Santiago Alfonso López Navia (Madrid, 1961) es doctor en Filología por la UCM, doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación por la UNED y doctor honoris causa por la Universidad SEK de Santiago de Chile, donde preside la Cátedra de Estudios Humanísticos Felipe Segovia Martínez. Catedrático de Filología en la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), su labor docente e investigadora gravita en torno al cervantismo, la retórica y la literatura comparada. Como creador literario ha cultivado la narrativa y muy especialmente la poesía, con diecisiete poemarios publicados. Integrante del grupo Paréntesis y del comité editorial de La Discreta, reúne ahora en En esta mi demanda. Sonetos incompletos (Mahalta Ediciones, 2026) una amplia muestra de su empeño con la estrofa clásica a lo largo de su trayectoria.
Los sonetistas somos compañeros históricos de una búsqueda inconclusa
Javier Gilabert: Quinientos años después de que Andrea Navagero persuadiera a Juan Boscán en la Alhambra para aclimatar el soneto al castellano, emprendes en esta obra el ajuste de cuentas con tu propia trayectoria poética. ¿En qué medida sientes que persistes, como Boscán con el aval de Garcilaso, en una «demanda» que para muchos resulta contracorriente?
Tal como digo en mi nota de autor al principio del poemario, es una afortunada casualidad que su publicación se produzca precisamente quinientos años después de ese encuentro tan fecundo entre Andrea Navagero y Juan Boscán, cuya pericia en el cultivo del soneto perfecciona los intentos, por lo demás muy meritorios, que hizo el marqués de Santillana con sus Sonetos fechos al itálico modo a mediados del siglo XV. Espoleado por el ejemplo luminoso de Garcilaso, yo también persisto, como le explica Boscán a la duquesa de Soma en una carta, “en esta mi demanda”. Creo que somos unos cuantos quienes lo hacemos, por más que, en efecto, el soneto implique unas exigencias y un grado de elaboración que tienen muy poco que ver con cierta corriente de la poesía actual. Los sonetistas somos compañeros históricos de una búsqueda inconclusa. Estoy seguro de que la estrofa resistirá y con ella persistirá la demanda.
La selección que conforma este poemario es connaturalmente incompleta
Subtitulas la antología como Sonetos incompletos, aclarando en la nota preliminar que la tarea dista de estar concluida y que aún aguardan sonetos por escribir. ¿Cómo dialoga la noción de «lo incompleto» con la búsqueda de perfección métrica que exige una estrofa tan cerrada?
En esa búsqueda está el reconocimiento del desafío, el esfuerzo y las limitaciones que debe emprender quien frecuenta el soneto. Esa es una primera dimensión de lo incompleto de la tarea. La otra es que la selección que conforma este poemario es connaturalmente incompleta: no están en él todos los sonetos que he escrito –ni los ya publicados ni los inéditos– y está en mi ánimo seguir escribiendo otros de aquí en adelante.
El soneto llamó mi atención desde mi infancia
Tras cuatro décadas de dedicación a esta forma y tras reunir una producción tan monumental, ¿de dónde nace esta viva querencia por el soneto y qué te sigue ofreciendo hoy que no encuentres en el verso libre o en otras estructuras?
El soneto llamó mi atención desde mi infancia, y se acentuó en mi adolescencia sobre todo (pero no sólo) gracias a la influencia de Blas de Otero. Lo que me ofrece el soneto es la posibilidad de expresar de forma breve y elaborada una idea, un sentimiento y en algún caso un suceso o una historia, que exigen ser formulados y comprendidos en un marco estrófico en cuyas aparentes limitaciones se puede decir mucho si se sabe hacerlo.
El poeta debe conseguir salirse con la suya
En el volumen conviven sonetos endecasílabos clásicos, alejandrinos, hexadecasílabos, sonetos ingleses e incluso un sonetillo satírico. ¿Hasta qué punto la estructura rígida de catorce versos constituye una camisa de fuerza o, por el contrario, un catalizador para el juego formal y la libertad expresiva?
Sin duda esa estructura es para mí lo segundo: un catalizador al servicio de una expresión que se ajusta a una arquitectura rítmica y retórica en la que, en efecto, cabe el juego; una arquitectura sólida que no limita, sino que acoge. Hay que tener en cuenta, además, las muchas variaciones a las que se presta la estrofa, desde el dinamismo y la agilidad que caracterizan a los versos octosílabos del sonetillo hasta la fuerza elegíaca que puede conseguirse en un soneto hexadecasílabo, por poner sólo dos ejemplos. Sea cual sea la variante, el poeta debe conseguir salirse con la suya (o sea, decir lo que quiere decir) y hacerlo de modo tal que lo que diga se entienda, sin estirar las posibilidades del lenguaje, y además sea “poético” en el sentido que tan lúcidamente explicó mi maestro Carlos Bousoño. Esto implica una elaboración formal (lo que él llama modificación del uso) y una respuesta en el lector (la emoción en un sentido amplio) que ilustra lo que Bousoño denomina “asentimiento”, y todo ello –y esto es fundamental– sin menoscabo de la claridad.
La arquitectura del libro se divide en cinco apartados («Bruma y temblor», «Herida y tempestad», «Claridad y homenaje», «Filo y fulgor» y «Arrebol y bonanza»). ¿Cómo se articuló esta reordenación conceptual respecto al orden meramente cronológico o procedimental de los libros donde vieron luz por primera vez?
El criterio que he seguido para esa reordenación es el sentimiento que anima a los poemas que se adscriben a cada uno de esos cinco apartados, y confío en que los títulos por los que he optado para ellos sea lo suficientemente elocuente como para dar al lector las pistas necesarias. En todo caso, y como explico al principio del poema, cabría la posibilidad de adscribir un mismo poema a dos apartados diferentes. He procurado elegir en cada caso el más coherente con el sentimiento que me llevó a su escritura.
He querido ofrecer algo nuevo
Un tercio de la obra lo integran sonetos inéditos. ¿Qué aportación temática o formal traen estos nuevos poemas frente a los rescatados de títulos anteriores como Tremendo arcángel, Ética y retórica a Jacobo Sadness o Pasmos de Tediato?
La principal razón que anima esa significativa cantidad de sonetos inéditos es la de conseguir que el poemario trascienda las convenciones de una recopilación al uso y el lector pueda participar del resultado de esa intención, que además está estimulada por un ejercicio de honradez. No me ha bastado con recordar lo que ya está escrito; he querido ofrecer algo nuevo. En este proceso ha sido determinante la estrategia del editor, Francisco Caro, que tenía muy claro que había que demorar la publicación del libro más allá de mis expectativas. Esa visión inteligente se tradujo en el tiempo necesario para la escritura ilusionada de una buena cantidad de poemas nuevos, y reconozco con agradecimiento el acierto del plan.
Para la selección de los sonetos procedentes de Tremendo arcángel y Pasmos de Tediato confiaste en el criterio de un grupo de amigos y escritores. ¿Cómo ha sido la experiencia de someter la propia memoria poética al filtro y la mirada de otros creadores?
Lo hice buscando una mayor objetividad, si es que esto es posible. Ha sido muy significativo y gratificante comprobar que las personas (a quienes
cito oportunamente en mi nota de autor) que han participado en la selección de los sonetos de esos dos libros, tan generosas como autorizadas, han mostrado una reveladora afinidad en su selección.
Te pongo en el habitual aprieto de esta casa: si tuvieras que elegir sólo tres sonetos de toda esta entrega para salvarlos del fuego, ¿cuáles serían y por qué?
Elegiría “Nodiseo”, “Pásmase Tediato por la llegada de los extraños seres denominados therians a la ya muy desquiciada fauna universal” y “Barcos de papel”, no porque quiera salvarlos del fuego frente a los otros (no quiero que arda ninguno), sino porque representan con claridad tres intenciones y sentimientos diferentes y se ajustan a tres modelos formales diversos: un soneto alejandrino, un soneto inglés (en este caso de acuerdo con el modelo clásico) y un soneto endecasílabo, ilustrativo del modelo quizá más común.
La voz de mis heterónimos es autónoma, pero nunca independiente
La heteronimia y la creación de máscaras literarias atraviesan tu producción: de Jacobo Sadness a Antero Freire o Sir Yago de la Eterna Encrucijada. ¿Qué te permite decir el soneto a través de estos personajes que la voz poética directa quizás tamizaría?
La voz de mis heterónimos es autónoma, pero nunca independiente, y me permite configurar un sistema en el que cada uno de ellos suele caracterizarse por algún rasgo dominante: Jacobo Sadness es apasionado y existencialista; su maestro Antero Freire es sosegado y reflexivo, con un punto evidente de estoicismo; Tediato es mordaz y crítico, y Sir Yago de la Eterna Encrucijada es noble e idealista. James Wolfson no se expresa en sonetos; de ahí que no esté en esta selección.
La sátira es tanto más eficaz y contundente cuanto más breve
La sátira y el humor inteligente impregnan la sección «Filo y fulgor», donde desfilan desde la estulticia de las redes sociales hasta la estampa burlesca de Godzilla en el Tormes o el virus del coronavirus. ¿Es el soneto una herramienta ideal para la desmitificación y el dardo satírico en el siglo XXI?
Sin duda es así, como lo fue en los Siglos de Oro. Muchas veces la sátira es tanto más eficaz y contundente cuanto más breve. Los registros del español clásico son perfectamente válidos en nuestros días y crean, además, una ilusión de atemporalidad o transtemporalidad (valga la palabra) que no pierde fuerza, sobre todo cuando el lector es suficientemente inteligente.
Escribir un soneto ajustado a la contrainte du prisonnier es especialmente complejo
Entre tus juegos formales destaca el uso de la contrainte du prisonnier en «Lo más fatal aún (si cabe)», donde eliminas las letras que sobresalen de la línea. ¿Qué papel desempeña el taller oulipiano dentro de tu concepto de la creación métrica?
El papel que tiene el juego de la contrainte du prisonnier es circunstancial, pero muy gratificante. En 2017, en los meses que siguieron a la publicación en La Discreta de un verso en una casa enana (el uso de la minúscula en “un” no es un error) de Pablo Moíño, los miembros del comité editorial nos entregamos con entusiasmo a la escritura de “textos enanos”, de acuerdo con la limitación que consiste en escribir usando exclusivamente las letras que no sobresalgan de la línea ni hacia arriba, como la “h”, ni hacia abajo, como la “g”. El juego fue inventado por el Oulipo, el grupo literario francés creado a mediados del siglo XX con el ánimo de renovar lúdicamente la escritura creativa. De ahí nacieron mis dos únicos “sonetos enanos”, uno de los cuales forma parte de este poemario. Escribir un soneto ajustado a la contrainte du prisonnier es especialmente complejo, porque hay que combinar las exigencias métricas y rítmicas del soneto con las propias de la convención inventada por el Oulipo sin forzar la claridad del mensaje.
Mi formación filológica ha sido determinante en mi trayectoria creativa
Tu faceta de investigador en retórica se trasluce en poemas como “Lectio quinta” o las derivaciones de la ignoratio elenchi. ¿Dónde se cruza el catedrático de retórica con el poeta a la hora de armar un poema?
En términos generales, mi formación filológica ha sido determinante en mi trayectoria creativa. En el caso particular de mi libro Ética y retórica a Jacobo Sadness (2009), al que pertenece la “Lectio quinta”, mi principal interés es el dominio del silencio, que es, sin duda, la lección más importante y difícil de la retórica. La clave no está en saber hablar, sino en saber callar “en todos los idiomas de Babel”, como dice el último verso de ese poema. Eso es lo que le recomienda el maestro Antero Freire a su discípulo Jacobo Sadness.
Cervantes es mucho más que una influencia
El cervantismo es una de las grandes vigas maestras de tu labor académica. En el libro no sólo homenajeas a Cide Hamete Benengeli o a las lecturas del Persiles, sino que dedicas versos a reconocidas investigadoras del universo cervantino. ¿De qué forma moldea la sombra de Cervantes tu relación con el lenguaje y la ironía?
Cervantes es mucho más que una influencia en mi trayectoria creativa; es toda una forma de mirar, y, sobre todo, de ver. Esa perspectiva está formalmente aderezada por una propuesta formal a la que no puedo ni quiero sustraerme, y se complementa con un universo cervantino del que también forman parte entrañable los colegas y amigos a los que rindo homenaje en la sección “Claridad y homenaje” y en otros poemas (no solo sonetos) de otros libros anteriores.
En la sección final, “Arrebol y bonanza”, se respira una mirada nostálgica y conmovedora hacia la infancia: las Mañanas de Reyes, los tebeos, los barcos de papel o el regreso a la casa familiar. ¿Es el soneto un vehículo capaz de capturar la inocencia sin caer en el sentimentalismo?
Eso es lo que pretendo, y para eso, en esos temas que citas, he dejado hablar al niño que siempre vive en mí y conmigo y que ya se ha manifestado en mis poemarios Ensueño y mediodía, 25-33 y Reino (Éramos) y en mi librito de relatos Cuentos de barrio y estío. El soneto se presta de forma muy amable a la reivindicación de esa inocencia, siempre muy sentida, pero nunca sobreactuada.
Como es tradición en la sección, ¿a qué autor o autora te gustaría invitar a este mismo espacio?
Entre otros muchos (necesitaría varias líneas), me gustaría que entrevistaras a César Rodríguez de Sepúlveda.
***
Tres poemas de En esta mi demanda. Sonetos incompletos
NODISEO
El Ponto, antes camino, se viste de muralla.
No sé a dónde regreso, no conozco mi tierra.
Mi memoria la envuelve la bruma de una guerra
que no perdona el tiempo, que el olvido no acalla.
¿Dónde atraca mi nave? No conozco esta playa.
En su arena está escrita la ley que me destierra.
Ítaca no me quiere. Su puerta se me cierra.
No encuentro nada mío donde quiera que vaya.
Del rey que fui no queda ni recuerdo ni nombre.
Argos no sale al paso, Penélope se ha ido
y del cielo de entonces no queda ni una nube.
En mi palacio roto ya solo soy un hombre
sepultado en las ruinas de mi reino perdido
y lloro por la herida de todo lo que tuve.
PÁSMASE TEDIATO POR LA LLEGADA DE
LOS EXTRAÑOS SERES DENOMINADOS
THERIANS A LA YA MUY DESQUICIADA
FAUNA UNIVERSAL
¿No es linda cosa que estos carcamales,
Cratilo, en estos tiempos tan atroces,
pretendan sentar plaza de animales,
mansos los unos y otros más feroces?
¿Podrán averiguarse en esta extraña
Babel de tarascadas y gañidos?
¿Se entenderá la mosca con la araña?
¿Concordarán los trinos, los aullidos,
el bronco barritar del elefante,
el mugido del toro, el ronroneo,
el bramido del ciervo, el arrogante
rugido del león y el crotoreo?
Urge, Cratilo, un nuevo diccionario
para entender la parla del bestiario.
BARCOS DE PAPEL
Bastaba una hoja blanca de papel
para hacer de mi mesa un astillero.
Qué fácil sin el mar ser marinero,
a medias armador y timonel.
Qué bien saberse dueño de un bajel
imaginando un río en un venero,
o gobernar las lluvias de otro enero
desde el puerto seguro que era aquel
mundo de piedra y barro de la acera,
cuando un papel y un palo prometían
ser ave, ser avión, hacerse barco,
aquel tiempo de dicha bucanera,
aquel tiempo sin tiempo en que cabían
los siete mares juntos en un charco.

