JOSÉ LUIS MUÑOZ
Ya sabemos lo propenso que es el cine norteamericano a rodar sus propias versiones cuando una película europea le gusta. Michael Haneke aceptó esa nueva versión de Funny Games a condición de que él fuera el que la rodara plano por plano de su anterior película. La invitación es la versión americana de la película de Cesc Gay, nuestro Woody Allen, Sentimental que, a su vez, es la adaptación de su obra de teatro Los vecinos de arriba, pero no ha sido Cesc Gay quien corre con la dirección sino la norteamericana Olivia Wilde que se reserva uno de los cuatro papeles en la misma.
Ángela (Olivia Wilde), una esposa aburrida por la rutina matrimonial, de espaldas a su marido Joe (Seth Rogen), un músico fracasado que vive de dar clases, invita a cenar a la joven pareja de vecinos que viven en el piso de arriba formada por Hawk (Edward Norton), un bombero retirado por síndrome de shock postraumático, y su esposa española Pina (Penélope Cruz), una terapeuta sexual, a los que oyen cada noche mientras hacen el amor. Joe, que va a sacar el tema como queja durante esa velada, cambia de parecer cuando les proponen un intercambio de parejas y los invitan a participar en las orgías grupales que se montan sus desinhibidos vecinos.
Comedía erótica muy bien llevada por cuatro actores que funcionan a la perfección y nos ofrecen un repertorio de gags muy eficaces derivados de una serie de equívocos que van in crescendo a medida que la película avanza. Seth Rogen se lleva la palma con su interpretación histriónica del macho frustrado y reprimido y Penélope Cruz despliega todo un abanico de sensualidad en un personaje a su medida. Una sitcom rodada en un escenario único que derrocha frescura gracias a unos diálogos muy divertidos y golpes ingeniosos.

