Horacio Otheguy Riveira.

La marginación adquiere rasgos de primera línea con dos personajes que podrían ser aquellos que esperaban a Godot en los 50 del siglo XX, pero no, Manuel y Rafael, Manolito y Rafa, están sumergidos en una miseria que de puro abandono flota en la esperanza de un cambio, de la unidad de los vencidos como baluarte de una guerra interior.

El elemento disuasorio está en los hermosos zapatos que luce uno de ellos, el más desfavorecido por la diosa fortuna, el que no sabe leer ni escribir, el que fue abandonado por su madre de niño, el histrión a todas horas, un tipo que juega y le reprocha a su compañero de habitáculo y de vida «Tú es que no sabes jugar», y allí, en ese plan, David «Fabu» Fernández eleva a máxima categoría a un personaje que oscila, naturalmente, de juerguista a travieso desesperado, y de ahí a un ser angelical que cuando podría matar -en un rapto de envidia cochina- no lo hace…

Del otro lado, el hombre alto, desvencijado, que cree tener buena estampa para ir a una entrevista de trabajo, algo grande para «salir de este agujero»: Jorge Muñoz lo borda, aporta con destellos de humor la finura de ese hombre con «un presentimiento» de éxito. Mientras su aspecto es lamentable, él sonríe y se exhibe con la grandeza de un señor que va hacia adelante, aunque tardaremos en saber de qué va la presentida entrevista.

En el último tramo de la comedia la tragedia se disuelve en unas burbujas de brillante composición escénica, para que los deseos y la rabiosa impotencia queden a un lado y florezca lo único que tienen. Un proceso de emocionante retrato de nuestro tiempo en la capacidad de sobrevivir con el ingenio de la última marginación, la mejor, la definitiva, la demencia al fin arrinconada para que ir a broncas con dios, sirva de puente hacia una reconfortante unión.

 

Contra todo pronóstico esta función no es en ningún momento un regocijo en la desgracia, por el contrario, un lance vitalista de dos seres extraviados.

.- Estamos perdidos.

.- Muy perdidos.

.- Mucho. Más perdidos que Carracuca.

.- ¿Y quién es ese?

.- ¿Qué pasa, tengo cara de saberlo todo?

,. No, Manolito, para nada.

 

Carracuca: personaje emblemático de un ser angustiado que acaba recomponiéndose. Surge en el teatro en el XIX y en la zarzuela La rosa del azafrán, 1930.

 

Izquierda, Jorge Muñoz. Derecha, David Fernández «Fabu».

 

«A que tengo buena presencia, Manuel»: la mirada del otro y de uno mismo en un mar de confusas ilusiones.

 

 

La rabia irracional a punto de salirse de madre en un desbordamiento criminal: humor y profundidad en los mares de la envidia frente a la solidaridad.

 

Autoría y Dirección: Emilio Del Valle

Con: Jorge Muñoz y David Fernández «Fabu»

Composición musical: Momo Cortés

Ayudantía de dirección: Elena Lucas

Dirección técnica: Sara Esquivel

Escenografía: Flor Nin

Iluminación: José Manuel Guerra

Vestuario: Ana Rodrigo

Diseño gráfico: Jorge Muñoz

Fotografía: Antonio Garci

Producción: Inconstantes Teatro-Tarambana Espectáculos

Producción ejecutiva: Nacho Bonacho, Salvador Sanz, Amelia Lloret, Javier Zurita

SALA TARAMBANA HASTA EL 26 DE ABRIL 2026