Laura Daza

La trama cinematográfica de Lynch es algo así como una sucesión de imágenes que se encadenan de manera armónica, pero la historia, en muchas ocasiones, viene dada por la propia música. Twin Peaks no sería percibida de la misma forma por el espectador sin la música de Julee Cruise. Ella pone voz a la nostalgia y crea una atmósfera propia. En Lynch, la música no funciona como un añadido narrativo a la escena, sino que forma parte del núcleo de la misma y tiene como intención crear una emoción en el espectador.

La canción se vuelve etérea y desfragmenta el significado que tradicionalmente tiene la melodía en la propia narrativa cinematográfica. Basta con observar el fluir del agua, el retrato de Laura Palmer o el primer plano de una mujer suspendida ante el micrófono: una voz suave se desvanece. Cada movimiento frente a la cámara de sus personajes carece de una trama clara. Se van superponiendo unas miradas frente a otras, mientras la melodía va creando un mundo propio.

El espectador conoce la sensación de recuerdo, pero no identifica el recuerdo. Por tanto, la trama no se define por sí misma, sino por las sensaciones que producen las bandas sonoras de sus obras. El color rojo, la mirada perdida y el barrido de la cámara son suficientes para que la voz de Julee Cruise aporte un significado diferente a la narrativa. El tiempo queda suspendido, detenido, a la deriva de no se sabe qué. Conforme el espectador desconoce y se pregunta qué pasará, la banda sonora lo mantiene enganchado ante la mirada cálida de cada uno de los personajes.

La vida cotidiana queda desvanecida en un devenir que no se comprende y da paso a lo onírico y fantasmagórico. La voz de Julee Cruise, junto con la música de Angelo Badalamenti, altera la visión del espectador y lo introduce en un limbo extraño que se balancea entre lo familiar y lo oculto. La música en las obras de Lynch es una pieza inquietante, pero al mismo tiempo hermosa. Lo sublime y lo desestructurado se reordenan en la propia banda sonora que determina de manera impactante el núcleo de la propia trama.

Así como en la meditación trascendental que él practicaba, hay una inducción a quedar por un momento fuera de la realidad y cuestionar el sinsentido de la cotidianeidad. La música es el flujo que mantiene al espectador en un estado casi hipnótico. Quizás esta sea una de las razones por las que las creaciones de David Lynch se perciben como únicas, ya que la música es uno de los elementos más destacados que enriquecen los aspectos formales de su obra.

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