Por Alberto García-Teresa.

Cuando un poeta nos insta a «pronuncia lo esencial», sabemos que nos está revelando una posición ante el mundo y ante la escritura. Hebras de sílabas, de José Luis Puerto (1953), subraya ese planteamiento a base de un buen trabajo de precisión y concisión en los poemas que componen este volumen, mayoritariamente breves. Formalmente, coincide con la proclamación de la austeridad que encierran sus páginas: «Porque hemos de evitar la desmesura / para que todo exista», sentencia. Se trata de una búsqueda de la esencialidad y de la sencillez, pero que encapsula una voluntad de trascendencia («ala para un vuelo / interior»). Su mirada se detiene en lo pequeño y extrae una lectura metafísica de ello. En ese sentido, Puerto construye un poemario sobre la plenitud y el gozo, con gratitud y entrega a los otros y a esa misma trascendencia. Por eso, con un vitalismo radical, más allá de un mero carpe diem, escribe: «Trata de arder / En todo lo que vive / Y por todo da gracias». El amor constituye el centro de su filosofía: un amor a los demás, a los otros. Es lo que permite articular esa generosa actitud hacia la vida, que se descubre receptiva, acogedora e insistentemente afirmativa; esto es, una «afirmación hermosa de la vida», en donde nos exhorta a «entregarnos al mundo / sin pedir nunca nada».

En el fondo, plantea una resistencia en la verdad —metaforizada en la luz— dentro de unos procesos morales y cívicos. Proclama su compromiso con la fraternidad con insistencia, como parte del sentido de la vida: «Proclamemos la vida de la luz / en la que todos, sí, nos sostenemos», porque «solo en la luz, / Ay, nos dignificamos».

A su vez, los poemas no tienen punto final para no cerrar su reflexión o su emoción. Ese punto de incertidumbre, de no clausura, se sintetiza en dos ilustrativas expresiones del libro: «En la intemperie que nos da cobijo» y «Existir en la herida / Y soportarla». Ambas nos depositan en los terrenos filosóficos en los que maneja Puerto esa celebración, que no es ingenua y que acepta la duda y el dolor. Expresa una apertura metafísica que apunta a una noción de desamparo existencial y a las posibilidades de refugio. Así, la incertidumbre aparece como estímulo en tanto ámbito inconformista. A su vez, sin resignación, asume la vulnerabilidad y la reconoce como parte indisoluble de la vida. En esa línea, aunque Puerto apela a la sabiduría, nos remarca que se ubica «en la ignorancia siempre». El autor se refiere a la humildad de seguir buscando y preguntándose, de no cerrar las cosas («negar lo establecido»).

Con todo, el poemario, de correcta factura, acaba siendo reiterativo y demasiado categórico e imperativo. Insiste en varias ideas de manera excesivamente repetitiva, incluso con reiteraciones literales de palabras («ignorancia», «entregarse», «luz», «fraternidad», «resurrección»).

En cualquier caso, Puerto expone cómo nuestra manera de estar en el mundo se sitúa muy lejos de su ideal o de su propuesta. De ahí la vigencia de su firme, pero sosegada, exhortación.


José Luis Puerto
Hebras de sílabas
188 páginas
Reino de Cordelia, 2025