Por Pablo Llanos.

Aunque El que está en el aire (Contrabando, 2026) es un poemario que consta de cinco partes («Cero», «El que está en el aire», «Entre (las flores)», «Dos ramas doradas» y «Plus»), voy a permitirme la licencia de hablar solo de una de ellas. No es algo que suela hacer en mis reseñas y espero que tanto autor como lectores sepan disculparme. En todas las secciones del libro, Viktor Gómez indaga en las relaciones afectivas: con la pareja, con los amigos, con la familia, con los hijos, con los otros. Hay quien escribe poesía para profundizar; en este caso, el poeta valenciano lo hace para aprender.

Algunas veces (quizás deberían ser más), un poeta te invita a sentarte a la sobremesa de un poema y debatir con él de tú a tú, sin abstractos debates estériles. Esto ocurre en la que es la cuarta sección de este poemario, titulada «Dos ramas doradas».

Focalizándose en la observación del comportamiento de sus propios hijos, el poeta valenciano va desgranando, en fragmentos poéticos, ideas y observaciones sobre la juventud contemporánea, la llamada Generación Z y sus diferencias con la generación a la que pertenece el propio autor. Una brecha generacional a la que Viktor Gómez se atreve a mirar con la curiosidad con la que solo puede mirar un poeta experimentado.

el talón de Aquiles son los hijos
y mi generación lo sabe sin guerras
convencionales ni exilios: irrespirable
cotidianidad de los trastornos

Los poemas de Viktor Gómez superan el pensamiento tópico de que los jóvenes no van a sobrevivir al mundo en que vivimos. No los llama generación de cristal. Se plantea, por el contrario, la posibilidad de que quienes llegan van a crear un mundo a su imagen y semejanza, en el que quienes no sobrevivamos seamos las generaciones veteranas. Lo que cambia el mundo no son los ideales, la cultura; lo que cambia el mundo son las herramientas que recibe la sociedad, y los más jóvenes tienen unas herramientas (las que les hemos proporcionado) capaces de crear un mundo absolutamente nuevo e inexplicable (y en un tiempo récord). También el poeta debe ser capaz de ver esto.

el desajuste del mundo los desquicia
analógico, digital, es el pasado
lo que está emergiendo es cuántico
anti-intuitivo, holístico, post-patriarcal

Por lo tanto, en El que está en el aire encontramos la conversación de un poeta que sabe que no es lo suficientemente viejo como para darles buenos consejos ni lo suficientemente joven como para darles mal ejemplo. Aun así, aspira a incluir en sus poemas alguna verdad que mañana siga siendo cierta.

Hay poco arte, poca literatura en general, que exponga la experiencia del padre con su hijo. Padre ausente, padre estricto o maltratador y padre heroico son los tres arquetipos clásicos narrativos. Hay pocas visiones literarias desde el punto de vista de los cuidados. Pocas respuestas. Poco sobre el hecho de paternar. Viktor Gómez no utiliza la palabra paternar. Sí habla de maternidad y paternidad.

maternidad o paternidad empatan
cuando los hijos evidencian la ignorancia
ante las dificultades que sufren
más allá de las taxonomías tradicionales

Otros autores han indagado recientemente en los cuidados por parte del padre (Andrés Neuman en su díptico Umbilical y Pequeño Hablante, Alejandro Zambra en Literatura Infantil o Pablo García Casado en su poema «Genoma», incluido en Cada uno es mucha gente). Ninguno utiliza la palabra paternar. Supongo que, en el caso de Viktor, como en el de estos autores y el mío propio, paternar es una palabra que nos llega tarde. Un verbo que llega tarde a sí mismo. En el momento de escribir estas líneas es un término en construcción. Un verbo bebé. Hay épocas en las que el lenguaje se tiene que ensayar a sí mismo para poder definir lo que viene. Esta es una. Las nuevas generaciones lo siguen haciendo, ensayando con el lenguaje para definir su realidad. Quizás paternar y maternar sean términos comunes en su vocabulario activo cuando sean adultos. Lo que no tiene nombre nos inquieta. Quizás por eso no le habíamos puesto nombre a la crianza por parte del padre. Hay cosas que no queremos nombrar porque no queremos que pasen. Afortunadamente, ya tenemos una palabra, aunque aún sea recién nacida. Un poco menos huérfanos de palabras.

Dos ramas doradas no es poesía y
…/…
…/…
es una deuda de amor que no vence

Paternar es construir un vínculo escasamente biológico, en general, mediante el lenguaje y la conversación. Intentar comprender a la generación que viene, desde la perspectiva del poeta, es intentar entender el tiempo. Y, en la forma fragmentaria que Viktor Gómez da a los poemas, compuesta por capas mezcladas a continuación, el orden de las palabras tiene poco que ver con el orden confuso en que nacen.

¿quién dijo que se puede saltar del tren
de alta velocidad antes de las paradas?
ellos nacieron en el vértigo del viaje
y yo desconozco la próxima estación

Escribir sobre la próxima generación, sobre su lugar en el mundo respecto al tuyo, escribir sobre una puesta de sol sabiendo que no existe, que es solo una ilusión óptica debida a la perspectiva, no la convierte en desilusión óptica. El orden del tiempo siempre tiene algo de reconstruido. El discurrir de la realidad es más fluido que cualquier esforzado intento lírico por capturarlo. No es el mapa de la realidad: es una forma de almacenamiento de la memoria.

¿hemos vuelto a la guardería y los hijos
son los docentes que muestran lo que no hay que hacer?
uno siente que no sabe lo que precisaría
y ellos saben lo que no les van a dejar ser

Hay cosas que hacemos, pero no contamos (aunque sean buenas). Me pregunto por qué. ¿Por qué no reivindicar las ganas de criar, de cuidar, de paternar? Quizás por no dejarnos llevar por el alardeo moral (quizás nuestros hijos lo llamen virtue signaling o postureo ético). Quizás por no entender que paternar y maternar son intersecciones. Viktor consigue dar forma a correlaciones que le permiten representarnos, significarnos. Comprender es identificarse con lo que se intenta comprender. Por eso es tan difícil y tan loable la labor que hace en esta parte del libro.

con todo son la mitad de simples
que sus padres y el presente
es más complejo, las trampas ahora
están escritas también con su caligrafía

El presente de la crianza es tan precario y vertiginoso que se ve sepultado por la demanda del siguiente presente, de tal manera que la vida y la crianza se escurren entre los dedos. Cuando hay alguien que crece a toda velocidad y unos cuidadores que corren de forma torpe y apresurada detrás de sus expediciones, el riesgo de que se evapore la experiencia es total. En definitiva, en la medida de lo posible, es necesario narrar la crianza para no olvidarla.

no sé cómo aprender de mis hijos
lo cual es clave para que la vida
común no nos devore, liquide,
sin llegar a florecer al menos una tarde

Para no olvidar y para tener las respuestas que no se nos ocurrieron a tiempo. Para esto tiene sentido la poesía de Viktor Gómez Ferrer.