Ainhoa Escarti

The White Lotus es ya icónica. Y si hay un personaje que logra ser el centro en cada temporada, incluso cuando no está, es Tanya. En esta serie de intriga y drama que transcurre en resorts de lujo, los personajes lo son todo; y, sobre todo, su transformación, muchas veces debida a una vulnerabilidad forzosamente sacada a la luz. En la segunda temporada nos trasladábamos a Italia. Allá seguíamos la intriga alrededor de Tanya, la histriónica mujer adinerada. Pero en el capítulo cinco, todos paramos cuando ella acude a la ópera: todo lo chirriante en ella se calma y se rinde ante la belleza de Madama Butterfly. Siempre soy fan de la ópera en lo audiovisual, pero esa forma de humanizar a Tanya antes de todo lo que va a pasar roza lo poético.