Podríamos decir que más de la mitad de los españoles son melómanos o, para quienes no son tan quisquillosos con los términos, verdaderos fans de la música. Casi el 57 % la escucha a diario y es que, como decía el filósofo Nietzsche, «la vida sin música sería un error».
Pues bien, este próximo verano, tanto los madrileños más castizos como los que lo son de adopción, podrán disfrutar de una cena con flamenco en Madrid en un espacio acogedor, donde la distancia entre los artistas y el público es de tan sólo unos pocos metros.
Considerado desde 2010 Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, esta expresión musical que lo aúna todo —cante, baile y acompañamiento instrumental— se podrá disfrutar otro verano más en Madrid, en vivo y en directo. Los teatros de España ya acogen espectáculos de flamenco sobre sus escenarios, pero Tablao La Quimera ofrece una experiencia inmersiva que la platea del teatro no puede igualar.

Rozar el auténtico flamenco con la punta de los dedos
El flamenco es folclore andaluz. Es un género que bebe de muchas influencias: de fenicios, cartagineses, bizantinos, hindúes y, sobre todo, árabes. Ligado geográficamente a zonas tan concretas como el Sacromonte, el barrio por excelencia de la Granada gitana, el flamenco se ha abierto camino en la música con nombres como el de Camarón de la Isla.
Ahora, los madrileños y los turistas que se aproximen a la capital no necesitarán desplazarse hasta Andalucía para dejarse llevar por la pasión de los cantaores, bailaores y tocaores. En la calle de Cuchilleros, los artistas se complementan para ofrecer una vibrante puesta en escena en la que la guitarra española se fusiona con el taconeo (también conocido como zapateo flamenco), cuyo compás se sigue mejor en un tablao que en un teatro.
Sentir el flamenco en primera línea
Los teatros de la capital tienen de cientos a miles de butacas. El tablao se define, en cambio, como un establecimiento acogedor donde el flamenco se disfruta siempre, independientemente de la mesita en la que uno se siente, como si se estuviera en primera fila.
El espacio, con sus dimensiones a escala humana, y la atmósfera del lugar (la iluminación, el mobiliario, el trato tan cercano que brinda el personal…) transforman el tablao en un entorno familiar donde el público se siente arropado y donde la proximidad al escenario es tal —desde cualquier ángulo— que es imposible perder el compás.
Una acústica inigualable
Ver un espectáculo de flamenco sobre un tablao de verdad es una experiencia sensorial que todavía se potencia más si acompañamos el cante, el baile y el toque con una degustación gastronómica de calidad. El menú incluye dos platos (entrantes y segundo a elegir), bebida y postre. El flamenco es así un regalo para la vista y el oído, pero también para el paladar.
Por otro lado, al tratarse de un espacio recogido, el sonido de las palmas, del toque, del «cante jondo» y de los tacones sobre el suelo se percibe con mucha más claridad. Los problemas acústicos propios de los locales grandes (por ejemplo: de los teatros) desaparecen en el tablao: no hay ecos ni reverberaciones, no hay interferencias ni problemas relacionados con la inteligibilidad de las palabras.
En su lugar, la música y la voz de los artistas inundan el espacio y llegan por igual a todos los rincones de Tablao La Quimera.
La improvisación, pieza clave en el flamenco
Las llamadas, los desplantes, los remates y las subidas forman parte del código del flamenco. Son las señales que los artistas utilizan para coordinarse e ir al unísono, para saber en qué momento debe entrar cada uno y en qué instante finaliza, por ejemplo, la bailaora. Es una forma de organizarse durante el propio desarrollo del espectáculo.
Una mirada, un gesto… Cualquier movimiento puede servir para que el cajonero (el artista flamenco que se ocupa de tocar el cajón) vaya más lento o más rápido, en función de lo que necesita la cantaora o la bailaora.
En Tablao La Quimera, la proximidad al escenario de las mesas y las sillas, donde los asistentes degustan la consumición mientras disfrutan del espectáculo, les permite ver nítidamente todos estos gestos que los artistas se lanzan entre sí.
Este código, este lenguaje sutil es fundamental para la improvisación, que ocupa un papel muy importante en el flamenco.
Espectáculos únicos que sólo se viven una vez
La improvisación en los espectáculos de flamenco de Tablao La Quimera permite ofrecer una experiencia única e irrepetible que se enmarca sólo en el instante, en el momento presente, pues son piezas que surgen de manera espontánea a partir del trabajo colaborativo de cantaores, bailaores y tocaores.
Lo único que estos artistas deben saber antes de improvisar es el estilo de flamenco que pretenden mostrarle al público: si es un palo, un compás de doce tiempos o de cuatro… Aparte de esto, sólo necesitan el talento natural de cada uno de ellos y la coordinación, que logran con el código, con los gestos que hemos mencionado antes, y que uno sólo puede alcanzar con la mirada si se encuentra cerca de los artistas.
Desde la butaca del teatro, todos estos pequeños detalles que conforman la esencia del flamenco se pierden en la distancia.
Vivir el duende como lo hace el artista
No todos los espectáculos de flamenco cuentan con artistas que tengan el duende. Aparte de la técnica vocal, que es importante, está la capacidad innata del artista para transmitir lo que siente. El duende flamenco es esta facultad que algunos cantaores, bailaores y tocaores tienen para emocionar al público más allá de la técnica.
Es la transmisión simple y llana del sentimiento, de la genuina pasión que el artista le profesa al flamenco y que alcanza como un dardo el corazón del público. Como asistente, tomar conciencia de este duende, captarlo en el artista, es más sencillo en un tablao que en un teatro, pues el propio lugar, con su buena acústica y con los artistas flamencos a pocos metros, predispone a ello.

