización, ¿cuál cree que es el papel del escritor e investigador humanista? ¿Es posible aún hablar de compromiso intelectual en el sentido en que lo hacían Sartre o Paz?

BGM: Sobreinformación, postverdad y polarización…, habría que definir qué es cada uno. En mi humilde opinión, depende dónde operan simultáneamente esas tres, si me guío por lo que yo entiendo de cada una. Pero más allá de encaramarse en una descripción de conceptos, considero también que la sobreinformación, la postverdad y la polarización siempre han existido, a veces no se comprende que son necesarias y resultan, o pueden redundar en un beneficio. Por ejemplo, la información excesiva provoca que el cerebro, de un modo mágico, sepa descartar qué es lo que hay que retener y qué no… ¿hace mil años no ocurría lo mismo? Considero que sí, solo que hace un milenio no había tantos aparatos pero sí había muchos vecinos, chismorreos, postverdad, preverdad, prejuicios, juicios a posteriori, etcétera… Y la polarización la pintan algunos como algo cuasi satánico. No lo es. Un sistema electoral, por ejemplo, está hecho para la polarización, sobre todo quede de manifiesto en aquellos países donde hay segunda vuelta electoral. Es este candidato o este otro; no hay tercera opción… La polarización también permite que las personas se definan, porque deliberando, disertando, discutiendo el sí o el no, transitando entre los polos o los excesos o la exacerbación de pasiones polarizadas pueden pasar cinco, diez años, y no hay concreción de algo que se pretende realizar. Pongo por ejemplo el de una pareja que se quiere casar. Es simple, en términos de polarización (o sea: de un polo al otro): ¿quieres casarte o no? No hay medias tintas. Si una pareja se quiere casar, el exceso de vaivenes y justos medios redundaría en una indefinición, el compromiso de formar una familia se eternizaría… Entonces, hay polarización: ¿aceptas casarte o no? No se puede estar allí en el justo medio.

Y sí, por supuesto que creo en el compromiso político, periodístico, literario, intelectual, etcétera… También creo que, como desde hace siglos, hay deshonestidad, falta de ética (pienso en el plagio…) y otras monerías y mañas. Pero es indispensable para mi seguir creyendo que podemos y debemos de estar de un lado de la historia. Ser congruentes. Y, sobre las preguntas que propiciaron esta entrevista, debo destacar que Argüello y Fernández Güell me enseñaron o refrendaron en mí que es imprescindible ser congruente y jugársela con una causa. Que se puede ser muy bueno en el ámbito intelectual, pero, cuando las circunstancias lo demandan, hay que pasar a la acción.