Gran angular, de Rafael Talavera

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Gran angular
Rafael Talavera

Por Recaredo Veredas.

Los cientos de poemas que constituyen Gran angular regalan al lector una auténtica lección de vida y madurez. Publicado por la Diputación Provincial de Cuenca, este volumen muestra la obra completa, hasta la fecha, de Rafael Talavera (1948), un verdadero poeta oculto, casi silencioso, y demuestra la existencia (cuestionada por muchos) de obras de auténtica trascendencia que no traspasan las barreras invisibles del mercado literario.

La obra de nuestro autor ha crecido, con un rigor y una constancia envidiables, ajenos a modas, tendencias y generaciones (falsas o reales) aunque sin escapar de las influencias irremediables, y también necesarias, de la sociedad que le rodeaba. Demuestran (aunque en sus 528 páginas haya también versos prescindibles) cómo la fortaleza de los verdaderos poetas estriba en comprender los sentimientos que todos compartimos y, sobre todo, en ser capaces de transmitir esa comprensión con la mayor elegancia posible, utilizando la más simple de las formas sin que exista pérdida de matices («y tus brazos crueles, como si realmente aprendiéramos a morir»).

Inmóvil nitidez
Aunque en los once libros que componen Gran angular se mantenga inmóvil la búsqueda de nitidez (no es un poeta que obvie la presencia del lector para sumergirse en su paraíso indescifrable, sino que trata en todo caso de transmitir su mensaje no por ello deja de poseer un gran atrevimiento formal. Puede comprobarse en ese peculiar híbrido de poema y narración, netamente expresionista, llamado “El vuelo de K” o en obras más pequeñas, más modestas en apariencia, como esa gozosa aproximación al haiku que es “Simple, simplemente”. Incluso, manteniendo su peculiar mezcla de contención y desgarro, puede alcanzar la expresividad meridional de un Lezama Lima, a quien llega a citar en uno de los libros. Excepto en los poemas sueltos que cierran el volumen, los diez libros restantes muestran una notable unidad, tanto temática como formal. Es el suyo un viaje de ida y vuelta. Las primeras obras muestran la cercanía con una lírica escueta, casi conceptual, cercana incluso a Valente, aunque nunca alcance su hermetismo, que lentamente crece, tanto en dimensiones como en expresividad, en capacidad para utilizar (sin caer en lo obviamente narrativo) la información más directa. Luego, en los últimos poemas, se percibe un regreso a la síntesis, a los trazos cortos, aunque matizados por una peculiar, y sólo en apariencia ingenua, ironía.

«Son las suyas reflexiones conseguidas
tras años de madurez,
que logran iluminar plenamente al lector,
colaborando a que comprenda mejor
su propia vida»

Posee una asombrosa capacidad para moldear con facilidad las grandes palabras aquellas que, en manos menos duchas, terminan provocando vulgaridad o grandilocuencia. No es menos hábil en la utilización de términos presuntamente poco poéticos, que quedan perfectamente ancladas en la obra: desde utensilios a términos navales, sin provocar el desplazamiento de la obra a zonas costumbristas (modernas, próximas al realismo sucio, pero costumbristas al cabo).

Es destacable su relación con las formas tradicionales, de las que se aleja pero conservando el vigor rítmico de quien ha conocido los fundamentos. Se percibe tanto en piezas sumamente breves (como los que llenan el poemario titulado “Fugaces”) como en largas distancias, donde roza incluso el barroquismo. Y todo ello evitando, en la medida de lo posible, el peligro del pastiche. También debe mencionarse la trascendencia del espacio, de unas localizaciones que, aunque escuetas en ocasiones, son en muchos casos motivo del poema y su correlato. Aparece también una sorprendente variedad en el tiempo externo, que oscila desde los pasajes homéricos a lo más contemporáneo.

Son las suyas reflexiones conseguidas tras años de madurez, que logran iluminar plenamente al lector, colaborando a que comprenda mejor su propia vida, ayudándole a traducir en palabras aquello que sólo mora en su conciencia como pensamientos dispersos: «La caída no importa, no es dramática. Si lo es el fracasar ya tan alto: hacer la prueba de la fe y hallarla brutal, y miserable, cuando todo era ya tan prodigioso». Aporta una mirada lúcida y sabiamente ingenua (sí, lo consigue, aunque parezca imposible) sobre temas tan complejos (y a la vez tan infinitamente tratados) como la muerte. Él mismo lo reconoce en “Divagaciones ingenuas en un tren amarillo”: «Nadie puede escapar, pero todo el mundo lo intenta: a través del olvido: de la velocidad: viendo pivotar soles y montañas».

Nos encontramos frente a un libro muy valioso, lleno de referencias metaliterarias (aunque nunca pedante) que ilumina el camino del lector hacia lecturas radicalmente nuevas, tanto poéticas como narrativas. Como él mismo apunta «el deber del poeta es bocetar el camino». Es de destacar la belleza y el cuidado de la edición, una muestra de la labor cultural que debe realizar una institución pública.

Gran angular
Rafael Talavera

528 páginas
Diputación Provincial de Cuenca, 2009

http://www.dipucuenca.es/

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