Horacio Otheguy Riveira.
Al llegar, dos policías de Brooklyn nos dan la bienvenida. Ya en las butacas, no se oye el cuchicheo habitual. Apenas se habla, de pronto se instala un susurro general con su inédita carga emocional. Y es que en el escenario la función ya ha comenzado. Poco se vislumbra de lo que será la escenografía minimalista que habitarán los intérpretes, pero hay amplias, generosas imágenes de Nueva York, blanco y negro, años 50 en que transcurrirá la acción.
Muelles, ciudades, numerosos inmigrantes que vienen de la hambruna de la segunda posguerra mundial. Algunas imágenes se repiten adrede, pues ese paisaje de gente de toda edad bajando con dificultad de grandes barcos, ha de grabarse en nuestra mirada. Una emoción que circulará durante las dos horas, tanto si se recuerda el final como si no, tanto si nunca se ha visto ni leído o se han visto las últimas versiones en Madrid; de Miguel Narros, Teatro Albéniz, 2000, y la de Georges Lavaudant, Teatros del Canal, 2017.
A LA CAZA DEL INMIGRANTE
Algunas escenas, al tiempo que se representan en escena, se proyectan en primeros planos. El impacto es suficiente para hacernos entrar aún más en la obra. Por ejemplo, las caras o perfiles de María Adánez, José Luis García-Pérez y la joven sobrina, Ana Garcés, adquieren una profundidad de campo que traslada del teatro al cine, acentuando la dimensión del drama que vendrá.
La pasión enfermiza del estibador Eddie Carbone por la chica, empieza por hilvanar, entre bromas, el deseo por ese cuerpo, aún ingenuo, que mueve sus caderas cuando calza tacones. Pero estallará, ciego, perverso, incontenible, cuando ella se sienta atraída por Rodolfo (Pablo Béjar), que acaba de llegar de Italia junto a Marco, el noble fortachón de su hermano mayor (Rodrigo Poisón). El galán a pesar suyo es un muchacho educado, tímido, que canta Summertime, y Singing in the Rain, trabaja en los astilleros, hazmerreír de los hombres recios por su propensión al humor, la alegría y el canto a cualquier hora. Un tipo de cuidado para el bravo Eddie.
¡El canalla mediohombre se la va a llevar y no puedo hacer nada!
Pero su oscura pasión no es más que una parte de un drama social que atisba raíces de una perversión ilimitada en el desprecio por su leal esposa, tú qué sabes de trabajo, que no has trabajado en la vida; y al mismo tiempo obsesionarse con reprimir a la inocente sobrina (Desde que sales con ese ya no me hablas, no me miras), aunque de todo él calla, sudores, golpes y gritos para ocultar la verdad, pues Eddie nunca se atreverá a confesar ese deseo que le impide intimar con su esposa, desde hace tres meses.
El abogado Alfieri (Francesc Galcerán) es un sobrio narrador que bosqueja el devenir de los muelles y las pasiones de sus clientes, confesor del fervor del estibador; a su lado, todos los personajes están sabiamente perfilados, y en ellos -con la modélica adaptación de Eduardo Galán– cada intérprete encaja física y emocionalmente bajo la creciente cólera irracional del hombre que se siente abandonado (¡No me respetáis! ¡No me respetáis!), y en esa soledad rabia sin dominio de sus motivos verdaderos hasta desencadenar la tragedia final.
Todo el reparto resulta admirable en un contexto de extraordinario clímax, profesionales rigurosos navegan por las redes magistrales de Arthur Miller (Todos eran mis hijos, 1947; La muerte de un viajante, 1949; Las brujas de Salem, 1953; Panorama desde el puente, 1955…), en todas ellas habla sobre la cruel manipulación/explotación de la gente de a pie. En las cuatro obras maestras, el vigoroso encanto de la juventud se ve alterado por el cinismo con que el poder de turno va a la caza del otro: inmigrante o nativo que también conviene convertir en chivo expiatorio.
PABLO BÉJAR EN EL PUENTE DE BROOKLYN
Víctima existencial del macho de los muelles que lo ve como un tipo blando, que canta y cose, y me la va a robar para hacerse americano. Es en esta desdicha donde se produce el drama lacerante del ingenuo que viene de una sociedad empobrecida, y se deja fascinar por las calles de Brooklyn. Una tarde le regala prismáticos de teatro a su bella enamorada, y le muestra el idílico paisaje de gente rica donde él aspira a vivir en el futuro…
Rodolfo sufrirá golpes y humillaciones que podrían abatirle, pero resiste. La creación de Pablo Béjar le aporta buena dosis de su arraigado talento como actor-cantante en el teatro clásico y contemporáneo. Lo considero clave en esta versión -mucho más que en otras- por ahondar no solo en el siempre actual drama del extranjero responsable de todos los males, sino también por encarnar con lujo de detalles al diferente en un ámbito machista, repulsivo.
Pablo Béjar compone brillantemente al personaje que vive una transformación radical paulatina, desde la briosa ingenuidad del comienzo, a la sensualidad con que se dedica a la chica enamorada, al pánico bajo los golpes del dueño de casa, y, por último, se crece en la valiente presencia donde, al final, más se le necesita.
Panorama desde el puente, con dirección del estadounidense nacido en Puerto Rico, Javier Molina, ofrece muchos alicientes, entre los cuales destaca la relación con los espectadores, desde el comienzo con el abogado Alfieri dando la mano a algunos trabajadores del puerto y al público de la primera fila. Y más aún cuando un personaje al que hemos visto en criminal situación, grita su inocencia mirando a la gente del patio de butacas…
De: Arthur Miller
Versión: Eduardo Galán
Dirección: Javier Molina
Intérpretes: José Luis García-Pérez, María Adánez, Ana Garcés, Pablo Béjar, Francesc Galcerán, Rodrigo Poisón, Manuel de Andrés y Pedro Orenes.
Diseño de escenografía: Elisa Sanz
Diseño de vestuario: Emilio Sosa
Diseño de vestuario adjunto y confección: Navascués
Diseño de Iluminación: Nicolás Fischtel
Música y Espacio Sonoro: Manu Solís
Una producción de Secuencia 3 con Teatro Calderón de Valladolid, Tal y Cual Producciones, El Terrat (The Mediapro Studio), Esarte, Teatros Luchana, García Pérez Producciones, Lilicar Films, Hawork Studio, Magasaz y Carlos Arana (Broadway).
NOTA: Los días 7, 8, 9 y 10 de mayo José Luis García-Pérez (Eddie Carbone) será sustituido por Rodrigo Poisón y el personaje de Marco lo interpretará Alejandro Arestegui.
Las funciones de los días 3, 5 y 6 de mayo contarán con subtítulos en inglés.
TEATRO FERNÁN GÓMEZ. DESDE EL 16 DE ABRIL AL 17 DE MAYO 2026








