Por: Mauricio A. Rodríguez Hernández.

Hay voces que no solo narran la vida, sino que la acompañan desde su origen más íntimo: allí donde la respiración aún no es propia y el latido depende de otro cuerpo. La historia de Noah Gutiérrez Welbanks se teje en ese umbral invisible entre lo biológico y lo sagrado, donde el cordón umbilical no es solo un vínculo físico, sino una metáfora persistente de conexión, memoria y cuidado.
En esta conversación, la infancia emerge como una semilla fértil: una educación temprana atravesada por la naturalidad con la que se nombra la vida, el cuerpo y sus procesos; una curiosidad que encuentra en una cámara improvisada el inicio de una mirada que nunca dejaría de buscar. Desde ahí, los caminos aparentemente dispersos, la partería, la maternidad, la fotografía y el emprendimiento comienzan a entrelazarse como raíces de un mismo árbol.
La entrevista revela una sensibilidad que entiende la imagen como evidencia y como ritual: fotografiar no solo para recordar, sino para honrar. En su lente, las familias reunidas, la infancia libre y los cuerpos en transformación se convierten en territorios donde lo invisible, la energía, la historia compartida, los afectos, adquiere forma. La intuición, más que la técnica, aparece como brújula; la espontaneidad, como lenguaje.
A lo largo del diálogo, también se abre una reflexión sobre la autenticidad en tiempos de inteligencia artificial, sobre la necesidad urgente de volver a lo humano como refugio, y sobre los espacios cotidianos, como un café, donde la vida sigue ocurriendo en pequeños gestos de cuidado y presencia.
Leer a Noah es asomarse a una filosofía encarnada: una donde nada está separado de nada, donde cada nacimiento, cada fotografía y cada encuentro cotidiano forman parte de una misma trama vital. Esta entrevista es, en esencia, una invitación a mirar de nuevo, con más atención, con más respeto, aquello que siempre ha estado sosteniéndonos.
Mauricio A. Rodríguez Hernández (MARH): ¿De qué manera tu infancia despertó el interés por la educación prenatal, y cómo ese primer llamado al cuidado de la vida influyó más tarde en tu acercamiento a la fotografía como lenguaje expresivo?
Noah Gutiérrez Welbanks (NGW): Aunque a veces parece que nada tiene que ver con nada, todo tiene que ver con todo; es la llave que abre los caminos de la vida.
Mi mamá me hablo de reproducción y sexualidad siempre, de manera muy natural y sencilla con mucho respeto por los procesos naturaleza y amor por la vida. Esto me dio la oportunidad de compartir desde muy chica información con mis amigas.
Esta llave de que nada está aislado de nada; vivíamos en poblado lejos de la ciudad y sus tecnologías, vivíamos rodeados de árboles, polvo y mar. ¡Mi mamá guardaba de cuando vivía en la ciudad de su vida universitaria una caja de recuerdos donde había una fotografía que ella misma había tomado con una caja de cartón! Eso despertó mi curiosidad para la fotografía para siempre.
La vida, sus caminos y curiosidades me llevo también a la formación como partera profesional, este camino es un mundo, pero hablando solo de lo visual, siempre quise tener a la mano una cámara para fotografiar y tener evidencia de ese momento transformador y único.
MARH: Ser madre de tres hijas atraviesa tu cotidianidad y su obra. ¿Cómo se entrelazan la educación prenatal, la experiencia de la maternidad y la fotografía en su manera de mirar y narrar el mundo?
NGW: Ser vida, dar vida y cuidar vida, observar que todos somos lo mismo con maneras tan diferentes de expresarnos es el detonante para contar una historia a través de un lente y recordarla a través del tiempo es magia.
MARH: En tu trabajo fotográfico aparece la idea de una conectividad energética entre las personas. ¿Cómo intentas capturar esa energía invisible en una imagen fija y qué papel juega la intuición en ese proceso?
NGW: Me gusta mucho las fotos de recuerdos, cuando se juntan las familias y conviven, esa foto que, aunque parezca tan sencilla para llegar a ese encuentro han pasado años, quizá desencuentros, muertes, nuevos logros. Pero en ese momento toda la historia de atrás se detiene y nos convertimos en una unidad.
No solo las fotos donde nos convertimos en una unidad me gustan, pero esas son las que derivan las demás, las cuando vas caminando observante, cuando juegas mientras eres, ¡cuando celebras la vida!
MARH: Desde una perspectiva filosófica y simbólica, ¿qué representa para ti el cordón umbilical en la vida humana, más allá de lo biológico, y cómo se traduce ese significado en su sensibilidad visual?
NGW: No había encontrado esa conexión, pero me parece muy interesante y desde ahora será un detonante; (con la premisa de que nada está separado de nada, el cordón umbilical y la placenta resguarda la vida dentro del útero. La placenta es nuestro primer hogar y lo honramos cada año con el pastel de cumpleaños. Finalmente, cada fotografía es una historia…
MARH: La fotografía infantil ha tenido grandes referentes como Anne Geddes. ¿Sientes que tu obra la ha influenciado o prefieres distanciarte de ese imaginario para construir una mirada propia sobre la infancia?
NGW: Aunque me parecen muy bonitas sus fotografías y tiernas, me gusta ver a los niños en su ambiente natural. Hay tanta honestidad en la infancia que simplemente abrir un especio y acompañarlos hacer su actividad favorita es como más me gusta ver la infancia.
MARH: Entre naturaleza, retrato y fotografía humana, ¿qué tipo de imagen sientes más cercana a tu identidad creativa y por qué?
NGW: Me gustan mucho las fotos donde aparecen personas, cuando vuelves a ver la fotografía abres una ventana al recordar, mis favoritas son de personas en la naturaleza, de viajes.
Me gusta que la fotografía sea parte de lo que está sucediendo en la vida y procesos de la persona como una compañía que evidencia.
MARH: ¿Cómo es tu proceso creativo al tomar una fotografía, desde la idea inicial hasta el momento del disparo, y qué condiciones emocionales o espirituales necesitas para que la imagen “aparezca”?
NGW: Recién comienzo a tomar la fotografía un poco más profesional, recién he comenzado a tomar clases de foto, me parece un poco deshonesto contestar esta pregunta. Siempre ha sido de manera muy espontanea.
MARH: En un contexto donde la inteligencia artificial comienza a intervenir en la imagen, ¿consideras que estas herramientas pueden destruir la creatividad humana o reforzar la necesidad de una mirada auténtica y encarnada?
NGW: Aunque obviamente me asombra muchísimo la inteligencia artificial, definitivamente reforzar la humanidad es super importante, los procesos que constituyen los humanos es lo único que considero que nos puede regresar a la paz interna.
MARH: Además de tu trabajo en educación prenatal y fotografía, has emprendido en el establecimiento de un café. ¿Cómo dialogan el acto de cuidar, crear y sostener vida, en la maternidad, el emprendimiento y el arte, dentro de tu día a día?
NGW: El café, cada grano es un mundo, cada grano tiene una historia detrás que incluye todo; personas, plantas, historia, procesos. Cada cliente es una historia, el inicio de un ser, una vida que se cuida, aunque sea con el confort su bebida favorita.
En el café se conversa, el cuidado de la vida está presente en cada acto, en cada foto, en los libros que se leen en las historias que se entrelazan, en permanecer humanos ante este desafiante mundo, el café es un espacio abierto para poder ser.

