JOSÉ LUIS MUÑOZ
Casi coincide en la cartelera este thriller, inspirado en un caso mediático bastante reciente, y el documental disfrazado de ficción Ciudad sin sueño: ambos tienen en su epicentro el pueblo gitano. La tercera película del navarro Daniel Ilundáin (Pamplona, 1975), tras B, la película y Uno para todos, contada desde el punto de vista de una de sus protagonistas, Nela (Asia Ortega, todo un descubrimiento por su frescura interpretativa), una joven gitana recién salida de la cárcel y en proceso de reinserción, gira en torno al poblado de Son Canal en la isla de Mallorca, gobernado por la mano férrea de la Chusa (Lolita Flores espléndida, como siempre), una matriarca implacable que maneja el negocio del narcotráfico con cierta impunidad hasta que en el año 2007 la especulación inmobiliaria pone sus ojos en su territorio y su imperio se viene abajo.
La historia real que inspira el film de Daniel Ilundáin, hablado en mallorquín y castellano, sucedió realmente en la década del 2000 en el poblado chabolista de Son Banya y la Chusa se inspira en la Paca, Francisca Cortés Picazo, a la que la ficción rodada sobre su persona y hazañas no le ha convencido.
Daniel Ilundáin maneja con eficacia los diferentes planos narrativos de su película y los ensambla con naturalidad. Por una parte, está el étnico, centrado en las costumbres ancestrales de ese pueblo reacio a integrarse en la sociedad y asociado con frecuencia a la marginalidad y la delincuencia, como es este caso concreto: hay festejos, bailes, mucha música, pero también tensiones por los que quieren abandonar ese enclave en donde no se sienten cómodos. Luego está el thriller puro y duro en el que queda a la luz el modus operandi violento del clan de la Chusa que marca territorio mediante una violencia extrema que ejerce sobre los grupos rivales: palizas y sesiones de tortura cuando desaparece el dinero que tienen escondido en la caballeriza y quieren recuperarlo (y ahí está uno de los giros sorprendentes del guion). Y el tercer plano es el de la corrupción, la policial encarnada por un despreciable agente que vive de mordidas, Moncho (Jordi Sánchez), y la empresarial encarnada por Sureda (Josep Julien), que quiere acabar con el clan exclusivamente por levantar un proyecto inmobiliario en la zona. La gran corrupción se merienda a esa otra corrupción de estar por casa.
Daniel Ilundáin resuelve bien el conflicto de Nela, la joven gitana que se mueve entre la fidelidad a los suyos, su relación familiar con la Chusa, que es su tía y a la que acusa de la muerte de sus padres enganchados a las drogas, y su salvación personal. El director navarro dota de verismo cada una de las secuencias de Mallorca Confidencial rodadas con buen ritmo, incluidas las secuencias de acción. La ambientación resulta perfecta con una reconstrucción fidedigna del poblado gitano y el film se beneficia de unas interpretaciones, desde los protagonistas al último de los figurantes, impecables (la hija de Lolita, Elena Furiase, se reserva el papel de gitana integrada que ayuda a su amiga Nela a salir del pozo), que hacen de este thriller inspirado en hechos reales un film absolutamente recomendable.
El microcosmos endogámico y mafioso que retrata con precisión Daniel Ilundáin no queda muy lejos del que ofreciera hace años la directora norteamericana Debra Granik en su extraordinaria Winter’s Bone (la familia no siempre es protección) a pesar de la distancia entre la soleada Mallorca y el gélido Missouri. El cine español se desenvuelve endemoniadamente bien en el género negro y Mallorca Confidencial es su último ejemplo.

