Barrer la arena, de Eladio Orta

Huerga y Fierro, 2026. Págs. 94

Matías Escalera Cordero

 

Empecemos por el final, por el último poema, para entender mejor lo que sigue…

os imagináis una lectura

sin aplausos

 

¡qué bella armonía!

¡qué silencio tan vivo!

 

os imagináis una lectura

en la cual las palabras

 

trenzaran hilos visibles con los versos y

los versos convivieran desenfadados

en el poema y

 

el poema se pareciera a su autor…

…/…

 

mejor el silencio que acoge

que el aplauso que desconecta

mejor vincularse que borrarse

mejor

 

Sí, lo reconozco, en Eladio Orta, hay algo de exagerado, a veces; pero no es menos cierto que no hay nada en su vida ni en su poesía que sea decorativo y, menos, todo aquello que tenga que ver con su isla en la marisma onubense, o con los habitantes –del aire, del agua, del fuego o de la tierra/fango– que la pueblan; ni, tampoco, por supuesto, con la escritura.

Su militancia por la vida libre y natural, y su poesía, siempre al borde del pesimismo, pero sin dejarse vencer por él, están transidas de autenticidad…

estoy escribiendo en los límites

del pesimismo / sentado

en los bordes acentuados

del desastre

 

La poesía de Eladio Orta –como su militancia verde– es, así, en efecto, como un continuo barrer la arena…

escribir de pérdidas

 

andamos en tiempos de pérdidas

anótalas en el cuaderno

 

el dolor desgarrador

de las pérdidas

 

Una tarea aparentemente inútil e imposible, si no te la tomas, como es el caso, igual que un destino fatal e inevitable, en nombre de todos los nombres que han habitado la casa de la isla.

La poesía de Eladio Orta habla, pues, a los habitantes de las ciudades con el lenguaje de los habitantes de las marismas, que no son otros que los del agua, el fuego, la tierra/fango y el aire; por eso, no es seguro que los habitantes de las urbes comprendan la esencial verdad contenida en sus admoniciones, sus lamentos, sus gritos de socorro y sus llamadas a la defensa de la vida, en realidad, de lo que aún está vivo a pesar de ellos/nosotros.

Cuando «ya no hay islas encantadas / solo paraísos turísticos», la tarea tácita e intencional de la poesía de Eladio Orta y su lógica frustración me recuerda al final de El Decamerón de Pasolini, cuando el maestro pintor de frescos –interpretado por el propio Pasolini– concluye la obra en la que ha estado trabajando a lo largo de toda la película y al contemplarla, ya finalizada, exclama: «¡Por qué empeñarse en plasmar lo que dentro de nosotros es perfecto!»

Pues porque con la perfección no basta, nos viene a decir Eladio Orta; hay que seguir barriendo la arena, cueste lo que cueste, aunque sea tarea inútil y destinada a la frustración…

canta la alondra

 

ahí un poema vivo

escribo en el cuaderno el poema

de la alondra que canta y

 

muere el poema y la alondra

 

ahí el poema muerto

 

Y porque la poesía, tal como él la concibe, siempre ha perseguido «la belleza de la imperfección».