Lucrecio: la miel y la absenta

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Por Gonzalo Muñoz Barallobre.

Lucrecio: la miel y la absenta. André Comte-Sponville. Paidós (2009). 250 pp. 22 euros.

¡Miserables espíritus de los hombres, ciegos corazones!

¡En qué oscuridad, en qué absurdos peligros

Se consume para nada su vida insignificante!

¿No oís lo que grita la Naturaleza?

¿A caso desea otra cosa que la ausencia del dolor

para el cuerpo, y para el alma una felicidad pacífica,

Exenta de preocupaciones y curada del miedo?

En estos versos se da una combinación, casi alquímica, entre potencia y suavidad. Pertenecen a Lucrecio, a su obra inmortal De rerum natura, y son una de las muestras más grandes que ha dado la humanidad del matrimonio entre poesía y filosofía. En ellos las enseñanzas del filósofo del jardín, Epicuro, alcanzan unas dimensiones selváticas.

El epicureísmo busca una sabiduría, un arte de la vida y para la vida, que permita al hombre vivir sin miedo y, dentro de lo posible, evitar el dolor y encontrar el placer. Coherentes con la idea de que todo pensamiento hunde sus raíces en el cuerpo, éste ocupará un papel central en las enseñanzas epicúreas. Cada uno debe conocer sus límites y, según esta medida, imponerse unos hábitos que permitan la llegada del placer.

Pero si algo contamina nuestro cuerpo, y por tanto, nuestro espíritu, es el miedo. Por ello, debe ser extirpado de la manera más eficaz posible. ¿Dónde sitúa el pensamiento epicúreo su principal fuente? En la religión. Ella inyecta tinieblas en el corazón de los hombres arrojándoles a una vida sombría. La sospecha, la culpa y el temor al castigo determinan cada uno de sus gestos y la vida se convierte en un ejercicio amargo de permanente expiación. En esta medida el placer no puede entrar. El dolor lo ocupa todo y la profunda tristeza de no llegar a ser lo que -supuestamente- deberíamos ser inunda nuestro pecho.

Para eliminar la principal fuente del miedo, lo dioses deben morir. Pero Epicuro sabe que matar a un dios tiene un precio muy alto: su cadáver es una tierra fértil para malas hierbas intelectuales. ¿Cuál es la salida que toma? Los dioses existen pero viven ajenos a los problemas humanos. Viven entregados a sus vidas y lo que pase en la Tierra no les interesa en absoluto. Por eso, de ellos, sólo podemos encontrar un atributo: la indiferencia.

Erradicados los dioses y sus efectos, el hombre debe volver a su medida y vivir en armonía con ella. Lo cercano, lo próximo, se recupera: la amistad, el goce que produce una buena comida, el placer de un paseo nocturno… Y es que el epicureísmo es una filosofía de lo cotidiano. Desarticulada la trascendencia lo terrenal recupera toda su fuerza. La Naturaleza se hace la reina absoluta y nos invita a habitarla de la manera más gozosa posible, sin miedos ni resentimientos.

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2 respuestas a Lucrecio: la miel y la absenta

  1. Me agrada mucho encontrar este tipo de entradas.
    Sigan trabajando así.

    Julio
    26 julio 2010 at 13:27 pm

  2. Y a nosotros encontrar libros como éste.
    Un abrazo para ti, Julio.

    Gonzalo Muñoz Barallobre
    28 julio 2010 at 18:12 pm

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