Las nieves del Kilimanjaro (2011) de Robert Gédiguian

 
Por Fernando Marañón
 
 
 
Robert Guédiguian es un autor de los que, como suele decirse, tienen universo propio. Trabaja con los colegas, domina sus temas y además es sincero. Sus películas son sencillas y naturales en la forma, pero dejan mucho poso. Un poso que, por fortuna, suele ser más moral que ideológico y, quizá por eso, las historias que cuenta a menudo le salen muy emocionantes. Como de hecho sucede con Las nieves del Kilimanjaro (2011), una película mucho más emocionante que otras francesas de reciente estreno –y éxito-, descaradamente diseñadas para emocionar.
 
Guédiguian pasa de diseños o recetas en Las nieves del Kilimanjaro (2011), cuyo título, por cierto, se corresponde con el de la famosa canción de Pascal Danel, no con el del relato de Hemingway (¿qué pintaría Hemingway en la Marsella de Guédiguian?).
 
 
Sus protagonistas son un par de obreros y sus parejas, que a costa de tesón han alcanzado el acomodo de la clase media. Aunque uno de ellos acaba de abandonar la empresa por un recorte pactado del que pudo zafarse como representante sindical, pero que asumió por pura coherencia (vamos, igualito que aquí). A partir de ese contundente momento inicial, en el que -para sorpresa de su amigo- el protagonista encarnado por Jean-Pierre Darroussin saca una papeleta con su propio nombre de la caja donde el azar señalará los despidos, la película recorre un espacio vital habitado de personas y conflictos reconocibles pero interesantísimos.
 
Guédiguian nos conduce con suavidad por esa prejubilación injusta, expuesta sin subrayados, un entorno de cariño familiar y el homenaje de los antiguos compañeros de trabajo, elementos todos imprescindibles para cimentar la película y que nos hacen bajar la guardia, al protagonista y a nosotros. Entonces, la nueva generación de marselleses de clase baja entra en juego con el pasamontañas puesto y la historia, que se va descubriendo a capas, nos describe el nuevo mundo, en el que los viejos luchadores son capaces de perder la perspectiva, los jóvenes responden a un código ético inasible y absolutamente condicionado por la disponibilidad de dinero y los amigos son capaces de enfurecerse porque la miseria se ha revuelto contra ellos, ellos que en su día consiguieron doblegarla.
 
Guédiguian filma con naturalidad y luz romheriana una historia que hubiese encantado a Frank Capra, en la que todos los personajes tienen buenas razones para comportarse como lo hacen, de acuerdo con su personalidad y circunstancias, ya sea para realizar acciones encomiables o abyectas. Y en esa coherencia radica su grandeza.
 

A destacar, no sólo la calidad de los intérpretes, que actúan como si la cámara no estuviera allí ni existiese guión alguno, sino también varios momentos de poderoso cine francés: la lección de alcoholes para los problemas de la vida, la conversación de playa, una cena con película infantil y, sobre todo, el momento en el que al matrimonio protagonista le cantan todos a capela Las nieves del Kilimanjaro.

 

 

Las nieves del Kilimanjaro (2011) se estrenó en España el 27 de abril de 2012

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