Por David Farré /
No todos los conciertos encajan con la misma naturalidad en el espacio que los acoge. El de Blaumut en el Claustre del Monestir de Sant Joan de les Abadesses fue uno de esos casos en los que música, arquitectura e historia parecían formar parte de una misma obra. Dentro de la gira «El millor que hem fet», la banda barcelonesa ofreció un recital elegante, lleno de matices y de una notable intensidad emocional, en el marco de la 31.ª edición del Festival del Comte Arnau, un certamen plenamente consolidado que combina conciertos, espectáculos, actividades familiares y propuestas culturales inspiradas en la legendaria figura del conde.
El grupo demostró desde el primer instante que había comprendido a la perfección la esencia del festival. En lugar de abrir con alguno de sus grandes éxitos, optó por interpretar la Cançó del Comte Arnau, una decisión tan simbólica como acertada que convirtió el concierto en una propuesta única para el público de Sant Joan de les Abadesses. El respeto por la tradición local y la delicadeza del arreglo crearon un silencio expectante que marcó el tono de toda la velada.
A partir de ahí, Blaumut desplegó un repertorio que recorre más de una década de trayectoria y que pone de manifiesto la solidez de un cancionero que ha sabido envejecer con naturalidad. «Pa amb oli i sal», convertida ya en un himno generacional y que no llegó hasta los bises, fue recibida con un cariño especial. Lejos de buscar el efecto fácil, la banda la interpretó con madurez, dejando que fueran la fuerza de la melodía y la sensibilidad de la letra las que conectaran con un público que la hizo suya desde los primeros compases.
La sensibilidad melódica de «Bicicletes» y «Vint-i-un botons», dos composiciones que mantienen intacta su capacidad para transportar al oyente a ese universo tan característico de Blaumut, donde las imágenes poéticas conviven con unos arreglos de enorme sutileza. La compenetración entre los músicos fue constante, sin necesidad de grandes artificios escénicos ni de discursos excesivos.
Uno de los momentos culminantes de la noche llegó con «De moment», interpretada con una intensidad contenida que puso de relieve la expresividad de la voz de Xavi de la Iglesia, siempre más preocupado por transmitir emociones que por exhibir virtuosismo. En esta pieza, al igual que en «Abisme», el grupo volvió a demostrar su habilidad para construir atmósferas sonoras de una belleza casi cinematográfica, donde cada instrumento encuentra su espacio sin eclipsar al resto.
La mirada hacia el presente quedó representada por «El millor que hem fet», la canción que da nombre a la gira y que resume el actual momento artístico de la banda. No se trata de un ejercicio de nostalgia, sino de una reivindicación serena del camino recorrido, interpretada con la elegancia que siempre ha caracterizado al grupo. También «Cel estranger» y «Amateur» evidenciaron esa evolución musical, con un sonido más depurado pero fiel a la identidad que ha convertido a Blaumut en una de las formaciones más singulares del panorama musical catalán.
Ya en la recta final, «El llimoner» aportó uno de los momentos más luminosos del concierto antes de que «El primer arbre del bosc» pusiera el broche a la velada con una sensibilidad exquisita, eso sí, antes de los esperados bises.
Más allá del repertorio, el gran valor de Blaumut sigue siendo su capacidad para hacer respirar cada canción. Los arreglos de cuerda, los sutiles teclados, las guitarras y una interpretación siempre al servicio de la música construyeron un discurso sonoro rico en matices, sin estridencias ni concesiones. En una época en la que muchos directos buscan el impacto visual, Blaumut reivindica el poder de la interpretación, de la palabra y del detalle.
El Claustre del Monestir actuó como un instrumento más. Su magnífica acústica amplificó la delicadeza de los arreglos y convirtió los silencios en una parte esencial del espectáculo. El público, atento y respetuoso durante toda la actuación, respondió con largas ovaciones, consciente de haber asistido a un concierto que trascendía la simple sucesión de éxitos.
La presencia de Blaumut confirmó también el acierto de la programación del Festival del Comte Arnau, que en su trigésimo primera edición sigue apostando por propuestas de calidad capaces de dialogar con uno de los espacios patrimoniales más emblemáticos de Catalunya.





