La muerte de Carlos Fuentes

Por Mauricio A. Rodríguez Hernández.

Carlos Fuentes Macías, escritor mexicano nacido en Panamá en 1928, autor de La región más transparente, miembro del boom latinoamericano y Premio Miguel de Cervantes en 1987, murió el día 15 de mayo a las 12:15 en la Ciudad de México, a los 83 años, a consecuencia de una grave hemorragia del tubo digestivo.

Su bibliografía es de más de 60 títulos, de Los días enmascarados, su primer volumen de cuentos, de 1954, a los 26 años, a la reedición, en 2011, de La nueva novela Hispanoamericana.

En 1958 salió a la luz La región más transparente, considerada la última novela totalizadora sobre la Ciudad de México, a las que seguirían Las buenas conciencias, en 1959, La muerte de Artemio Cruz (1962), Aura (1962) y Cambio de piel (1967), en 1975 Terra nostra, con la que ganó el Premio Rómulo Gallegos.

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A continuación las palabras del traductor Tony Beckwith, quien reflexiona y nos comparte su experiencia tras conocer al escritor en 1997.

Lo conocí en Dallas, Texas en el año 1997. Vino al congreso de la asociación de traductores literarios norteamericanos a dar una presentación sobre su último libro, La frontera de cristal, en la versión traducida al inglés. La Feria del Libro organizada en Austin, Texas coincidió con el viaje promocional que hacía el escritor y lo invitaron a dar una plática en la cena de gala con la que se inauguraba la Feria. El comité del evento me invitó a encontrarme con Carlos Fuentes en Dallas con el fin de acompañarlo en el viaje a Austin y servirle de acompañante durante su estadía.

 

Hablamos poco en el viaje. Recién nos habíamos conocido y él venía cansado después de varios días de gira promocional. Pero luego, en la cena de gala, fue diferente. Al llegar nos fijamos en el público y me dijo, con su sonrisa pícara, “Somos los únicos latinos que invitaron.” A partir de ahí empezamos a charlar. Teníamos en común la educación bilingüe, la vida de expatriado en los países del cono sur de Latinoamérica, vivencias diversas en México, Inglaterra y España y, claro, la literatura. La perspectiva compartida abre puertas y crea lazos y el interés natural de los participantes sirve de motor. Es algo así como encontrarnos con alguien en un tren, con quien entablamos una conversación que nos revela ciertas similitudes e intereses compartidos que a su vez permiten abrir un poco las válvulas de la comunicación.

 

Se notaba enseguida que Fuentes poseía una gran rapidez mental y contaba con un enorme archivo virtual de información sobre todas las cosas que alcanzaron interesarlo a lo largo de los años. ¡Que son muchas! Era el clásico intelectual latinoamericano: el prototipo del hombre independiente educado, sofisticado, bien conectado—y enfocado. Miraba muy de cerca los gobiernos en general y el de México en particular. Su perfil implica una preferencia por la izquierda en el ámbito político y usó la plataforma de la literatura que él mismo fue creando para criticar lo que consideraba injusto o equivocado.

 

Más allá de la obra que deja en palabras impecables, quizás sea su legado esa convicción y el valor para expresarla. Es irresistible la tentación de hacer el juego de ideas que definen el título de este ensayo. Y es que en cierto modo, indudablemente la propia obra de Fuentes—con su gran visión panorámica de lo que es y ha sido México—nos recuerda La muerte de Artemio Cruz, el libro que escribió en 1962. Hoy nos llegó otro momento para reflexionar sobre lo que es y lo que será la sociedad de la patria de Carlos Fuentes.

 

Durante la cena de gala le pregunté cuál era su libro favorito entre los que había escrito. Contestó sin dudar, “Terra Nostra. Es el más difícil de leer. Muchos no lo intentan, pero mis mejores lectores son los que leen Terra Nostra.”       

 

Después, rumbo al hotel, le hice otra pregunta que me interesaba mucho: ¿qué es lo que hay que sacrificar para poder hacer el tipo de trabajo al que se dedicó Fuentes durante su vida entera?

 

“Dedicarse a una vocación no es un sacrificio. Yo me considero una persona que no ha trabajado ni un día en la vida porque siempre he hecho lo que me gusta hacer, que es escribir. Así no es trabajo, aunque a veces implica presiones y desafíos extraordinarios. Pero, en lo personal, sabemos que no hemos amado todo lo que debiéramos. Por mucho que hayamos intentado dar nuestro amor, lo que hemos dado resulta insuficiente. Eso lo sabemos en lo interior. Hemos dedicado mucho tiempo al trabajo y a la esposa y los hijos y los amigos, pero no fue suficiente. Si fuera este un mundo perfecto no escribiríamos novelas ni poemas ni haríamos películas. Los viviríamos a través del amor por los demás.”    

 

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Foto vía: Tony Beckwith.

 

 

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Una respuesta a La muerte de Carlos Fuentes

  1. Gracias por compartir esta anécdota. No es casualidad que todo lo que tiene que ver con el señor Fuentes llena de ilustración… otra vez, gracias.

    Adriana Alpízar A.
    7 junio 2012 at 3:08 am

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