Horacio Otheguy Riveira.

El mítico personaje del Antiguo Egipto ha sido tratado de múltiples maneras en el teatro y el cine, pero nunca con la audaz propuesta con que se presentó en el Festival de Mérida en 2025, ahora en Madrid. Como toda versión sui generis, tiene sus flaquezas, sus caídas de ritmo, su discutible escenografía (más bien monocroma y feísta). A su favor, la propuesta del dramaturgo, utilizando situaciones históricas bien combinadas con la ficción en la intimidad de la divina reina de Egipto.

Hermosa y firme en sus convicciones, empieza derrotada, clamando a la diosa Isis por volver a ser la que fue, cuando el amor no solo llamaba a su puerta, sino que resplandeció en el reinado y su vida privada. Primero la pasión con Julio César, hasta que fue asesinado; luego con Marco Antonio, la también legendaria Roma a sus pies, intensos amores, voluptuosas temporadas de felicidad. Y de pronto Marco Antonio la abandona tras cinco años, impelido por el senado romano.

Vuelve a Egipto a pedir dinero, la mayor ayuda posible para dura batalla. Una negociación oficial atravesada por sentimientos verdaderos.

Se canta con cuatro músicos que interpretan rock progresivo y romántico pop. A su ritmo, los jóvenes de Roma bailan en una discoteca presidida por los estímulos de Dionisos…

En este marco se desarrolla una buena historia con canciones en las que O’Dogherty se desenvuelve con buena voz ante el esplendor de Cleopatra y Natalia Millán, dos en una. Con algunos momentos de humor o ligeros conflictos, ambos crecen hacia la tragedia final.

Con el placer de volver a ver a Natalia Millán entramos y salimos de la puesta en escena un tanto desvaída con un texto a menudo inverosímil, pero su sola presencia revive el mito y brinda la adoración a un cuerpo y una fuerza sobrenatural en una mujer con los pies en la tierra, a la que vemos despreciar a su esclava y ordenar arrojarla al pozo de las serpientes tras una traición. Esta naturaleza contradictoria de la dulce y sensual señora logra elevar la calidad de todo el espectáculo, pues Natalia tiene tanta capacidad como para sorprendernos en la dramedia de Un dios salvaje (muchos meses en cartel), igual que hace años con su admirable versión del drama de Delibes, Cinco horas con Mario; divertirnos como la profesora de danza del musical de Billy Elliot, o enternecernos como la madre compungida de Los chicos del coro...

Una larga carrera que parece empezar cada vez a nuestros ojos, con una presencia impecable y unas variaciones vocales tan fascinantes como la muy recordada Viuda alegre en los Teatros del Canal.

TEATRO LA LATINA