Horacio Otheguy Riveira.

Si los sueños viajan siempre con los poetas, y la vida entera una comedia es, el joven Mago Raymon cristaliza -día a día- ambas formas de existencia. Sorprenden sus mágicas artes en las distancias muy cortas de pequeñas y grandes salas (de teatro; salones de fiestas; o casas de familia), en cada caso, expande la poesía que contienen sus gestos, sus brazos remangados por donde no se vislumbra el más mínimo truco, y además tiene un buen caudal de sonrisas, a la manera de encantador comediante.

Sin duda, una grata sorpresa veraniega al visitar por vez primera -junto a dichosa familia, niños y adultos visitantes de Países Bajos- la Cripta Mágica en Madrid, fundada en 1987 (39 años ya) por los padres de Raymon, también ilusionistas, en la actualidad directores de la sala. Un lugar fantástico por donde han pasado más de 200 magos de todo el mundo.

Familia valiosa del arte del ilusionismo que brindó al aún adolescente muchacho el mejor equipaje para emprender vuelo por su cuenta. Su actuación en la Cripta se produce espaciada en el tiempo, forma parte de una intensa rueda de compromisos, temporada a temporada más solicitado. De momento, acaba de finalizar tres meses de apariciones exitosas.

Entre las muchas sorpresas que aporta, Raymon se ha especializado en magia con cubos de Rubik de varios tamaños. A su lado participan espectadores entusiastas y, como con las cartas, inesperada aparición y desaparición de cuanto el público ha visto o tocado.

El artista ha actuado también en grandes escenarios como el Teatro Circo Price de Madrid y el Teatro Coliseum en Gran Vía, entre otros.

Fue premiado al mago más puntuado de su categoría en 2016. Got Talent España, Pura Magia y Tu Sí Que Vales Italia son algunos de los programas donde ha llevado su espectáculo. Además de una charla TEDx sobre la magia del cubo de Rubik.

Sesenta minutos producidos con esmero técnicamente -banda sonora estupenda- al servicio del buen desarrollo de ideas y puesta en escena.

Al final de cada función, allí donde se produzca, abandona sus muchos recursos y, sencillamente, alterna con el público: el que participó a su lado y el que permaneció asombrado en su butaca. Se hace fotos, conversa, hace bromas y, de pronto, es un viajero insospechado que adivina de dónde venimos y adónde vamos. En realidad, una muestra más de elegancia y relajada diversión.

 

La Cripta Mágica: ambiente señorial con aroma del siglo XIX, que podría resultar inquietante, tenebroso, pero en el que siempre prevalece una diversión realmente mágica, con un buen servicio de bar.

 

Cerca, muy cerca. Miradas expectantes, sonrisas cómplices. Tan cerca que en más de un momento se podrá tocar al artista, con asistentes formando parte, entusiasmados, de algunos de sus montajes. Y al final, uno más que parece un amigo de toda la vida.