Víctor Roque González

Ya tocaba una comedia de terror, ¿no?

Y volvemos a tener vampiros, pero esta vez de los tradicionales, de esos despiadados malnacidos cuyo corazón ha de ser atravesado por una buena estaca para acabar con ellos.

¿2011? Sí, se trata del remake del clásico de 1985 dirigido por Tom Holland, que tiene uno de los pósteres más icónicos del género. En serio, me encanta ese cartel: hace ya unas cuantas recomendaciones hablamos de Pesadillas, de R. L. Stine, y es que las portadas de sus libros beben muchísimo de ese diseño.

¿Y por qué el remake? Si la original es probablemente mejor, igual de divertida y con ese maquillaje práctico que tanto nos gusta —el aspecto de los vampiros en estas películas es verdaderamente aterrador, con colmillos más propios de un hombre lobo que de un no muerto—… Bueno, pero no tiene a Colin Farrell, ¿verdad?

Este actor derrocha carisma por los cuatro costados y se lo pasa en grande —como nosotros— como el vampiro y vecino Jerry, aterrorizando a Charlie Brewster (interpretado por Anton Yelchin, que en paz descanse) y a su familia.

Además, también tenemos por ahí a Toni Collette, Imogen Poots, Dave Franco, Christopher Mintz-Plasse, ¡e incluso a un divertidísimo David Tennant como el excéntrico cazador de vampiros Peter Vincent! El reparto es sencillamente irresistible, razón por la cual casi siempre recuerdo más esta cinta de Craig Gillespie.

Además, está disponible en Disney+.

Que no os muerdan.

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