Desvaríos en el laberinto digital, de Hernán Ruiz: relatos para los habitantes de las dos realidades
Kaótica Libros. 2026. 366 páginas
En el ámbito literario, Hernán Ruiz, antes de estos Desvaríos en el laberinto digital, que nos ofrece a través de la colección Ucronía, de Kaótica Libros, fue coautor de Plot 28 (2013), uno de los primeros experimentos transmedia en lengua española, así como de Bitácora a la deriva: para una rebelión (2015) y Relatos de la Celtiberia (2023), pues Javier Hernández Ruiz (‘Hernán Ruiz’ en el campo literario), además de escritor, es crítico de cine y guionista, ha sido director del cortometraje en 35mm Quercus (2005) y productor en Ulysses Films. Actualmente, es profesor titular en la universidad de Cuenca, pero ha sido docente en otras universidades nacionales y extranjeras, así como en varias instituciones relacionadas con la didáctica audiovisual. Protagonista de varios proyectos de investigación, posee numerosas publicaciones relacionadas con el mundo del cine y con lo que se ha denominado el transmedia storytelling. Aspectos de su biografía profesional, estos, que es necesario saber y tener en cuenta, si se quiere comprender realmente qué significa esta constelación de relatos propios de un mundo, el nuestro, completamente «fragmentado» en dos realidades, que, en palabras del propio autor, además, «ha estallado en mil piezas». Dos multiplicado por infinito.
Ahora, bien, ¿se puede, mediante la literatura, «recomponer esos fragmentos y descubrir en ellos una imagen nueva, híbrida, hecha de materia humana y alfanumérica», tal como nos propone Hernán Ruiz en sus relatos? No parece fácil; pues si ya el proyecto Estendhaliano, que evoca el autor en el prólogo, era complicado, de por sí, considerada una sola realidad material, la única que teníamos, hasta hace poco, desde que ha aparecido la otra nueva realidad digital –virtual: ‘inexistente’ pero real–, tan real, o más, que la que, hasta hace poco, era la única y genuina (que ha sido engullida y sustituida por esta segunda realidad ‘inexistente’ pero real, la tarea se nos antoja, verdaderamente, aún más compleja y peliaguda.
Sin embargo, Hernán Ruiz, con esta sabrosa colección de retazos ‘de vida’ de las dos realidades, tomados de la propia experiencia y de los testimonios recogidos en la Red de redes o en sus derivados ‘sociales’, se empeña en demostrarnos que, no solo sí es posible hacerlo, sino que es tarea insoslayable de la literatura de hoy hacerlo; pues, como concluye una de las historias claves (p.47) de estos Desvaríos en el laberinto digital, titulada “Se acabaron las drogas”, «eso que veníamos llamando realidad molestaba cada vez más a los humanos mediado el siglo XXI».

Aunque, no es menos cierto, tal como se afirma en el texto de la contraportada del libro, que, en el «espejo digital» es donde se refleja, hoy, esa «fauna diversa», de «rebeldes, disidentes y marginados», que conforman, justamente, una buena parte de las «voces» en las que se mantiene, hoy, el «pulso de la humanidad», pues habitamos un mundo en el que «la tecnología, omnipresente, no es solo escenario, sino protagonista», que «moldea nuestras conductas, transforma nuestras identidades y desdibuja la noción de un yo único». Un yo que es ya la combinación de «voces, humanas y no humanas, en un coro caótico donde resuena la inteligencia artificial».
Por lo que, leídos todos estos relatos, que poseen líneas de fuerza y argumentales muy bien definidas (LA PROMESA DE ENTRELAZAMIENTOS INESPERADOS, LA POSIBILIDAD DE LA HUIDA, LA FURIA SIN CONSECUENCIAS, LA BÚSQUEDA DE LA IDENTIDAD PERDIDA, EL INFIERNO DENTRO DEL PARAÍSO, LAS VOCES ANÓNIMAS QUE LLEGAN DEL OTRO LADO, LOS AMORES PIXELADOS, LA OMNIPOTENCIA Y OMNIPRESENCIA DEL INTERNAUTA, y, al final, LA FRUSTRACIÓN DE LAS ESPERANZAS PUESTAS), frutos maduros, tanto de la mente de Jaime Miñana, el urdidor primordial, a modo de nuevo Cide Hamete Benengelí, de la tarea, como de la mente del propio autor, en cuanto legatario de la misma: en este mundo de dos realidades, «la autoría se diluye, se multiplica, se vuelve colectiva», y es, finalmente, la «multitud» (¿la de Toni Negri y Michael Hardt, quizás?) la que se expresa en ellos; leídos, pues, como digo todos estos relatos –sazonados con las inquietantes fotografías de José Ramón Alba–, el lector se dará cuenta de que, en ellos, como nos avisa el autor, desde el principio, «no se ofrecen certezas, sino un testimonio: el de una transición irreversible». Y que, «entre ceros y unos, quien los lea encontrará no solo historias, sino el rastro inquietante de sí mismo». Y, para quien sea habitante de las dos realidades, así será, se lo aseguro.

