Horacio Otheguy Riveira.
En una de las salas de los teatros Luchana, un espacio confortable en el que solo dos intérpretes consagran un arte escénico que desde la primera escena involucra al espectador, sin moverlo de la butaca, aprovechando -de entrada- su capacidad de sorpresa ante un tal Francisco, Fran, que hace morisquetas, bizquea, pregunta a una silla donde no se sienta nadie, no vemos a nadie, pero la silla se mueve, y el ser invisible encuentra la manera de decir su nombre: Claudio.
Vaya, un adulto jugando al amigo imaginario, y uno sonríe, y de pronto irrumpe un factor decisivo para que nos acomodemos ante un vendaval de sorpresas: el tipo invisible es capaz de liarla en forma, encerrarse en el baño, abrir los grifos y dejar que pase el agua al salón…
Para Fran es el piso de alquiler en su primer día, y no pararán de pasarle cosas asombrosas. No encuentra el teléfono, y un cajón se abre solo…
Lo fantástico de esta comedia radica en la fusión de ingeniosos momentos de magia con una sorprendente estructura teatral. De Argentina al mundo, muchas veces representada, ganadora de premios entregados entre risas y sonrisas con baño de melancólico encuentro con el corazón de la agonía que se parapeta en tobogán de la comicidad.
Una trama muy bien pergeñada de la que no es conveniente decir mucho, pues se trata de una montaña rusa donde las sorpresas son fundamentales.
De la que podríamos llamar primera parte con el joven, pasamos a una aparición que deja con la boca abierta de tanto reír: Ana, la chica a la que él orientaba para el manejo de su coche, al fin en casa con la pésima noticia de que destrozó el coche y olvidó pagar la prima del mes.
Entre claves amorosas en entredicho, los impulsos denodados para tratar de ver y oír, de escuchar y amar, de comprender a tu pareja, tratados en vaivén que juega con el dolor de pérdidas y la pasión por reencauzarse. De todo sucede en hora y media, con una pareja de actores sensacional, Bárbara Merlo y Javier Vázquez, de una ductilidad maravillosamente dirigida por Denis Despeyroux, dramaturga, actriz y directora que se ocupa de la versión española del original de Javier Daulte y la dirección de escena: gran artífice de un clímax de enredo cómico donde todo es posible, alternando con la brillantez del texto para volcar hacia el final la última mirada, un toque de melancolía por la que se deja a un lado la risa…
Marchamos rumbo al bullicio de la ciudad de todos los días, recordando la pieza, armando su puzzle magistral para terminar de comprender lo sucedido… con inquietud, placer, e incluso con el firme deseo de volver a verla.
Dramaturgia y asesoramiento: Javier Daulte
Dirección de escena: Denise Despeyroux
Reparto: Bárbara Merlo (Ana) y Samuel Vázquez (Fran)
Diseño de iluminación y espacio sonoro: Samuel Silva
Diseño de escenografía: Fer Muratori
Asesoría en plástica escénica : Alicia Leloutre
Diseño de vestuario: Carolina Arce
Ayte. de dirección: Constanza
Maquillaje: Nisamar Jiménez
Identidad visual: Leandro Ibarra
Fotografía (Dossier): Gabriel Macarol (Atomobit)
Fotografía (De escena): Isabel Méndez (tartadefreak)
Dirección de producción: Karina Garantivá (Praxis)
Producción ejecutiva: Samuel Vázquez
Una producción de Compañía PRESENTE y de Técnica de Interpretación LÓGICA ESCÉNICA





