JOSÉ LUIS MUÑOZ

Nada nuevo reluce bajo el sol cuando los arquetipos del melodrama clásico siguen funcionando como un reloj suizo y así lo sabe el director y guionista noruego Kristoffer Borgli (Oslo, 1985) en El drama, película muy hablada que se va cociendo a fuego lento y muestra una velada influencia del dogma de Lars von Trier, una comedia de bodas, un subgénero que siempre da buen resultado y la lista sería interminable: las dos versiones de El padre de la novia, El graduado, Cuatro bodas y un funeral, Mamma mía, La boda de mi mejor amigo, Novia a la fuga

Charlie Thompson (Robert Pattinson) aborda en una cafetería de Boston a Emma Harword (Zendaya) interesándose por el libro que ella lee y le miente diciendo que él también ha leído y está entre sus favoritos. La relación, tras esa pequeña argucia para ligar, avanza a velocidad de la luz hasta planificar con todo detalle la boda y obsesionarse ambos con sus preparativos: las fotos, el banquete, la ceremonia y los parlamentos, los vestidos de los novios, la música, el DJ, todo calculado al mínimo detalle. Pero en una tarde alcohólica de la pareja con sus amigos Rachel (Alana Haim) y Mike (Mamoudou Athie). en la que todos confiesan pequeñas travesuras, Emma confiesa que estuvo a punto de perpetrar una masacre en su escuela con el rifle de su padre y eso enturbia la relación con Charlie y pone en peligro la boda.

La película funciona, y crece, gracias al feeling existente entre sus dos jóvenes intérpretes y los ingeniosos diálogos obra del propio Kristoffer Borgli cuyo éxito más sobresaliente fue Dream Scenario con Nicolas Cage. Lo que empieza siendo una comedia romántica deriva, a raíz de esa confesión entre copas, en drama y la boda, preparada tan minuciosamente, se desbarata en una de las más descacharrantes secuencias del film, derivado de un equívoco —Charlie, estresado por su situación, aborda sexualmente a su compañera de trabajo (Hailey Gates) y esta lo confiesa por un malentendido en la boda—. El director, siguiendo las pautas del subgénero bodas, fuerza un final romántico al más puro estilo del Hollywood clásico.

Poco más de noventa minutos chispeantes de humor inteligente que nos remite a las mejores comedias de Woody Allen pero sin el humor caustico del neoyorquino. El drama es una película ideal para pasar un buen rato, aunque sea a costa de frivolizar sobre uno de los más terribles problemas de la sociedad norteamericana: la utilización por parte de los menores de las armas de fuego, algo sobre lo que Kristoffer Borgli pasa de puntillas.