JOSÉ LUIS MUÑOZ
Caligrafía cinematográfica precisa la que demuestra poseer la realizadora Júlia de Paz Solvas (Sant Cugat del Vallés, 1995) en su segundo largometraje, tras las series Querer y Las largas sombras y su opera prima Ama, para ofrecernos este drama familiar con muchas aristas y alguna carta escondida. El dilema al que se enfrenta una adolescente, Karnela (prodigiosa Kiara Arancivia), para posicionarse en el divorcio de sus padres cuando llegue el momento del juicio, un debate emocional que se dirime entre una madre convencional (Janet Novas) y un padre de personalidad fascinante y existencia bohemia que es artista plástico (Julián Villagrán).
Sin estridencias, con sensibilidad, huyendo de maniqueísmos, la película de la directora se centra en el día a día de la adolescente, sus estudios, su relación sanadora con la abuela materna (Petra Martínez) y sus compañeros de clase, las riñas cotidianas con esa madre controladora y super protectora y la fascinación por ese padre rebelde que finalmente no resulta tan encantador como parece a primera vista (la tensa secuencia de la conducción temeraria por la carretera mientras padre hace reproches a la hija / la mirada censora de la hija cuando ve a este con su amante en un día que se prometía estar a solas con él), porque no ejerce como padre con ella sino que adopta el rol de colega (atentos al lenguaje que utiliza con su hija, que define muy bien al personaje) y se insinúa un papel completamente tóxico en la relación familiar como maltratador psicológico y chantajista emocional.
La buena hija es una película tan sencilla como efectiva que va perfilando con precisión a todos y cada uno de los personajes y está contada desde el punto de vista de esa hija que observa y analiza la relación con sus progenitores y la va modulando según percibe detalles inquietantes con respecto al padre. Julia de Paz Solvas demuestra ser una gran directora de actores y mete al espectador en la cabeza de esa adolescente dubitativa que finalmente se deja vencer por el cariño que siente por ambos y desliza una mentira piadosa dictada por su corazón en el momento que puede, y debe, decir la verdad sobre ambos, pero es una reacción humana. Karmela es, como dice y no engaña el título de la película, una buena hija que quizá se mereciera unos padres mejores.

