Por Blanca Lozano
La obra de teatro dirigida por Eva Manjón, escrita e interpretada por Gaia Doblas y con banda sonora original de Juanjo Molina, es una de las nuevas incorporaciones del Gran Teatro Pavón de Madrid. En su corta trayectoria, ha sido galardonada con el Premio Godot del Público y tras una temporada en taquilla, regresa a la reconocida sala madrileña el 13 de septiembre.
“La Rosa 14” propone un viaje al pasado a través de la mirada de Carmen Cuesta Rodríguez, también conocida como la rosa catorce, amiga de las Trece Rosas y superviviente de la Cárcel de Ventas. El personaje de Carmen interpretado por Gaia Doblas funciona como hilo conductor de esta historia de amistad, lucha y dolor; haciendo partícipe al espectador de lo ocurrido durante su propio juicio, con el principal objetivo de conmemorar a todas sus compañeras.
Que mi nombre no se borre de la historia
El 3 de agosto de 1939, tras el fin de la Guerra Civil Española, trece mujeres (en su mayoría menores de edad) fueron acusadas de reorganizar las Juventudes Socialistas Unificadas y el Partido Comunista. Condenadas a pena de muerte y fusiladas el 5 de agosto de 1939 frente a las lápidas del Cementerio del Este en Madrid. Se las conoce como las Trece Rosas y su historia, una de las más trágicas y conmovedoras de la dictadura, sigue dejando huella a día de hoy, tanto entre quienes la vivieron como en las nuevas generaciones.
“Que mi nombre no se borre de la historia”, ese fue el mensaje que dejó Julia Conesa Conesa, una de las Trece Rosas, en la última carta que escribió a sus familiares antes de su fusilamiento. Mantener ese legado ha sido el principal objetivo de Gaia Doblas, actriz y guionista de la obra, al crear e interpretar esta historia: recordar a las trece mujeres asesinadas. “Es un regalazo como actriz hacer un personaje así con el que puedas emocionar a la gente y encima sentir que estás haciendo algo importante. Aunque lo que realmente importa es honrar y homenajear a estas mujeres. Creo que es muy complicado no conectar con una obra tan visceral, tan humana y tan real, por eso la gente sale emocionada del teatro, porque saben que la historia ocurrió de verdad”, señala la intérprete.
La joven actriz malagueña narra esta historia desde la sensibilidad más pura y el respeto absoluto, con el fin de recordar lo vivido para que no caiga en el olvido. Busca tomar conciencia y mantener viva la memoria histórica, dando voz a todas aquellas mujeres que fueron silenciadas. “Esta obra trata sobre los derechos humanos y sobre lo fácil que es perderlos, sobre la humanidad y sobre la memoria. Ver que conecta con la gente me hace confiar un poco más en el mundo en el que estamos”, afirma la protagonista que a través de una interpretación conmovedora, cautiva al espectador desde el primer momento, haciéndole reír y llorar a partes iguales. Con este proyecto ha conseguido posicionarse como una de las nuevas promesas del teatro español, demostrando que en el arte, también hay espacio para la gente joven.
Sólo quiero recordar a mis amigas, a las trece
El montaje se basa en una propuesta sencilla pero impactante, cuenta con una escenografía escueta, no necesita apenas atrezzo, son ellas las que acaparan las miradas del espectador. Las trece actrices que interpretan a las Trece Rosas habitan el escenario, ocupando el lugar que merecen para ser recordadas. Paula Arguimbau, Ana Celeiro, Adriana Cura, Almudena Escoriza, Blanca Lozano, Sara Menea, María Mérida, Marta Navarrete, Nikole Olabarrieta, Gisela del Pino, Ana Pro, Irene Pullido y Luiza Saviello (junto a la incorporación de Teresa Lepe, Ana Molina y Clara Romeu) dan voz, cuerpo y alma a las trece jóvenes cuyas vidas fueron arrebatadas, y lo hace a través de diversos tipos de interacciones.
“Para mí, las trece rosas tenían que estar en escena sí o sí. A veces juegan como coro griego, simplemente palpitando en escena, otras veces como las propias identidades de las trece rosas con su nombre y apellidos, en ocasiones juegan como escenografía propia de la obra y también como carriles dramáticos”, explica Eva Manjón, directora de la obra, la cual percibía la presencia del coro griego desde el principio, reuniendo así uno de los códigos universales del teatro.
Esta singular propuesta, apuesta por generar una mayor cercanía con el público, permitiendo al espectador sentir la presencia de las trece jóvenes a la vez que va siguiendo el relato de Carmen Cuesta. A lo largo de la obra, la dureza de lo relatado se aligera con partes más cómicas, bailes y canciones de aquellos años, que adentran al público en la época de posguerra. A pesar de la incorporación de licencias narrativas, la memoria histórica está muy presente en el recorrido del relato como parte fundamental de la narrativa. “Se pasa del presente al pasado constantemente, de lo onírico a lo realístico. No tenemos que avisar al público porque el espectador “compra” la acción desde el principio. Nadie sale diciendo “no he entendido nada” porque al final es un código teatral, pero a la vez es muy naturalista y didáctico”, confiesa la directora.
No sé cuándo será, pero sé que seguirán floreciendo
Eva Manjón, directora y productora de “La Rosa 14”, compagina su trabajo como actriz con su faceta creadora. Durante los últimos años ha dirigido numerosas obras de teatro entre las que destacan los musicales “Christmas Dreams” o “Mi última noche con Sara”. Esta temporada, desde Evita Produce, ha decidido apostar por un proyecto totalmente distinto. “Llevábamos un par de temporadas largas produciendo y dirigiendo musicales familiares y al final el corazón te pide algo más. Cuando me llegó esta historia de la mano de Gaia Doblas, en un contexto sociopolítico bastante convulso, de repente empezó a palpitar algo”, detalla Manjón.

Todas las fotografías realizadas por Joe Lozano durante el estreno de “La Rosa 14” en el Gran Teatro Pavón.
Una dirección artística impoluta, que no necesita recurrir a la sangre para denunciar lo ocurrido, que se basta con transmitir desde el corazón. La obra adquiere una identidad muy concreta a través de un estilo definido, escueto pero limpio. Construye a partir de diversas estrategias con el fin de atravesar al espectador: “He querido trabajar con códigos como el coro griego, los flashbacks, la cuarta pared que se rompe, los constantes vaivenes entre lo onírico y lo real… esa era la concepción que tenía del espectáculo desde que leí el texto”, confiesa la directora recalcando que su objetivo era crear un espectáculo que fuese entendido por cualquier tipo de mirada y que a pesar de ser abstracto, fuese humano y cercano.
Esta obra no pasa desapercibida, consigue impactar tanto en los que vivieron lo ocurrido, como en las nuevas generaciones que buscan conocer el pasado de su país a través del arte. Con todo ello, el equipo de “La Rosa 14” busca preservar esta historia, rindiendo homenaje a todas y cada una de las mujeres valientes. Tal y como sostiene Gaia Doblas: “Por más nombres de mujeres en la historia, por ellas y por las que vienen detrás”.




