Por Walter Flores

Hay derrotas que parecen definitivas. La muerte de alguien querido es una de ellas. Contra ella no sirven los argumentos, ni las explicaciones, ni siquiera el paso de los años. Pero quizá quede una última arma: la imaginación.

Con ella, Javier Puebla ha decidido plantar cara a la muerte.

El escritor madrileño ha ganado por unanimidad el XXX Premio Ciudad de Salamanca de Novela con Las carpetas del tiempo, una obra que convierte el duelo, la memoria y el deseo de recuperar a quienes hemos perdido en materia de literatura. El premio, dotado con 15.000 euros, supone además la publicación de la novela por Ediciones del Viento.

Javier Puebla – ALT autores editorial

Puebla se ha impuesto con ella entre 621 novelas llegadas de 22 países. Pero lo verdaderamente extraordinario de Las carpetas del tiempo no está solamente en el premio ni en las cifras. Está en la pregunta que se atreve a formular: ¿y si la muerte no tuviera necesariamente la última palabra?

El protagonista, Javier Panizo, es un ensayista que convive con muchos escritores dentro del alma de su creador: el Tronco. Panizo no acepta que su mejor amigo haya muerto. No puede. No quiere. Y, en lugar de resignarse, inventa una teoría. La llama «Las Carpetas del Tiempo».

Según esa teoría, existe una edad que no aparece en ningún documento, que no se puede calcular con calendarios ni certificados. Es nuestra edad interior. Una edad que cambia, que retrocede, que avanza, que se transforma. Una edad que pertenece al territorio misterioso donde viven los recuerdos, los deseos y las personas que seguimos llevando dentro.

Y ahí comienza la batalla.

El Tronco utiliza la escritura, la imaginación y esa particular concepción del tiempo, para recuperar a quien ha perdido. La novela convierte así el dolor de la ausencia en un acto de resistencia. Escribir ya no es simplemente contar: puede convertirse en conjurar, convocar, resucitar.

No es casual que uno de los miembros del jurado haya definido la obra como «un precioso himno a la resurrección».

El jurado ha valorado la imaginación y la voz narrativa de una novela que mezcla autoficción, fantasía, humor, ensayo y memoria cinematográfica. Y precisamente esa mezcla parece ser la que permite a Puebla acercarse a un asunto universal sin encerrarlo en una única respuesta.

Porque todos hemos perdido a alguien. Y todos, de una manera u otra, hemos intentado alguna vez hacerle volver: mirando una fotografía, repitiendo una frase, escuchando una canción, regresando a un lugar, contando una historia.

Puebla lleva toda una vida explorando las posibilidades de la literatura. Ya a los seis años escribía las aventuras de un niño que vivía en Australia y que protegía a sus padres de los malos con la ayuda de un conejo telépata y un canguro boxeador. Ya de adulto fue Nadal en 2004 con Sonríe Delgado, obtuvo el Premio Internacional de Novela Luis Berenguer por La inutilidad de un beso y recibió en 2010 el Premio Nacional Cultura Viva por el conjunto de su obra.

También ha demostrado una relación poco convencional con la escritura: en El año del cazador escribió un cuento cada día durante un año, hasta completar 365 relatos. Siendo el primer escritor de la historia en enfrentar tamaño desafío.

Ahora, con Las carpetas del tiempo, vuelve a hacer de la literatura un lugar donde demuestra que lo imposible, cuando se hace posible, deja de serlo.