Por Mariano Velasco /
Arranca la nueva temporada de las Noches del Botánico luciendo un excelente cartel, como ya es costumbre en el coqueto reciento de la Complutense, y abre este 2026, como también suele ser habitual año tras año, con uno de los platos fuertes del programa, una entregadísima Rigoberta Bandini que comenzó su show con sudadera negra entre carcajadas y tristezas y lo acabó batiendo mayonesa y con el pecho fuera, al más puro estilo Delacroix, ya se sabe, así de original y reivindicativa es esta polifacética mujer.
Se plantó Rigoberta sobre el escenario pasadas las diez de la noche en el segundo de sus tres conciertos de las Noches del Botánico ya arrasando desde el principio con su Jajaja y su Club Xavalas Tristes, en la que cuenta que fue Diosito quien la enseño a rimar. Y vaya si se le nota, porque la letra es más que estupenda:
Tengo una app que calcula mis ciclos menstruales
mis risas, mis llantos, mis “ya no me sale”
mis “soy una inútil”, mis “soy una crack”
Se distingue la limpia y preciosa voz de Paula Ribó, más conocida como Rigoberta Bandini, por ser capaz de entonar con suavidad y dulzura los más atrevidos y arriesgados versos, otorgando a su particular pop electrónico un ritmo ahora más pausado, ahora más acelerado, según su conveniencia, pero siempre con una claridad absoluta en su dicción.
Lo siguió evidenciando más que de sobra compartiéndonos toda una declaración de intenciones con Simpática pero problemática, excelente triple arranque para un concierto en el que la Rigo demostró más de lo primero que de lo segundo, porque si algo tiene esta artista que la hace ser tan especial es el muy particular sentido del humor que destilan sus letras y sus ademanes sobre el escenario. Y en cuanto a lo segundo, lo de los problemas, por destacar algo diríamos que tuvo su protagonismo la ajustada camiseta que lució en la segunda parte del concierto, con la que se permitió bromear diciendo que no sabía por qué no paraba de colocárselas para que no se le salieran si al final las iba a enseñar (ya se sabe lo que pasa en Ay mamá). «Pero yo escojo cuando las enseño», matizó más chula que un ocho.
Aun así, la canción refleja a la perfección ese universo contradictorio en el que tan bien se maneja Rigoberta en su último trabajo, Jesucrista Superstar, y también en anteriores, esa búsqueda del “modo romántico de ser sencillamente infeliz”, que al final, uno no sabe cómo, casi siempre acaba derivando en alegría y fiesta en sus canciones (“no puedes, no puedes, tienes que poder”).
Después del aclamadísimo In Spain we call it soledad, la simpática y melódica Fiesta fue precisamente su siguiente tema (“nadie habrá que pueda renunciar después a un Magnum almendrado”) del que explicó que lo compuso en el confinamiento «pensando que no sabía si algún día podríamos volver a juntarnos». No contó que otra de las cosas que le sucedieron a Rigoberta durante la pandemia fue lo de ser madre, experiencia que recoge esa preciosidad de tema que es Canciones de amor a ti. Y al parecer, por lo que había sugerido la noche anterior durante su primer concierto, volverá a serlo en breve.
Con una teatral Siete días, tirando de la camarita incorporada al micrófono para mostrarnos el primer plano de su expresivo rostro, finalizó Rigoberta literalmente por los suelos cantando aquello de «no te debería haber mezclado con alcohol», para inmediatamente después, como si quisiera tomarse un descansito después de la cogorza, arremeter con la original letra e inquietante electromelodía de La pulga en el sofá: “Siempre quise cambiar el mundo sin moverme del sofá».
Lo siguiente fue su particular homenaje a pam pam pam Pamela Anderson, tan despam pam pam panantes ellas, Pamela y Rigoberta, tema que sirvió en su día de presentación para el brillante, variado y original Jesucrista Superstar que repasó en estas Noches del Botánico sin olvidarse de grandes éxitos anteriores.
Estuvo Rigoberta muy bien acompañada por excelentes músicos y por sus cuatro bailarinas, dándole además como le dieron un sobresaliente apoyo vocal sobre todo en la preciosa Aprenderás, que presentó explicando que la cosa va de “ayudarnos las unas a las otras cuando estamos mal».
Aprenderás a convivir
Con las partes menos bellas que hay en ti
De los momentos más emotivos fue cuando la también presentadora de la última edición de los Goya recordó el proceso de creación de Yo solo quiero amor, canción premiada precisamente con un “cabezón” en la edición de 2024. «Es bonito cantarla porque parece que no hay que dar nada por hecho». Una de las reivindicaciones más aplaudidas de la noche.
Hubo su momento para que la Rigo cantara en catalán Canço de primavera, justo antes de que se desatara el cachondeíto con la bailada y aplaudida versión de la Mayonesa. Si, si, esa, la de «todo lo que había tomado se me subió pronto a la cabeza». A continuación un pequeño, emotivo y conmovedor paréntesis para la sobresaliente versión de El Amor, el inmortal temazo de Massiel, antes de volver al momento desparrame con el Amore, amore, amore, baño de multitudes y ronda de chupitos incluidos.
Después del jolgorio vendría el ya aludido cambio de vestuario, el de la camisita traicionera, para acometer la recta final del concierto con Perra, otra de las aclamadísimas, y estrenando una nueva canción que añadir a su ya sobresaliente repertorio.
¿Me decís que estoy guapa y que lo hago bien?” Estaba claro que lo que venía después de la preguntita era Kaiman, y luego otro momentazo con Too many drugs, que sigue siendo uno de los mejores temas de Rigoberta, sin duda. Con permiso, claro, del inevitable Ay mamá,con el que una vez más acabó, ya lo había advertido ella, al más puro estilo Delacroix.
Se guardó Rigoberta para finalizar, ya en los bises, ese homenaje a Franco Battiato de su último trabajo que es Busco un centro de gravedad permanente, lugar del que dice ella que seguirá buscándolo toda la vida y que no sabemos si acabará encontrando. Aunque acabar, lo que se dice acabar… como acabaron todos, solista, músicos y bailarinas, fue dándole otra vez, bate que bate, al bailecito de la mayonesa, sin saber ya todos ellos ni como se llaman, ni donde viven… ¡ni les interesa!
Fotografías: Carmen Hinojosa






