Pilar M. Manzanares.
Actriz, guionista y también directora, Lara Martorell vive uno de los momentos más creativos y personales de su carrera. En Cinco días con Lara deja a un lado los personajes para mirar de frente algunos de los episodios más difíciles de su vida; con Lo invisible se coloca también detrás de la cámara, y sobre las tablas de ¿Quién matará a Mesalina? encuentra en Salomé a una mujer juzgada por el relato que otros construyeron sobre ella. Tres proyectos diferentes atravesados por una misma necesidad: mirar donde duele, cuestionar los prejuicios y transformar las heridas en creación.

Lara Martorell.
- En Cinco días con Lara abres una parte muy íntima de tu vida. ¿Hubo algún momento durante el rodaje en el que pensaste: «Esto quizá es demasiado personal para compartirlo»?
Sí. Todos hemos vivido cosas y muchas veces nos obsesiona pensar qué va a pensar el otro. Pero cuando amurallas tu propio sufrimiento corres el riesgo de que termine devorándote desde dentro. Yo sentía que, al tener cierta notoriedad pública, podía compartir lo que me había ocurrido y ayudar a otras personas que han vivido situaciones por las que sienten una profunda vergüenza. Quería contribuir a dejar de culpabilizar a la persona que da el testimonio.
Una cosa es pensarlo y otra encontrarte rodeada de cámaras hablando de determinados episodios de tu vida. Hubo un momento en el que pensé que no iba a poder continuar. Gracias a Kiko Prada y al equipo, que me hicieron sentir muy arropada, seguimos. Creo que el documental acaba convirtiéndose en algo lleno de dolor y belleza, pero sobre todo de sanación y esperanza.
- Has dicho que querías contar tu historia «no desde la herida, sino desde la cicatriz». ¿Qué significa para ti?
Hacer las paces con aquello que nos ha ocurrido y de lo que no somos culpables. La mente busca continuamente un porqué. Y puedes terminar responsabilizándote de algo de lo que no debes. En mi caso ha habido un trabajo de sanación muy grande. Y quiero recalcar algo: la sanación no es lineal. He mejorado muchísimo estos últimos años y mi carrera también ha tenido mucho que ver, porque he podido desarrollarme profesionalmente en aquello que siempre quise ser: actriz.

Cinco días con Lara.
- ¿Qué has descubierto sobre ti durante Cinco días con Lara que no supieras antes?
Que he sido capaz de derribar mi mayor miedo y mi mayor vergüenza. Había algo que me aterraba contar y que pensaba que jamás sería capaz de verbalizar ante una cámara. Y lo hice. Ahora puedo decir: «Ojalá no hubiera tenido que pasar por determinadas cosas, pero estoy orgullosa de haber sobrevivido a ellas». Eso es lo que más me ha sorprendido: haber convertido mi mayor miedo y mi mayor vergüenza en resiliencia y orgullo personal.
Durante mucho tiempo me sentí devorada por las apariencias y por mi propia profesión. Parece que, cuando eres actriz o un personaje público, tienes que ofrecer una imagen impecable. Pero todos tenemos un pasado. Lo importante es qué haces con él. Lo que da miedo cuando eres una persona pública es pensar que alguien pueda utilizar ese pasado como arma arrojadiza. Por eso sentía que también era mi deber desestigmatizar determinadas situaciones.
- En Lo invisible das otro paso importante: directora, guionista y actriz. ¿Por qué decides colocarte también detrás de la cámara?
Llevo mucho tiempo escribiendo y tengo varios proyectos guardados. Incluso mi historia está escrita como película. Llegó un momento en el que estaba cansada de esperar a que me llamaran y de depender continuamente de los castings. Necesitaba crear.
Tampoco ha sido un salto improvisado. Llevo unos diez años trabajando como actriz y he estado con directores como Los Javis. Siempre he sido muy curiosa: durante los rodajes observaba los planos, cómo trabajaba el equipo, cómo se construía todo. Además, consumo muchísimo cine y series y he hecho talleres de dirección de actores. Tengo mucho que aprender, evidentemente, pero creo profundamente que se aprende haciendo.

Lo invisible.
- En Lo invisible abordas una agresión desde un punto de vista poco habitual: poniendo el foco en el agresor. ¿Por qué te interesaba mirar precisamente ahí?
En Lo invisible pongo el foco en el agresor y en cómo determinados discursos de odio y conductas pueden aprenderse y repetirse generacionalmente sin que nadie los cuestione. No quiero obligar al espectador a pensar de una determinada manera. Prefiero dejar espacios para que complete la historia, mire hacia donde necesite mirar y saque sus propias conclusiones. Me interesa generar conversación.
- ¿Qué te gustaría que el espectador se llevara a casa después de verla?
Empatía. Que vuelva a conectar con el otro. Da igual cómo se vista una persona, qué le guste o cómo se perciba. Hay maneras de vivir diferentes a la tuya que son igualmente legítimas. Y eso conecta Lo invisible con Cinco días con Lara, aunque sean proyectos muy distintos. En uno miramos al agresor y en el otro al testimonio de quien ha vivido determinadas situaciones. Pero ambos hablan, de alguna manera, de comprender y humanizar.
- En ¿Quién matará a Mesalina? interpretas a Salomé, una mujer que la historia convirtió en mito y pecado. ¿Qué encontraste en ella?
En el escenario ME atraviesa un espectro enorme de emociones: rabia, ira, deseo, atracción, humor, soberbia, peligro… Está condenada en una especie de purgatorio y toda la obra tiene una estética gótica, extraña y grotesca, con algo de Tim Burton. Hay un momento en el que entiendes realmente por qué está allí y aparece una Salomé casi sobrenatural. Y después llega un monólogo final que conecta con cómo se ha construido su historia. Creo que esa conexión es la que termina levantando al público de la butaca. El 31 de octubre estrenamos la obra en La Cartuja, en Sevilla.

¿Quién matará a Mesalina?
- La obra plantea algo muy actual: quién tiene derecho a contar la historia de una mujer y decidir cómo será recordada. ¿Las redes sociales han cambiado esa forma de juzgar?
Juzgar al otro siempre ha existido. Muchas veces nace de la frustración personal: poner el foco sobre otra persona evita que mires tu propia vida. La diferencia es que ahora las redes permiten hacerlo desde el anonimato, detrás de una cuenta falsa y con una enorme sensación de impunidad. Las redes pueden estar muy bien, pero tenemos que ponerles freno. Nos pasamos cualquier momento libre mirando el teléfono, y yo me incluyo. Por mi trabajo consumo demasiadas redes y uno de mis próximos retos es bajar esas revoluciones y ponerme límites. Las redes sociales no son un reflejo de la realidad ni tampoco del arte.
- Precisamente has sido muy crítica con el peso que tienen los seguidores en determinados castings…
Sí. Me da mucha pena porque nos olvidamos del séptimo arte. El cine no debería tener que ver con tus relaciones con las marcas o con el número de seguidores que tienes. Tiene que ver con la visceralidad, la verdad, la pasión y el talento. Hay actores y actrices con muchísimo talento esperando una oportunidad mientras a veces se prioriza la exposición mediática. Creo que hemos perdido un poco el norte con determinados castings. Tener muchos seguidores no convierte automáticamente a alguien en actor.
- ¿Qué proyectos tienes ahora entre manos?
Tengo algunos guiones. Me interesa un terror y un thriller con trasfondo, algo que también se necesita en la ficción española. Ahora estoy en Asturias y hay cuevas, túneles y lugares por los que paseo con mi perro Merlín que me han inspirado muchísimo. Mi intención ahora es meterme de lleno en la producción, montar mi propia productora y conseguir producir al menos una de estas historias lo antes posible.
- Actriz, guionista, directora… Si pudieras hablar con aquella Lara que empezaba y contarle dónde estás ahora, ¿qué sería lo que más la sorprendería?
Haberlo logrado. Yo siempre he sido una creadora, aunque durante mucho tiempo pensara simplemente que era fantasiosa. Siempre he tenido mundos interiores llenos de historias y cosas que contar. A veces ni siquiera soy consciente. Si pudiera hablar con aquella niña y contarle todo lo que he hecho y todos los proyectos que tengo ahora, lloraría. Nunca olvidaré cuando me dieron mi primer papel en una película. No me lo podía creer. Creo que aquella Lara tampoco podría creerse todo lo que ha venido después.

