Horacio Otheguy Riveira.
Otro tiempo, otras cadencias, otra belleza. En 1841 fue un ballet de gran prestigio, poco representado por la enorme dificultad para los bailarines. En estos días se representa en Bulgaria, Austria y Alemania -con todas las entradas agotadas en pocas funciones-.
Con música de Adolph Adam, prolífico compositor de ballets, aunque solo Giselle es el recordado, si bien muchos creen que es de Tchaikovsky, cuyas obras se representan más a menudo. Entre tres libretistas y dos coreógrafos, la leyenda se fortalece con una historia clásica del movimiento cultural del Romanticismo confiriendo prioridad a los sentimientos frente a la razón: una pasión imposible entre una dulce campesina y un príncipe que se hace pasar por un igual, cuando, además, ya está comprometido con otra de su linaje.
El ardiente entusiasmo y posterior caída del amor tiene hacia el final del segundo acto un fascinante paso a dos que obsesiona a esta Giselle de hoy creada en la dramaturgia, dirección e interpretación de Carmen Adrados, en la piel de una bailarina que solo pudo interpretar dos minutos del largo ballet, de manera que ya en esta compañía de La Ferviente, reinventa el original y ya que no podrá erigirse en estrella ovacionada en los grandes teatros, crea esta otra de ritmo encendido, electrónico con aire flamenco en el que se brinda un baile salvaje que se quiere eterno, y la danzarina protagonista también habla, excelente actriz como todos sus compañeros bailarinas-actrices, actores-bailarines.
Los personajes cobran vida en un constante movimiento escénico de vigoroso encanto, con un dinamismo propio de esta Ferviente Compañía, cuyo fervor se ha moldeado a través de muchas horas de trabajo actoral en plenitud de funciones, pues para bailar rave y hablar en segundos se necesita una respiración muy ajustada, muy profesional.
La belleza surge a contracorriente del éxtasis del ballet clásico, con este otro arrobo que brinda unas emociones inéditas cuya cumbre -en la media hora final- no tiene parangón, entre la flamante Giselle de Carmen Adrados y aquellos espectadores que colaboren libremente y sin ninguna presión. El resultado varía sábado a sábado, pero el del 18 de abril al que asistí fue no solo conmovedor en sí mismo, sino muy enriquecedor ideológicamente ante lo que nos depara el deseo, ese que puede aniquilarnos al conseguirlo o deprimirnos por no lograrlo.
El lema que se respira, baila y dice con y sin palabras, consiste en la imprescindible reconversión para alcanzar lo imposible dentro de nuestras posibilidades… abiertos, además, a un poliamor que se desliza por la voz y la piel de personajes que sobrevuelan el túnel del tiempo, como si todo sucediera hoy.
REPARTO: Carmen Adrados, Tony Galán, Reyes García, Leyre Morlán, Adrián Pulido
Una producción de La Ferviente Compañía
Dramaturgia y Dirección: Carmen Adrados
Ayudantía de dirección: Sergio Boyarizo
Escenografía y Vestuario: Reyes García
Iluminación: Sebastián Domínguez
Espacio sonoro: Juan Sánchez Pulido
Coreografía y Movimiento escénico: Juando Martínez Montiel
Fotografías: Carla Maró
Comunicación: Amanda H C





