Por Paloma Rodera Martínez

Visitas con artistas, performances, música, talleres, videojuegos, conversaciones y acciones colectivas amplían la primera edición de la Bienal Burgos más allá de los espacios expositivos
Desde el pasado 24 de septiembre, Burgos se ha convertido en escenario de una nueva cita con la creación contemporánea. La primera edición de Bienal Burgos, que podrá visitarse hasta el 10 de enero de 2027, propone algo más que una sucesión de exposiciones: transformar durante unos meses la relación de la ciudad con el arte y convertir al espectador en algo más que un visitante.
Organizada por la Fundación Caja de Burgos dentro de los actos conmemorativos del centenario de Caja de Burgos, la Bienal reúne a 38 artistas y despliega pintura, dibujo, escultura, instalación, vídeo, diseño experimental y otras formas de creación contemporánea a través de una red de museos, centros culturales, edificios patrimoniales y espacios públicos.
El río Arlanzón funciona como uno de los ejes de un recorrido que se prolonga hacia distintos puntos de la ciudad, incluido el barrio de Capiscol. La propia geografía urbana se incorpora así al proyecto: el arte abandona parcialmente la lógica del recinto para aparecer también en lugares de tránsito, edificios históricos, comercios o espacios que habitualmente quedan fuera del circuito expositivo.
Un primer fin de semana junto a los artistas
El fin de semana inaugural ha permitido comprobar una de las claves del proyecto: la posibilidad de conocer las obras acompañados por quienes las han creado.
El viernes 25 de septiembre, Kim Dorland, Anni Lepälä, Fernando Martín Godoy, Fernando Renes y Shynola recorrieron con el público sus proyectos en el CAB. La jornada incluyó también intervenciones en el Museo del Retablo y el Palacio de la Isla y una propuesta especialmente singular en la Quinta de San Agustín, donde Honey & Bunny presentaron una performance con cena concebida específicamente para la inauguración de la Bienal.
El sábado 26, Zilla Leutenegger, Pilar Millán, Lucy Orta e Iván Pérez presentaron en el Silo de Capiscol Ejercicios contra el olvido. Poco después, Zhanna Kadyrova mostró por primera vez en España su obra Instrument, acompañada por una intervención musical de Juan Antonio XAS, mientras Meiro Koizumi condujo al público por su instalación en el Palacio de Capitanía.
Las visitas continuaron durante la tarde a través de comercios, el Museo de Burgos y el Museo de la Evolución Humana.
El domingo llevó la experiencia hacia registros aún más lúdicos: una performance de Lewis Prosser incorporó una competición de bolacuerno en la Quinta de San Agustín, mientras la Capilla del Instituto Cardenal López de Mendoza acogió una propuesta dedicada a los videojuegos independientes.
La Bienal plantea así desde su comienzo una pregunta relevante: ¿qué ocurre cuando mirar una obra deja de ser el único modo posible de relacionarse con ella?
Escuchar también forma parte de mirar
Tras este primer fin de semana, el programa continuará desplegándose durante los próximos meses. La música tendrá una presencia destacada y funcionará, en varios casos, como una extensión de las propias obras.
El 17 de octubre, el dúo Simoneta llevará al Silo de Capiscol Canción para dos, una experiencia concebida para grupos mínimos —habitualmente parejas— que podrán elegir la canción que desean escuchar. La cercanía sustituye aquí a la lógica habitual del concierto multitudinario.
La obra Instrument, de Zhanna Kadyrova, será además el punto de partida de tres conciertos protagonizados por Magdalena Jones, Matthew Jorysz, organista principal de la Abadía de Westminster, y Esther Ciudad.
Otro de los formatos poco convencionales llegará el 14 de noviembre, cuando Rufus T. Firefly ofrezca en el CAB un concierto escuchado mediante auriculares inalámbricos. Cada asistente recibirá la misma mezcla sonora interpretada por la banda en tiempo real, desplazando nuevamente las convenciones desde las que percibimos una actuación musical.
La clausura, el 9 de enero, estará protagonizada por Polaris, una propuesta en la que techno melódico, arte con inteligencia artificial y diseño lumínico confluyen en una experiencia inmersiva.
Hacer, conversar, intervenir
Uno de los aspectos más interesantes del programa es precisamente su voluntad de no reservar la Bienal únicamente a quienes ya frecuentan el arte contemporáneo.
Habrá talleres para niños, mayores de 65 años y público general; experiencias en torno al collage, la cerámica, la creación de instrumentos o la construcción de mapas visuales de la memoria; además de acciones colectivas en las que la obra surge de la participación.
El estudio burgalés Quack Estudio, por ejemplo, dirigirá el 24 de octubre la creación de un gran mural urbano colaborativo que permanecerá en el almacén del Silo de Capiscol. En noviembre, Sombras en equilibrio invitará al público a generar siluetas inspiradas en la obra de Zilla Leutenegger hasta conformar conjuntamente otro mural.
También habrá cometas, juegos y fotografía. La iniciativa Bienal enfocada recogerá imágenes realizadas por los propios visitantes durante sus recorridos por las exposiciones y seleccionará dos de ellas para ser impresas y mostradas físicamente en el CAB.
A estas acciones se suma un programa de conversaciones que aborda cuestiones centrales para pensar la creación contemporánea: la diferencia entre arte y artesanía, el significado de la estética o la consideración del videojuego como medio expresivo.
El ciclo Artistas y procesos creativos se adentra, además, en aspectos menos visibles pero determinantes de la práctica artística. Ser artista y vivir de ello pondrá sobre la mesa cuestiones como los ingresos, el tiempo, los cuidados, los encargos, el mercado o la libertad creativa; mientras que Nadie crea en solitario abordará el papel de las redes, las alianzas y la comunidad.
Una Bienal que quiere permanecer en la ciudad
La mediación aparece, de este modo, no como un añadido posterior a la exposición, sino como una parte estructural de la propuesta. Durante los meses de duración de la Bienal habrá visitas comentadas, recorridos por obras situadas en espacios públicos y un programa educativo dirigido a colegios e institutos de la provincia.
Incluso algunas de las actividades más inesperadas responden a esa intención de transformar la observación en experiencia. El 12 de diciembre, Lienzo líquido propondrá acercarse a la pintura de Kim Dorland a través de una carta de cócteles creada por el mixólogo Max Vázquez a partir de sus colores, texturas y matices. Ese mismo día, el Museo de la Evolución Humana acogerá el estreno de Limani, de la compañía Cal y Canto, una pieza visual y poética en torno al tránsito y los encuentros humanos.
Entre la exposición, la acción colectiva, la conversación, el sonido, la educación y el juego, esta primera Bienal Burgos plantea una definición deliberadamente expandida del acontecimiento artístico.
Porque quizá una bienal no deba medirse únicamente por aquello que consigue mostrar durante unos meses, sino también por las relaciones, conversaciones y formas de mirar que logra dejar instaladas cuando sus obras desaparecen.
Bienal Burgos
Del 24 de septiembre de 2026 al 10 de enero de 2027
Burgos
Programa de actividades: bienalburgos.com

