Un príncipe vacceo en una tierra sin alma. Esto es lo que siempre me ha venido al pensamiento cada vez que he recordado o interactuado con el poeta que a continuación pretendo reseñar. Porque para el reseñante que les habla, el lugar donde José M. Antolín ideó y redactó estos poemas, es un lugar desalmado, desespiritualizado, y por eso, el poeta recurre a esas remotas Paleovoces que le permitan recuperar la humanidad de los hombres.

Por José Miguel Gándara C.

“Las Paleovoces” es un libro de poemas, pero también un libro visionario, compuesto de distintas visiones,subjetividades, excentricidades léxicas y demás recursos literarios.

El mundo antolineano ha sido siempre, al menos en mi opinión, muy peculiar, porque al tratarse no sólo de un poeta, sino también y al tiempo, de un artista plástico, tiene y es capaz de obtener diferentes perspectivas desde un único punto, desde un solitario punto de apoyo. Su poesía, como muy bien nos dice Graça Capinha, está por doquier pergeñada de palabras corporeizadas, de múltiples reinos polifónicos, de voces corales, de ramificaciones gravitacionales, de metafísicas, en consecuencia, difíciles de desentrañar a primera vista.

Asimismo, y para empezar a adentrarnos propiamente en la densidad del libro Las Paleovoces, aclarar que éste es un poemario que forma parte integrante de otra obra de mayor envergadura titulada “El alimento no humano”.El propio autor, en los prolegómenos, nos anuncia que Las Paleovoces es un experimento, un intento de rescatar una prehistoria anterior al principio mismo hasta que el último y más novedoso de los dolores fuera transustanciado, expresado y vencido como si de un milagro eucarístico se tratara.

Para ello, para obrar esta transustanciación con ínfulas de sacralidad, utiliza elementos novedosos, un lenguaje y unas formas neoplasticistas, abstractivistas, alientos semánticos inesperados para el lector, entonaciones y referencias chamánicas frecuentes.Y hasta aquí cabría preguntarse, ¿ es la “paleovoz” el genius o daimon que acompaña o interfiere con el poeta?.

No es casualidad que el libro primero de este poemario venga precedido de unos crípticos versos del gran poeta ruso Osip Mandelshtam y que hacen referencia a la voz más íntima, de profundis del poeta:

 

“Aquello que yo ahora digo, no lo digo yo,

Ha sido excavado de la tierra, como granos de trigo petrificado”.

 

 

PRIMERA VISIÓN

 

Gran misterio que el mundo nos haga más sabios

Despidiéndose que llegando a nuestras casas.

Las sombras se infligen dolor

Una a otra sobre el suelo como enemigas ebrias

Que conservasen La exacta humedad de su origen-

Raíles de visibilidad

Caen desde su origen a las tarimas de este gran teatro.

Es el universo, la naturaleza entera la que habla al poeta. Las diferentes rotaciones del universo, los cuerpos de origen orgánico como los de naturaleza inorgánica, los susurros, los diferentes inciensos y sacramentos que transitan por el espacio en perfecto orden. La intemperie es la que ausculta el pecho del bardo actuante, es la que determina si podemos o no seguir viviendo.

Al leer el libro que nos ocupa, he tenido por momentos la sensación de que algunos de los poemas son oraciones en forma de salmodia, con su antífona, su desarrollo o cuerpo y su súplica final.

 

“Dicho en tono de oración,

Hebra insegura tejida en el aliento) :

Me senté en la cara Norte armado de razones,

Mientras el sinclinal tumbado hacia en Este cosechaba lo naciente

Imitando la alcoba superior del corazón”.

 

Entre los versos que se pueden leer más adelante sobrevuelan un ente oculto, una fiebre maliciosa, la leche nutricia tan presente en infinidad de mitos fundantes. Pero, lo más sentencioso, importante para el autor es la creencia en que nadie sale completamente indemne del conflicto y, por ende, de la vida misma, porque la vida, dada la circularidad del tiempo, es un eterno conflicto que sólo será resuelto mediante el logos poético, la verdad poética.

¿Es el ser humano un gran transeúnte y su hipotético creador un dios con forma de larva?

Es muy posible que la poesía de José M. Antolín, en general, y Las Paleovoces, en particular, constituyan una voz fulgural, ese concepto que tanto nos gusta manosear a los poetas. Antolín decide, por momentos, pasar una noche nupcial, un pulso letal con las fuerzas oscuras del universo y contra sí mismo.

 

“Vivo para que el bosque permita la soldadesca de mi   extravío;

Vivo e incluyo la dignidad del anfibio

Decorando con voz fulgural al aire negro sobre el neblinoso lago artificial”.

 

Súplicas, lamentos, desideratum, todos los afectos e intermediaciones de las que somos capaces los hombres van desfilando a lo largo de este libro.

¿Es Estados Unidos un país bajo la protección de un dios o de un demonio tutelar?. Yo interpretó que, en algunos momentos, el autor se hace esa pregunta, enmascarada, oculta, rodeada de un lenguaje abigarrado, es posible, pero se la hace.

 

“¿Hacia dónde orientarán sus ojos todos estos cuerpos muertos evaporados en Manhattan?”.

O cuando en el poema que dedica al gran poeta cubano José Kozer referencia lo siguiente:

 

Ancho mundo roto

Por la carretera nocturna hacia Houston, –

Restos mortales del Armadillo

Devorado

En completa soledad por el búho inexperto;noche de sello inolvidable”.

Acaso deberían ser los escombros del American Dream fuente e inspiración de nosotros, los poetas. Esa es una pregunta y una descomposición que terminó por afectarnos a todos, por dolernos a todos, por envejecernos prematuramente en un sin fin de bucles temporales maniatados, de gritos ahogados, de sentencias a muerte interrumpidas.

¿Debe ser la poesía un simple formato artístico más o una voz profética?.

“Como un lagarto sobre escombros del Detroit del nuevo milenio, financieramente

desintegrado

Desde muy lejos-

En Iglesia de un solo miembro”.

 

Y seguimos avanzando, hasta encontrarnos con un inaudito intento de, – yo diría sin miedo a equivocarme-, reimaginación, recreación del Génesis y de lo primordial. Volvemos una vez más a esas “paleovoces”que bucean presas de una irremediable ansiedad por entre la prehistoria de esa materia oscura que es el lenguaje poético. Lo paleontológico, lo prehistórico, lo nutricio, lo seminal, pasan a formar parte fundamental del poema.

 

 

“Al Principio fue el Vacío-

Y luego acaeció el Comienzo dilatando su claustro,

Más tarde allí descendió la primera Oscuridad,

Que era un embrión formado por un nódulo de Sombra velada tras otra Sombra nombrable.

 

Aquel Embrión muy pronto murió.

Se desintegró antes de que los primeros vientos fueran sentidos sobre las cuerdas y los rayos de luz. Eras más tarde.

Un embrión tras otro se sucedieron muriendo, –

Millones de embriones prematuramente murieron

Distanciando aquellas jornadas de fecundación para siempre de nosotros.

La Muerte nunca antes anunciada

Parecía vencer sobre aquellos caminos hacia nuestro mundo, aunque el protocosmos

Aún no la reconocía ni su acción había sido anotada. – Amotinados contra Ella,

Durante su inmenso Mes frutal, todos aquellos cuerpos abandonados de embriones inertes…..

Las Paleovoces se configura como un exhaustivo viaje a través de un aparente caos, pero su orden profundo es una realidad que todo lector debe apreciar. No se puede, por tanto, hacer una lectura literal o simplona de este libro, sino que, a mi entender, merece una lectura atenta, profunda, casi rayando en lo teologal.

A lo largo y ancho de este poemario se vislumbra toda una fenomenología de la trascendencia y cada poeta tiene sus propias liturgias, sus «formas sagradas» , dispuestas de tal manera que revelen los misterios de la inseminación primordial del universo. El poeta es un taumaturgo de la salvación, cura, sana, resucita, procura vida y no cualquier vida. 

Lean este poemario con los ojos de un pequeño dios y busquen en él las múltiples salvaciones que les ofrece.