María Rosal Nadales (Fernán Núñez, 1961) es Catedrática de la Universidad de Córdoba, Miembro de la Real Academia de Córdoba y de la Academia de Buenas Letras de Granada. La antología Tiempo de flores muertas (2019) reúne parte de su obra poética. Ha publicado más de veinte libros de poesía y ha recibido, entre otros, el Premio de Poesía Ricardo Molina por Tregua (2000), el Premio Andalucía de la Crítica por Otra vez Bartleby (2004), el Premio José Hierro por Carmín rojo sangre (2015) y el Premio Internacional de Poesía Ciudad de Sassari por Geometria delle ombre (2023).

Ha participado en recitales de poesía en España, Italia, Alemania, Polonia, Holanda, Grecia, Marruecos, Cuba y México. Su obra se ha traducido al italiano, inglés, griego y árabe. En 2024 el Ayuntamiento de Fernán Núñez creó el Premio Internacional de Poesía María Rosal. Su último poemario, Google maps no responde (Reino de Cordelia, 2026), ha sido la obra merecedora del V Premio de Poesía Ciudad de Lucena Lara Cantizani.

 

 

Javier Gilabert: María, es un auténtico honor recibirte en Culturamas. Llegas a nuestra sección con Google maps no responde. Con una trayectoria literaria avalada por galardones tan prestigiosos como el Ricardo Molina, el Andalucía de la Crítica o el José Hierro, ¿qué lugar ocupa este nuevo reconocimiento y este libro en concreto dentro de tu geografía poética?

María Rosal: Este premio de poesía ocupa un lugar importante en mi corazón, por llevar el nombre de Lara Cantizani. Además, la publicación de Reino de Cordelia es tan cuidada que es un honor tanto el premio como la edición.

 

La velocidad, la falta de asideros y la incertidumbre marcan un escenario muy complejo

El título del libro es de una contundencia enorme. En el poema homónimo dibujas una escena de desolación urbana (una gasolinera, luz escasa, una tormenta que acecha) y rematas con ese «Google maps no responde a tu llamada». En un mundo donde dependemos de la tecnología para no perdernos, ¿es este libro una metáfora de nuestra profunda desorientación contemporánea?

Así es. Creo que vivimos en un mundo donde la velocidad, la falta de asideros y la incertidumbre marcan un escenario muy complejo. En este libro no solo se dibuja esa situación, sino que se vuelve la mirada hacia la memoria y los afectos como lugar seguro.        

Como en otros libros míos, la mirada irónica se impone sobre la queja o el lamento.

 

Cada lector tiene su propia brújula

Para aquel lector que se acerque por primera vez a Google maps no responde, ¿qué coordenadas le darías para que no se pierda en sus páginas?

Cada lector tiene su propia brújula. Una vez publicado, sólo puedo desear que los lectores encuentren en el libro algo que les concierna. Al menos, así me siento yo como lectora, cuando me acerco a un libro, sea de poesía o no.

 

No puede sepultarse la memoria colectiva en un mundo donde los bulos, los infundios y las mentiras más deliberadas pueden llegar a manipularnos 

En «Ritual del invierno» contrapones magistralmente la sabiduría ancestral de las manos que tejen («Me quedó su enseñanza: corre, vuela») con la modernidad más absoluta («Hoy suplo mi ignorancia con YouTube»). ¿Cómo sobrevive la memoria, el hilo de lo que fuimos, en una época dominada por las pantallas y los tutoriales?

Esa es nuestra tarea como escritores y como ciudadanos y ciudadanas. No puede sepultarse la memoria colectiva en un mundo donde los bulos, los infundios y las mentiras más deliberadas pueden llegar a manipularnos. También como profesores tenemos la obligación de potenciar el pensamiento crítico a través de la lectura y la reflexión.

 

El poema «El intruso» relata la llegada de algo «silencioso», un «equipaje macabro» y un «abismo de cloro» que se instala entre nosotros quebrando la rutina. Es inevitable pensar en la pandemia o en la enfermedad repentina que dinamita nuestra falsa sensación de control. ¿En qué medida ha moldeado esa vulnerabilidad el tono general del poemario?

Es un poema que evoca la pandemia. Durante el confinamiento no escribí ningún poema alusivo a la situación. Estaba demasiado inmersa atendiendo a dos personas mayores de mi familia e impartiendo mis clases (on line) en la Universidad de Córdoba. Vivía en una situación tan estresante que no estaba para poesía ni para nada que no fuera atender las necesidades vitales y laborales.

Ha sido un tiempo después cuando el tema apareció en mi poesía, como referencia a la extrema vulnerabilidad a la que estamos sometidos.

 

Llegamos al clásico compromiso de nuestra sección. Si tuvieras que elegir únicamente tres poemas de este libro, ¿cuáles serían y por qué?

En primer lugar, “Google maps”, el poema que da título al libro. Es un poema introductorio que muestra el tono de desorientación humana, aún más en una época marcada por brújulas digitales. Por otra parte, el poema titulado “Ritual del invierno” es símbolo de los asideros a los que recurrimos: la memoria y la infancia. En cuanto al poema titulado “El intruso” supone una reflexión sobre la dureza del confinamiento, las normas que se dictaron entonces, la turbación y el desconcierto.

 

Cuando me siento a escribir sólo espero que el pensamiento fluya

Como Secretaria de la Asociación Andaluza de Escritores y Críticos Literarios, tu oficio te exige leer con escalpelo, analizando y juzgando la obra ajena. ¿Llega alguna vez esa mirada crítica a paralizar a la poeta cuando te sientas frente a la página en blanco?

Cuando me siento a escribir sólo espero que el pensamiento fluya. En cambio, cuando reviso, corrijo, corto y elimino sin contemplaciones.

 

Es muy importante que el profesor o la profesora sean lectores 

Eres Catedrática de Didáctica de la Lengua y la Literatura en la Universidad de Córdoba; es decir, preparas a los futuros profesores para enseñar literatura. ¿Cuál es el secreto, si es que lo hay, para llevar la poesía a un aula sin asfixiarla ni convertirla en un mero trámite académico?

Es muy importante que el profesor o la profesora sean lectores, y que lo sean de todos los géneros, muy especialmente de poesía, porque es la gran olvidada. Naturalmente, han de conocer técnicas para diseñar estrategias de intervención en el aula, para formar personas lectoras con pensamiento crítico y sobre todo para que disfruten con la lectura. Recientemente he publicado un libro sobre la educación literaria en el aula, titulado El menú de la literatura, dirigido al profesorado de Educación Primaria y Secundaria

 

La ruptura ha de hacerse desde el conocimiento que proporciona la lectura rigurosa de los clásicos y los contemporáneos

Eres también miembro de la Real Academia de Córdoba y de la Academia de Buenas Letras de Granada. A menudo se asocia la academia con la norma, la conservación y la rigidez, mientras que la poesía suele buscar la ruptura y el vuelo libre. ¿De qué forma dialogan en ti el rigor académico y la rebeldía del poema?

La ruptura ha de hacerse desde el conocimiento que proporciona la lectura rigurosa de los clásicos y los contemporáneos. También ayudan la técnica y el oficio. A partir de ahí, hay que volar.

 

Mi línea de investigación trata de hacer visibles las obras de las mujeres poetas 

Diriges la Cátedra Fátima Al Fihri, nombre que nos remite a la fundadora de la institución de educación superior más antigua del mundo. ¿De qué manera alimenta a tu propia voz poética esa labor de recuperación y visibilización del papel de la mujer en la transmisión del conocimiento?

Llevo más de veinte años trabajando en mi línea de investigación que trata de hacer visibles las obras de las mujeres poetas. Ese fue el tema de mi tesis doctoral, en la universidad de Granada, y desde entonces se han sucedido muchas publicaciones en esa línea, la última Del boom de los ochenta al laberinto de Internet, donde registro la presencia de las poetas en las antologías de los últimos cuarenta años en España.

 

Has llevado tus versos a recitales en lugares tan diversos como Cuba, México, Marruecos, Grecia o Polonia, y tu obra se ha traducido al italiano, inglés, griego y árabe. ¿Qué se descubre de la propia poesía cuando se recita tan lejos de casa o se lee a través del filtro de otra lengua?

Más que descubrir, procuro disfrutar.

 

En 2019 publicaste la antología Tiempo de flores muertas, que reunía parte de tu obra. Si miramos hacia atrás, hacia hitos de tus inicios como Tregua (2000), ¿qué queda en la María Rosal actual de aquella poeta y qué ha dejado definitivamente por el camino?

Pues no sabría decirte. Ahora como entonces trato de aprender y de escribir lo mejor que pueda.

 

Siempre estoy en algún libro

Más allá de la promoción de este libro y de tu incesante labor universitaria, ¿en qué nuevos proyectos literarios estás trabajando actualmente?

Siempre estoy en algún libro. Escribo ensayo, novela y poesía según me pide el cuerpo. Escribir es para mí un disfrute y procuro encontrar tiempo entre las obligaciones diarias. En estos momentos estoy ocupada preparando un estudio sobre la obra de Vicente Núñez.

 

En 2024, el Ayuntamiento de Fernán Núñez, tu localidad natal, creó el Premio Internacional de Poesía que lleva tu nombre. Debe ser abrumador (y hermoso) leer a los autores que se presentan a un certamen bautizado en tu honor. ¿Qué se siente al ser, literalmente, profeta en tu tierra y convertirte en mecenas simbólica de nuevas voces?

Sólo puedo mostrar agradecimiento. Es un gran honor. Ya vamos por la tercera convocatoria. El premio ha tenido una gran aceptación, pues se vienen presentando más de seiscientas obras. Además, la publicación en la editorial Valparaíso está siendo muy valorada y difundida.

 

Por último, como autora, crítica y lectora, ¿de quién te gustaría conocer su “Primera impresión”?

Hubiera sido genial aparecer por el Tuta, en Aguilar de la Frontera, y entregar este libro a Vicente Núñez, mientras conversamos delante de una copa de vino.

 

 

 

 

***

Tres poemas de Google Maps no responde

 

                                  

GOOGLE MAPS   

 

Al fondo de la calle

una gasolinera solitaria.

La escasa luz ensucia las aceras

con un rastro de aceite.

 

Una mujer se asoma a la ventana.

Mira al cielo.

Un libro deshojado sobre un charco.

Los postes de cemento casi humanos.

Una sombra camina contra el viento.

 

Se acerca la tormenta.

Google maps no responde a tu llamada.

 

 

 

RITUAL DEL INVIERNO    

 

En la tienda de lanas se fraguaron

mis inviernos de infancia.

                                           Empezar

un jersey: una tibia promesa incomparable.

Nos acogía el brasero, su lumbre

milenaria, su olor a casa en orden.

En manos de mi madre

las agujas trazaban arabescos,

motivos más veloces

que el pulso de su respiración.

Sentada junto a ella, perseguía

mi vista el veloz laberinto 

de sus dedos. Difícil alcanzar

tan fugaz meteoro.

 

Punto derecho, ochos y calados.

Repite vueltas pares y trabaja

los puntos del revés según convenga.

 

Las agujas marcaban cierta música,

acorde amortiguado por la lana.

Me quedó su enseñanza: corre, vuela.

Esta niña pregunta cosas tontas.

¿No estás viendo?

El encaje se teje en el derecho

y el revés se trabaja como viene.

 

Hoy suplo mi ignorancia con YouTube,         

con vídeos lentos donde la vislumbro.

Acudo a sus lecciones,

persigo sus secretos. Y el revés…

                  lo trabajo como puedo.

 

 

 

EL INTRUSO    

 

Nadie pensó. Llegó tan silencioso.

que nadie imaginó su fortaleza,

sus astillas de hiel enmascaradas.

Estábamos absortos.

        Nuestras vidas

rodaban como siempre, sin cautela.

El trabajo, los niños. Descuidamos

asuntos importantes,

al abrigo fugaz de la rutina.

 

                                        Y llegó.

No creímos las primeras noticias.

Ignoramos las voces, los avisos,

tan lejanos los muertos, tan ajenos.

     Y llegó.

Se instaló entre nosotros,

asignó a nuestros cuerpos su latido,

equipaje macabro entre la sombra.

Una herida invisible, un abismo

de cloro levantó una muralla

de infinitas esquirlas.

                                   Inundamos

las calles con extrañas mareas.

Se nublaron los ojos por el miedo.

Se taparon las bocas por asepsia.

 

                                   Se prohibieron los besos por decreto.