Verónica Fernández

Hay personajes que llegan a la vida de un actor para acompañarle durante unas semanas y otros que permanecen durante años, obligándole a convivir con preguntas que quizá no se había planteado antes. José Antonio, interpretado por el actor canario Alejandro García, uno de los personajes centrales de El Inmortal, pertenece claramente a esta segunda categoría.

En esta última temporada de la serie, la acción se traslada a 2004. José Antonio ha dejado atrás el narcotráfico y trata de construir una vida centrada en su hija y su familia. Al frente del negocio está ahora La Rubia, que ha convertido la banda en una organización más grande y sofisticada. La temporada se desarrolla en cinco días marcados por la presión, los ajustes de cuentas con el pasado y una sucesión de decisiones irreversibles que pondrán a prueba a todos los miembros del grupo.

Con este estreno de la serie de Movistar+, Alejandro García cierra una etapa profesional especialmente intensa. Lo hace después de tres temporadas dando vida a un hombre marcado por la violencia, el poder, las contradicciones y las consecuencias de sus propias decisiones. Pero también después de un recorrido personal que, según reconoce el propio actor, le ha permitido observar aspectos de sí mismo que antes prefería no mirar.

La despedida de José Antonio ha llevado al actor que lo interpreta a tener la sensación de haber atravesado un proceso de aprendizaje que va mucho más allá de la interpretación.

Las consecuencias de los actos

Uno de los elementos que más interesaban a Alejandro García en esta última temporada era que la historia no eludiera las consecuencias.

En muchas ocasiones, especialmente dentro de los relatos vinculados al crimen organizado o al ascenso de personajes poderosos, existe una tendencia a centrar la atención en el recorrido hacia el éxito. Sin embargo, El Inmortal ha querido mirar también aquello que llega después.

“Era mi deseo que José Antonio tuviera consecuencias y que el espectador pudiera verlas”, explica el actor.

La tercera temporada sitúa al personaje en un momento muy diferente al de los primeros episodios de la serie. Han pasado años. José Antonio intenta reconstruir una vida alejada del narcotráfico y centrada en su familia. Sin embargo, el pasado sigue ahí, esperando el momento oportuno para regresar.

Para García, precisamente ahí reside una de las principales virtudes del proyecto. “Había mucho trabajo previo, mucha historia detrás, mucho vínculo entre los personajes. Llegados a este punto, solo había que vivir cada situación”.

El actor habla de la serie como una ficción que se ha atrevido a asumir riesgos narrativos poco frecuentes. Riesgos que implican mostrar el precio de determinadas decisiones y evitar que los personajes escapen de aquello que ellos mismos han construido.

Entrar en un mundo ajeno

Cuando recibió la propuesta para participar en El Inmortal, una de las cuestiones que más le atrajeron fue precisamente la distancia que existía entre él y el personaje.

Alejandro García insiste varias veces en una idea: la interpretación es una forma de conocimiento. “Vivimos dentro del mundo que vemos a nuestro alrededor, pero existen muchísimos más mundos”, señala.

La ficción se convierte así en una herramienta que permite asomarse a realidades desconocidas, comprender códigos distintos y explorar experiencias ajenas sin necesidad de vivirlas directamente.

En una época en la que el entretenimiento suele medirse por su capacidad para generar impacto inmediato, resulta interesante escuchar a un actor reivindicar la ficción como un ejercicio de empatía.

Porque detrás de la historia de José Antonio no hay únicamente una trama criminal. También existe una reflexión sobre el contexto en el que crecen las personas, las oportunidades que encuentran o dejan de encontrar y las decisiones que terminan tomando.

Alejandro no busca justificar a su personaje. Tampoco absolverlo. Lo que le interesa es comprenderlo. Y esa diferencia resulta fundamental.

El peligro de suavizar a los personajes

A lo largo de la conversación aparece una reflexión especialmente reveladora sobre el trabajo interpretativo. Según explica el actor, existe una tendencia natural a intentar proteger a los personajes, a buscarles razones, a suavizar determinadas conductas, o a encontrar una lógica emocional que permita al espectador acercarse a ellos con mayor facilidad.

Sin embargo, el planteamiento de esta tercera temporada iba precisamente en la dirección contraria. “Había una pauta muy clara: llevar al personaje más allá”. Más allá de la comodidad, de la comprensión inmediata, más allá incluso de aquello que resulta agradable de interpretar.

La intención era explorar el lado más oscuro posible del ser humano y hacerlo sin trampas, sin excusas, sin convertir la violencia o la crueldad en algo atractivo. “Queríamos ver hasta dónde podía llegar un ser humano”, explica el actor.

La idea resulta especialmente interesante porque conecta con una pregunta recurrente en la literatura, el teatro y el cine: ¿qué ocurre cuando desaparecen los límites que normalmente regulan nuestro comportamiento?

La ficción lleva siglos intentando responder a esa cuestión. Y El Inmortal ha decidido hacerlo desde un lugar incómodo.

La interpretación como espacio de exploración

Para muchos espectadores puede resultar difícil comprender qué implica convivir durante meses con personajes emocionalmente extremos. El propio Alejandro reconoce que la experiencia puede llegar a ser exigente.

Durante cuatro meses de rodaje, los actores deben regresar cada día a emociones que poco tienen que ver con su vida cotidiana, y después abandonarlas para regresar a casa.

Por eso resulta inevitable preguntarse cómo se protege un intérprete ante semejante intensidad emocional. La respuesta de García es sorprendentemente sencilla: el humor.

“No hay que olvidar nunca que estamos contando una ficción”. Las bromas entre compañeros, la complicidad dentro del equipo y la capacidad para relativizar determinadas situaciones funcionan como mecanismos de equilibrio.

Un viaje que también ha sido personal

Cuando comenzó el rodaje de la primera temporada, el mundo acababa de salir de la pandemia, recuerda Alejandro. Aquellos años estuvieron marcados por preguntas, incertidumbres y procesos de cambio que afectaron a prácticamente todo el mundo.

Mirando atrás, el actor reconoce que el tiempo transcurrido entre el inicio y el final de la serie coincide con una etapa de transformación personal.

Y en ese proceso aparece una palabra que se repite varias veces durante la conversación: sanación. “Me siento más sano que cuando empecé”.

No habla únicamente del trabajo actoral. Habla también de la vida. De aquello que ocurre mientras una serie se rueda. De las experiencias que se acumulan, de las pérdidas, de los cambios, de los aprendizajes. Y de la capacidad para observar aspectos de uno mismo que antes permanecían ocultos. “

Todos tenemos algo de luz y algo de oscuridad”. La frase podría resumir buena parte de la filosofía con la que afronta su profesión.

Lo que los personajes dejan

Existe una idea muy extendida según la cual los actores abandonan a sus personajes en cuanto termina un rodaje. La experiencia de Alejandro García parece demostrar lo contrario.

Cada personaje deja una huella. A veces pequeña. A veces profunda.

José Antonio le ha obligado a reflexionar sobre cuestiones relacionadas con la responsabilidad, las consecuencias y la capacidad de elección. Porque, según sostiene, aunque las circunstancias condicionan nuestras vidas, siempre existe un margen de decisión. “Todos tenemos la posibilidad de elegir qué hacer con lo que nos pasa”.

El actor reconoce que no todas las personas parten del mismo lugar ni cuentan con las mismas oportunidades. Pero aun así cree que existe una diferencia fundamental entre permanecer atrapado en el resentimiento o intentar transformar la experiencia en aprendizaje.

Esa convicción atraviesa buena parte de sus respuestas.

Y quizá explica por qué la palabra que mejor define su despedida de El Inmortal no es éxito, ni reconocimiento, ni popularidad. Es sanación.

Después de José Antonio

Con el final de la serie, Alejandro García abre una nueva etapa. La próxima historia que contará será muy diferente.

Un proyecto junto a Silvia Alonso que girará alrededor del amor en distintas formas: el amor de pareja, el amor hacia los hijos y el amor hacia uno mismo.

Después de haber explorado durante tanto tiempo las sombras de José Antonio, parece lógico que el siguiente paso mire hacia otro lugar.

Porque, como demuestra su recorrido en El Inmortal, la ficción no sirve únicamente para escapar de la realidad. También puede ayudarnos a comprenderla un poco mejor.

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