El último berrido de los Sex Pistols

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Por Diego Puicercús.

La idea inicial de Malcolm McLaren (manager de la banda) tras la publicación el 28 de octubre de 1977 de Never mind the bollocks, here’s the Sex Pistols era que iniciaran inmediatamente una gira que, bajo el nombre de Never mind the bans (¡Qué importan las prohibiciones!), recorriera el mundo y llenase sus bolsillos. Los problemas empezaron cuando, tras una serie de conciertos de rodaje por Holanda, se vieron obligados a suspender la mitad de las ocho actuaciones previstas en el Reino Unido a causa de diversas enfermedades de los miembros de la banda y la presión de algún político local que no los quería su ciudad. Además, las trabas de las autoridades estadounidenses para conceder el visado por los antecedentes penales de alguno de sus miembros y sus conocidas aficiones, obligaron a retrasar un viaje organizado para antes de navidad con lo que las lucrativas expectativas iniciales del representante se fueron un poco al traste.

 

La consecuencia fundamental (al margen de poder dar un concierto sorpresa el día de navidad en el “Club Ivanhoe” de Huddersfield, a la postre el último en su país) es que tuvieron que cancelar casi todas las fechas del norte de Estados Unidos en las que tenían puestas sus esperanzas por ser la zona menos conservadora y más predispuesta a escuchar otro tipo de sonidos. Así las cosas la gira se centró básicamente en el sur, donde el público ni los conocía ni se identificaba en absoluto con lo que el punk había supuesto en Inglaterra y Europa. En aquellos momentos en lo más alto de las listas de ventas se encontraban los Eagles y Kansas por lo que la gente era más receptiva a escuchar country y AOR que otro tipo de cosas. La indiferencia (cuando no el rechazo) presidió las pocas actuaciones que finalmente pudieron celebrarse.

 

McLaren reservó a propósito locales de bajo nivel económico para provocar situaciones hostiles, y como no podía ser de otra manera (sobre todo con un Sid Vicious cada vez en peores condiciones a causa de la heroína) estas se produjeron casi noche tras noche. Los 19 conciertos previstos se iniciaron el 3 de enero en Atlanta y, el 6 en Memphis, Sid ya se enfrento a sus compañeros haciéndose cortes en el pecho y los brazos para luego acabar ingresado en un hospital con la frase “necesito un chute” marcada en el cuerpo. En San Antonio escupió sangre a un fan que se había subido al escenario a pegarle, en Baton Rouge recibió sexo oral simulado en el escenario, en Dallas agredió con el bajo a un espectador que se burlaba de él en las primeras filas…

 

El día 12 estuvieron a punto de suspender la actuación de Tulsa por las pocas entradas que habían vendido (los conciertos anteriores también podían definirse como decepcionantes), y a raíz de eso se hizo palpable que Steve Jones y Paul Cook estaban cansados y aburridos de un grupo y una historia en la que en realidad no creían, que Sid era incapaz de seguir el ritmo de las canciones (de hecho los roadies tenían orden de desenchufar el bajo para evitar que el batería se perdiese) y que Johnny Rotten tenía la cabeza fuera y pensaba más en un nuevo proyecto musical para el que ya estaba componiendo.

 

Tampoco ayudaba a la estabilidad y buena relación entre los miembros del grupo el hecho de que McLaren siguiese manteniendo un férreo control de sus cuentas. Ya no solo no les pagaba, si no que además les mandaba a hoteles y recintos de mala muerte, y eso Rotten lo llevaba especialmente mal. El cantante intentó hablar con él, pero andaba preparando una película sobre la banda y le resultó imposible. Con esta tensa situación llego la actuación del 14 de enero en el Winterland Ballroom de San Francisco. Un Rotten ya desilusionado y hastiado comenzó los bises diciendo “cantaremos una canción y sólo una porque soy un vago bastardo”, y tras interpretar una versión del “No fun” de The Stooges se dirigió directamente al público y sus compañeros con un “Esto no es divertido, esto no es divertido ¿Habéis sentido alguna vez que os han estafado? Buenas noches, adiós a todos” antes de tirar el micrófono y dejar el escenario.

 

Al día siguiente, unas horas después de aterrizar en Los Angeles, Sid tuvo que ser hospitalizado de nuevo por una sobredosis provocada por mezclar pastillas con alcohol, con lo que se vieron obligados a cancelar unas cuantas actuaciones. Es entonces cuando McLaren, para aprovechar el parón, les propone un viaje a Brasil con la idea de grabar imágenes de un concierto en Río de Janeiro destinado a aparecer en la película, a lo que Rotten responde que si no cobran todo lo que se les debe él no volverá a actuar. El representante no da su brazo a torcer así que a la mañana siguiente coge el primer vuelo a Nueva York y al llegar anuncia que ha dejado de ser el cantante de Sex Pistols y que no volverá a trabajar ni con sus compañeros ni, por supuesto, con Malcolm McLaren.

 

El 17 de enero McLaren hace oficial lo que ya todo el mundo sabia: los Sex Pistols se habían separado y tanto la gira americana como el resto de los compromisos previstos quedaban definitivamente cancelados. Rotten, Cook, Jones y Vicious nunca volvieron a tocar juntos en directo y con la misma velocidad con la que habían inventado el punk desaparecieron para siempre… O no…

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