Por Sergio Vargas /
Las Palmas volvió a latir al ritmo del metal más visceral con un concierto de Hamlet que fue menos un recital y más una descarga emocional sin tregua.
La noche del 11 de abril, en el casco histórico de la capital, tuvo ese punto especial de las citas que no necesitan artificios: banda, público y una tensión compartida que fue creciendo tema a tema.
Un arranque sin concesiones
La banda madrileña salió a escena sin rodeos, apostando por un inicio directo con “Limítate”, uno de esos cortes que funcionan como declaración de intenciones: seco, agresivo y reconocible al instante.
Le siguieron temas de su último trabajo, Inmortal, como “Acto de fe” y “Estigmatizado”, que encajaron con naturalidad en el conjunto del repertorio.
Desde ahí, el concierto se fue construyendo sobre una alternancia muy bien medida entre distintas etapas de su carrera, con una segunda parte donde ganaron peso sus discos más emblemáticos.
Clásicos que no fallan
La primera gran explosión llegó con “Irracional”, que desató los primeros cánticos serios de la noche. A partir de ese momento, el repertorio jugó sobre seguro sin resultar previsible.
“J.F.” volvió a demostrar por qué sigue siendo uno de los temas más coreados de su catálogo, mientras que “Antes y después” conectó con ese público que lleva décadas siguiendo a la banda.
Uno de los momentos más celebrados fue “Denuncio a Dios”, recibida como un auténtico himno generacional, con la sala entera cantando cada frase.
Intensidad y control
Lejos de limitarse a encadenar temas rápidos, Hamlet supo manejar los tiempos. Canciones como “Tu medicina” aportaron ese necesario respiro tenso, donde el peso recae más en la atmósfera que en la velocidad.
El vocalista, J. Molly, en plena forma y recorriendo el escenario sin pausa, sostuvo el concierto con una presencia firme, sin excesos pero con autoridad, dejando que la música y la actitud hicieran el resto.
Sonido y cercanía
El sonido, contundente pero definido, permitió disfrutar tanto de la pegada de los temas más duros como de los matices en los medios tiempos. En una sala como Alboroto, donde la cercanía lo es todo, eso marca la diferencia.
El público respondió desde el primer minuto: gritos constantes, coros espontáneos y esa sensación de comunidad que solo se da en conciertos así.
Cierre a la altura
El tramo final volvió a apretar con fuerza, probablemente con temas como “Egoísmo” o “Un mundo en pausa”, dejando una recta final intensa y sin bajones.
Sin grandes discursos ni artificios, Hamlet cerró como empezó: directo, honesto y sin concesiones.
Epílogo
Lo de anoche en la Sala Alboroto no fue un ejercicio de nostalgia, sino la confirmación de que Hamlet sigue siendo una banda plenamente vigente sobre el escenario.
Con un repertorio bien equilibrado entre clásicos y etapas más recientes, y una ejecución sólida, ofrecieron un concierto que dejó claro que su lugar en el metal nacional no es cuestión de pasado, sino de presente.
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