50 afirmaciones sobre J. D. Salinger

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Recuerdo dónde leí la primera reseña de este libro: Las vidas de J. D. Salinger, de Andrés Ibáñez en Revista de libros.

El libro, entonces, pasó a engrosar la lista de libros a…

Recuerdo que mucho después descubrí la reseña de Andrés Ibáñez en las Recomendaciones del blog de Enrique Vila-Matas. Era la recomendación número 8.

Empecé a buscar el libro con cierta impaciencia hasta que no sé cómo me enteré de que lo tenía en su biblioteca personal Antonio José Alcalá, amigo, autor, escritor y editor de blog Un charlie cualquiera. Me lo prestó hace medio año pero no ha sido hasta este agosto cuando…

Recuerdo el día que lo terminé: ayer, o el 20 de agosto de 2012, San Bernardo de Claraval. Eran las 23:59 h. O casi. Quedé turbado, medio emocionado, llorar al terminar un libro ¿dónde se ha visto?

Decidí que lo compraría para próximas relecturas en la página 499. Del libro pueden salir mil post para La manía de leer, o más.

Ahora copio y pego, suprimiendo mis reflexiones, los fragmentos que me he llevado del libro J. D. Salinger. Una vida oculta, de Kenneth Slawenski (menos del 10%, señor editor; sin su permiso). Esta biografía y análisis crítico de la obra de Salinger ha cambiado -por romántico que parezca- la concepción sobre lo que es y debe ser la LITERATURA, sobre el significado de lo que es escribir ficción, trabajar para la ficción y entregar la vida a la ficción.

Si habéis leído la obra y sois lectores, qué afortunados. Permaneced tranquilos.

Si habéis leído la obra y sois escritores, empezad a calibrar la altura a la que llegarán las llamas de vuestros cuadernos repletos de borradores y relatos y novelas y prosa y poesía sin destilar cuando los queméis. Llorad pues. Amargamente. Sed sinceros. Contádmelo.

No, amigos, Salinger no está sobrevalorado. Ni lo estaba.

Las notas pudieron ser muchas más. El número inicial indica la página en la que se encuentra en el libro.

Son cincuenta afirmaciones sobre Salinger distribuidas a lo largo del post de casi tres mil palabras. Es extenso, lo sé, pero no hay un post en este blog que merezca más la pena ser leído que este.

Tomad aire o inspirad, en inglés:

73. “El período que pasó en Georgia le proporcionó estabilidad y tiempo libre para estudiar a los demás en profundidad, quizá por primera vez. Esto se reflejaría en su escritura. E incluso encontró romanticismo en la ciudad soñolienta al otro lado del río”.

88. “La habilidad de Salinger para poner al lector en contacto consigo mismo es lo que da vida a su escritura”.

90. “Salinger intentó que la historia fuera lo bastante comercial como para que la publicaran en el Post, pero pronto se encontró luchando con cada línea y rehaciendo sin cesar los detalles”.

103 “Salinger comunicaba a Gibbs que su agente iba a enviarle Elaine para su aprobación. El relato se presentaba con una condición: no podía tocarse ni una coma. Si The New Yorker quería publicar Elaine, debía dejarlo intacto. No podía alterar, editar o suprimir ni una sola palabra”.

107 “El trabajo acabado ocupaba veintiséis páginas con seis mil palabras y con mucho el relato más largo que había escrito”.

109 “Para el Salinger de 1944, el reconocimiento de la nobleza en los actos sencillos se había convertido en una filosofía consciente y constituía una fuerza para su trabajo”.

175 “Puedes vivir una vida entera -se lamentaba Salinger- sin librarte jamás del olor de la carne quemada”.

151 “Incluso en Hürtgen, Salinger asegura a sus lectores que “todavía escribo siempre que puedo encontrar el momento” y “una trinchera vacía“.

151 “Uno de los testigos rememora una ocasión en la que se vieron asediados por un fuego persistente. Todos se agacharon buscando protección. Al mirar de reojo, los soldados vieron a Salinger tecleando debajo de una mesa sin que su concentración fuera perturbada por las explosiones que se iban sucediendo a su alrededor. Ejemplos como este demuestran la necesidad de escribir que tenía Salinger. En Hürtgen, donde la memoria de su vida anterior se iba desvaneciendo, empleaba el acto familiar de la escritura para recuperar los recuerdos, como una forma de sobrevivir”.

166 “según todos los testimonios, cumplió con sus obligaciones con la misma integridad que se aplicaba a su escritura” (durante la guerra).

196 “Aunque Salinger se rompía los cuernos escribiendo durante todo el día, pasaba las noches en Grenwich Village, donde se relacionaba con una serie de artistas de vanguardia (…)”.

198 “Salinger insistió, quizás en tono condescendiente, en que Hotchner escribía de cosas de las que no sabía nada, y le sugirió que se situara él mismo dentro de sus relatos. “La escritura como arte se amplía con la experiencia“, declaró. Era un crítica que Hemingway también le haría a Hotchner y que éste grabó en su memoria. El aspecto más interesante de esta anécdota son las palabras que eligió Salinger. No aconsejó a Hotchner que insuflara fuego “a sus palabras” sino que pusiera el fuego entre ellas, una pista de que el verdadero significado debía ser captado por el lector y no dictado por el autor. Es un concepto muy particular de Salinger y un elemento que distingue sus escritos. No se sabe si Hotchner percibió el matiz o no, pero las palabras de Salinger expresan con precisión toda su filosofía literaria y fueron elegidas sin duda de manera deliberada”.

200 “El zen le resultaba especialmente atractivo porque hacía hincapié en las relaciones y el equilibrio, temas que había tratado a menudo en sus escritos. El estudio de estas religiones hizo que Salinger asumiera el deber de ofrecer iluminación espiritual a través de su obra”.

203 “The Inverted Forest condena a la sociedad moderna por obstaculizar la revelación de la verdad espiritual y artística, y propone que los verdaderos artistas se separen del mundo moderno con el fin de experimentar y servir a esa verdad, del mismo modo que los monjes se enclaustran para servir a Dios. Mientras tanto, en la vida real, Salinger se esforzaba, quizá más que en ninguna otra época, por vivir en la misma sociedad que su relato condena”.

205 “una melodía de palabras que darían voz a todos aquellos que se refugiaron en la introspección mientras el resto del mundo se regocijaba”.

209 “Los esfuerzos realizados para completar Un día perfecto para el pez plátano demuestran no sólo la intensa cooperación entre Salinger y los editores de The New Yorker, que discutieron cada detalle, sino también hasta qué punto el autor afinó este relato. Puesto que trabajó en la pieza durante todo un año, podemos estar seguros de que examinó cada palabra y alcanzó un nivel de precisión que también se presta a especulaciones humorísticas. Teniendo en cuenta lo enigmático que resulta el relato definitivo publicado, no podemos por menos que simpatizar con William Maxwell al imaginar lo incomprensible que debió de parecerle la primera versión”.

217 “El llamado contrato de primera lectura en esencia lo liberaba de la obligación de escribir para las revistas “satinadas” con el fin de ganarse la vida”.

231 “A principios de 1949, The New Yorker un nuevo relato de Salinger destinado a aparecer en la revista, un cuento titulado El hombre que ríe. Esta pieza muestra una clara influencia de Sherwood Anderson y es una adaptación caprichosa de su relato de 1921 I Want to Know Why. La historia examina la frágil naturaleza de la inocencia infantil y el poder del narrador de historias para construir y desmontar los sueños. Era el relato más imaginativo y juguetón de Salinger hasta el momento y los lectores lo encontraron cautivador”.

233 ” La cronología del regreso de Salinger a El guardián quizás explique también el destino de las otras historias rechazadas, cinco de las cuales resultan desconocidas. Teniendo en cuenta la calidad del trabajo producido por Salinger durante aquellos años, sería una pena que realmente hubieran desaparecido. Sin embargo, puesto que las historias rechazadas que conocemos se relacionan ambas con El guardián entre el centeno, es probable que varias de estas piezas desaparecidas fueran refundidas en la novela”.

234 “El reconocimiento por parte de John Updike de haber “aprendido mucho de los relatos de Salinger” no fue caso insólito. “Como sucede con la mayoría de artistas innovadores -señalaba Updike- las visiones de Salinger franquean nuevos espacios a la narración abierta, a la vida tal como es”.

237 “Me gustan Kafka, Flaubert, Tolstói, Chejov, Dostoievski, Proust, O´Casey, Rilke, Lorca, Keats, Rimbaud, Burns, E. Brontë, Jane Austen, Henry James, Blake y Coleridge”.

247 “En 1950 entabló amistad con Daisetz T. Suzuki, el renombrado autor y maestro, cuyo interés por la combinación del misticismo cristiano con las ideas zen coincidía con el del propio Salinger. En el escritor, la mezcla de la filosofía zen con su propia convicción de que el arte está conectado con la espiritualidad se tradujo en una fe que equiparaba la escritura con la meditación, una fe que había empezado en los campos de batalla de Francia, cuando Salinger se refugió en el trabajo como fuente de consuelo espiritual. En los años transcurridos desde entonces, había descubierto que el budismo zen encajaba sin fisuras en su sistema de creencias personal. Le ayudó a disipar el desaliento que experimentaba después de la guerra y aportó equilibrio a sus escritos”.

248 “Escribir como forma de meditación exigía aislamiento y concentración totales. Una vez que Salinger adoptó este método, empezó a considerar que el clamor de la publicidad y la fama lo apartaban de su trabajo y de sus plegarias. Por ello, Westport se convirtió en una especie de monasterio personal, un refugio en el que podía reunir las partes de su libro sobre Holden Caulfield”.

254 “Le recordaba a Salinger que a The New Yorker le desagradaba cualquier relato que mostrara “la mano del escritor”.

252 “Esas páginas eran tan preciosas para Salinger que las había llevado encima durante toda la guerra. En 1944, le confesó a Whit Burnett que necesitaba llevarlas consigo para que le prestaran apoyo e inspiración. Las páginas de El guardián entre el centeno habían saltado a la playa de Normandía; habían desfilado por las calles de París, habían estado presentes en la muerte de incontables soldados en incontables lugares y habían recorrido los campos de exterminio de la Alemania nazi. Y ahora, en su refugio de Westport, en Connecticut, Salinger escribía la última línea del último capítulo del libro. Inmensamente aliviado, envió el manuscrito a Robert Giroux, a las oficinas de Harcourt Brace, para su publicación. Dorothy Olding mandó otra copia a Jaime Hamilton en Hamish Hamilton”.

264 “Según Maxwell, escribía “con infinita atención a los aspectos técnicos, y no permite que nada de eso se note en la versión final”. Añadía que “escritores así van derechos al cielo cuando mueren y sus libros no son olvidados”. Después se cita a Salinger, quien comenta con estudiada humildad que “las compesaciones de escribir son pocas pero cuando llegan, si llegan, son muy hermosas”.

266 “En la novela también puede apreciarse la influencia de otros escritores y se percibe que Salinger es consciente de haber recibido una herencia literaria de manos de Ernest Hemingway en París en 1944. La voz de Holden Caulfield procede de la narrativa del relato de Hemingway de 1923 My Old Man, influido a su vez por el mentor de Hemingway, Sherwood Anderson, en particular por su relato de 1920 I Want to Know Why; de este modo, tres generaciones de grandes escritores estadounidenses quedaban inextricablemente unidas”.

273 “Les recordó que las palabras eran una cita equivocada de Robert Burns, y que su significado se revelaba en el libro. Salinger hizo hincapié en el significado del error en la cita de Holden; un error que, sin embargo, lectores y estudiosos suelen ignorar. Al reemplazar “Si un cuerpo encuentra a otro cuerpo” por “Si un cuerpo agarra a otro cuerpo”, Holden cambia el significado del poema. “Agarrar” a niños que van a caer en los peligros de la edad adulta es intervenir mediante el rescate, la prevención y la prohibición; pero “encontrar” es apoyar y compartir, lo cual implica comunicación. En este sentido, todo el viaje de Holden consiste en el descubrimiento del error que ha cometido al citar mal a Burns. Su lucha sólo termina cuando reconoce la diferenia entre “agarrar” y “encontrar”. Este reconocimiento constituye una epifanía”.

276 “Para J. D. Salinger escribir El guardián entre el centeno fue un acto de limpieza interior. Se alivió de un peso que había cargado desde el final de la guerra”.

279 “Para crear la intimidad que se produce entre Holden Caulfield y el lector de El guardián entre el centeno, Salinger hizo uso de la lección que le había enseñado Whit Burnett en 1939 cuando leyó a William Faulkner sin interponerse entre “el autor y su querido y silencioso lector”. Como incontables estadounidenses, el propio Faulkner experimentó esa misma intimidad durante el verano de 1951, al vislumbrar en las páginas de El guardián un reflejo de sí mismo: “El guardián entre el centeno de Salinger -observó- expresa plenamente lo que yo he intentado decir”. Pero, en su vivencia del personaje de Holden a través del eco de su propio reflejo, Faulkner contempló el viaje de Caulfield como una desgracia sin remedio: “Su tragedia -concluyó- es que cuando intentó ingresar en la raza humana resultó que no había raza humana”.

288 “Después de El guardián entre el centeno, los objetivos de Salinger cambiaron y se consagró a elaborar ficción mezclada con religión, relatos que exponían el vacío espiritual que impregnaba la sociedad estadounidense. Para ello, tuvo que enfrentarse a la cuestión de cómo transmitir el mensaje a través de la ficción”.

295 “En una rara entrevista concedida en 1995, William Maxwell recordó la indignación de Salinger porque la editorial había insertado una coma en uno de sus manuscritos. “Montó un gran escándalo”, recordaba Maxwell. La coma fue retirada. Cuando le preguntaron qué decía de este incidente sobre Salinger como escritor, Maxwell se puso solemne: “La idea de Salinger de la perfección era ni más ni menos que la perfección, y no se podía cuestionar”.

305 “Cuando The New Yorker rechazó El período azul de Daumier-Smith el 14 de noviembre de 1951, Salinger empezó a reescribir un antiguo relato que se desarrollaba en un crucero”.

307 “Tiene muy poco interés por las etiquetas que cree que las mentes occidentales asocian erróneamente con las personas y los objetos”.

309 “El problema, explica Teddy, es que la gente no quiere ver las cosas como son en realidad y viven aferrados a su existencia física mucho más que a su conexión con Dios”.

313 “Para asegurarse su aislamiento del mundo, Holden planea fingirse sordomudo. “Ya no tendría que hablar con nadie el resto de mi vida”, razona, y así “me dejarían en paz”.

319 “De hecho, Salinger evitaba referirse a los editores por su nombre y los llamaba de forma elusiva “la casa de los éxitos”.

319 “Nueve cuentos se publicó el 6 de abril de 1953”.

327 “No hay forma de dar con un sitio bonito y tranquilo porque no existe. Puedes creer que existe, pero una vez que llegas allí, cuando no estás mirando, alguien se cuela y escribe “Que te jodan” delante de tus narices”. ( En página 252 de el Guardián entre el centeno”).

326 “El 13 de noviembre de 1953” ¡¡Era viernes!!

342 “Cultivaban sus propios alimentos, y Salinger en particular desarrolló una pasión por la agricultura orgánica que duraría toda su vida”.

353 “En Carpinteros, Seymour emplea el ejemplo de un gatito para condenar la tendencia humana a enmascarar con falsos sentimentalismos las realidades más crueles de la creación. “Somos sentimentales cuando le acordamos a una cosa más ternura de la que Dios le otorga”, razona”.

355 “Me gusta trabajar en estos relatos, los había estado esperando durante la mayor parte de mi vida y creo que tengo planes bastantes decentes y monomaníacos para acabarlos con el debido cuidado y toda la capacidad de la que disponga”.

360 “La caseta estaba equipada con una cama, estanterías, un archivador y una mesa larga que el autor usaba como escritorio, presidida por su preciada máquina de escribir. El escritor no usaba sillas. En su lugar, eligió un enorme asiento de coche de cuero en el que a menudo se sentaba en la posición de loto. Pero el aspecto más magnífico del santuario de Salinger era la complicación de sus paredes. Estaban forradas con un marasmo siempre creciente de notas. A medida que la saga de la familia Glass surgía de la mente de Salinger, gota a gota, escribía sus ideas y las pegaba a su alrededor. Las historias de sus personajes, la genealogía de la familia Glass, ideas para relatos pasados y futuros: todo tenía lugar en la caótica organización de las paredes de la cámara de Salinger”.

367 “Ningún relato muestra mejor la búsqueda de la perfección de Salinger que la novela breve Zooey. Salinger trabajó durante año y medio en la pieza y cada palabra y signo de puntuación se convirtieron en una agonía”.

369 “Cuando Salinger puso Zooey en las manos editoriales de The New Yorker, el relato fue examinado con deleite. La entrega ofrecía a los nuevos editores la oportunidad de reforzar su posición, al poner al colaborador más importante de la revista de nuevo en primera línea. Pero la historia les pareció demasiado larga y laberíntica. Sus personajes se les antojaban demasiado preciosistas, presentados por un autor que, evidentemente, estaba enamorado de ellos. Pero lo peor de todo es que consideraban que el relato estaba saturado de religión. Zooey fue rechazada por unanimidad por la dirección de The New Yorker”.

399 “Vladimir Nabokov reconocía que la inspiración para escribir su controvertida novela Lolita, que se abrió camino en la conciencia colectiva de Estados Unidos a pesar de haber sido prohibida en 1955, procedía directamente de Un día perfecto para el pez plátano. Sylvia Plath, que admitía su fascinación por la intensidad de Salinger, terminó durante aquellos años el primer borrador de La campana de cristal, una novela a todas luces construida a partir de El guardián entre el centeno. Tampoco Hollywood fue inmune a la influencia de Salinger. El actor James Dean era, de muchas maneras, la personificación de Holden Caulfield, y películas como Rebelde sin causa, que todavía se compara con El guardián entre el centeno, se convirtieron en éxitos instantáneos”.

413 “Mi opinión, un tanto subversiva, es que los sentimientos de anonimato y oscuridad del escritor son la segunda propiedad más valiosa que tiene a su cargo durante sus años de trabajo (J. D. Salinger, Franny y Zoey, texto de solapa, 1961)”.

427 “Trabaja con laboriosidad incansable, escribiendo y reescribiendo hasta que piensa que ha logrado expresar su pensamiento tan bien como le es posible” (El juez Hand -íntimo amigo de Salinger).

499 “En 1976, la revista SoHo Weekly News publicó un artículo en que afirmaba que el autor Thomas Pynchon era en realidad Salinger”.

Aquí dejé de extraer texto del libro porque decidí que J. D. Salinger. Una vida oculta tenía que estar en la biblioteca de casa, había que comprarlo para releer y leer por orden cronológico toda la obra editada en español.

 

Fuente: La Manía de Leer

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