En el bar de ‘Los hijos de Kennedy’, con Fernando Cayo

 

Por Meritxell-Anfitrite Álvarez Mongay

Bye-bye, miss american pie…

Los hijos de Kennedy se refugian en un bar…

Drove my chevy to the levee, but the levee was dry

Elvis Presley, Neil Armstrong, Marilyn Monroe

… Them good old boys were drinkin’ whiskey and rye

Ghandi, Martin Luther King

and singin’, this’ll be the day that I die

… y, claro, John Fitzgerald Kennedy

This’ll be the day that I die…

… son las gotas de lluvia que se estrellan contra el cristal; sueños que empaparon los años sesenta de pacifismo, igualdad y psicodelia; pero que se quedaron huérfanos cuando… ¡pam!…, hace ahora 50 años… ¡pam!…, tres disparos… ¡pam!… acabaron con la vida del trigésimo quinto presidente de Estados Unidos.

“El asesinato de Kennedy significó el fin de muchos sueños”, comenta Fernando Cayo que, desde el 11 de octubre, representa Los hijos de Kennedy en el Teatro Cofidís de Madrid. Ni él ni el resto del reparto –formado por Álex García, Ariadna Gil, Emma Suárez y Maribel Verdú– habían nacido aún cuando se produjo el magnicidio al que todavía hoy persiguen varias teorías de la conspiración. “Los poderes fácticos (mafia, banca, petrolíferas, industria armamentística…) se vieron sobrepasados por la revolución de las flores, por la revolución sexual, por la revolución de los derechos humanos… Kennedy formaba parte de ese momento de efervescencia, y su asesinato fue como un aldabonazo final.”

Sólo hacía falta un rifle Mannlicher con el que apuntar a las ilusiones de progreso, justicia y paz. “Ahora mismo se han perdido muchos de los derechos por los que se lucharon entonces.” Pero el actor es optimista: “Yo veo la historia como un espiral en el que, más o menos, se van repitiendo cosas, y estoy seguro de que dentro de uno años volveremos a recuperar cierta dignidad para los seres humanos.”

Su dignidad es lo que defienden una maestra de escuela obsesionada con JFK, un veterano de Vietnam, una activista hippie, una aspirante a Marilyn y el actor gay que Fernando Cayo interpreta en Los hijos de Kennedy. “En mi caso, hablo de la dignidad del artista como creador, como creador puro que no está interesado en el reporto económico, sino en su necesidad de expresarse y comunicarse con los demás.”

Que no se asuste el espectador si el desvergonzado actor improvisa con él una conversación durante la función. “Aprendes a localizar quién te va a dar juego entre el público; es una cuestión de energía…” Cayo ya tiene experiencia con La terapia definitiva. “De repente, echas un vistazo y ves a alguien que te está mirando de una manera especial en platea…” Su personaje es el guasón que busca provocar un pelín a la audiencia. “Muchos dicen que es al alter ego del autor…”

 

Fernando Cayo en 'Los hijos de Kennedy'.

 

Ya retirado, Robert Patrick no tiene reparos en confesar que vive de reseñar películas porno gay y de la seguridad social. Seguramente se lo puede permitir, después de haber producido unas 200 obras –en su mayoría sketches, monólogos y comedietas–. Los hijos de Kennedy es, sin duda, la más conocida de ellas. La escribió en día y medio y se estrenó en un loft de Nueva York; pero la acústica era mala –justo al lado daban Grease y los coros del Summer Nights se filtraban–; a esto achaca Patrick que, en sus inicios, la pieza fracasara. Tendría que esperar a que una compañía alternativa la montara en un pub del West End londinense, en 1973, para que se tradujera a sesenta idiomas y, en palabras del autor, se convirtiera en “a hit of five continents”.

Poco se esperaba el dramaturgo que las pintas del Off-off Broadway le llevaran al teatro comercial con suma (aparente) facilidad. “Desde luego que no es fácil llegar a un teatro como este –reconoce Fernando Cayo desde una butaca del Alcázar–… De todas formas, ahora mismo hay una florescencia de salas pequeñas, casas teatrales y microteatros que, aunque están muy castigados por el IVA y la crisis, siguen allí, haciendo propuestas muy valiosas, brillantes, tremendas… luchando por ofrecer cosas nuevas.”

Teatro experimental que Robert Patrick, paradójicamente, no deja de reprobar. “En la obra hay una crítica muy fuerte al éxito, al exceso de ego, a la vanidad actoral y a toda esa supuesta intelectualidad bajo la cual, muchas veces, se han hecho cantidad de tonterías –señala el artista–. En muchos momentos he pensado incluso que la gente de la profesión puede llegar a sentirse ofendida…”

¡Imposible!, con la sandunga y el donaire que prodiga su personaje, cantando la copla de Mackie el Navaja con zapatos de claqué, a lo Fred Astaire…

On the sidewalk, Sunday mornin’, baby…

… De todas las canciones que suenan en el bar…

… Lies a body, oozin’ life…

… “Esta es mi preferida…”

… Someone sneakin’ around the corner…

“… ¡Y no porque la cante yo!…”

… Is the someone, Mack the Knife?

 “… sino porque me parece una canción con mucho peso…” Banda sonora de La ópera de los tres centavos… “… que tiene que ver con el cabaret berlinés…”… la compuso en 1928 Kurt Weill… “… pero que ha trascendido de lo alemán…”… con letra de Bertolt Brecht. “…siendo interpretada por todos los grandes cantantes, desde Bobby Darin a Frank Sinatra o Ella Fitzgerald.” ¡Y Miguel Ríos, en España!

Ariadna Gil, Fernando Cayo y Maribel Verdú en 'Los hijos de Kennedy'.

 

El bar en que Los hijos de Kennedy se inspiró

Janis Joplin, The Beatles, Bob Dylan, Jimi Hendrix… completan el tocadiscos de los sesenta. Sus canciones deberían de ambientar el Phoebe’s bar de Nueva York antes de que colgaran de la pared un televisor. Situado en la calle 4 con Bowery, era el punto de encuentro del teatro experimental. Todavía era pronto para que se empezara a llenar de jóvenes actores y directores dispuestos a conquistar la gran ciudad, la tarde en que las musas acompañaron a Robert Patrick al pub. Sólo había unos cuantos conocidos suyos inmiscuidos en un monólogo interior. Pensativos en mesas dispersas, apenas un hello, el dramaturgo los observaba. Pidió una Coca-cola en la barra. El camarero cogió el mando a distancia y empezó a hacer zapping con el sonido en off: ¡clic! Un león devora a una gacela… ¡clic! Un coche brillante… ¡clic! Disturbios en las calles… ¡clic! Pasta de dientes… ¡clic! Detergente… 

En un ¡clic! Robert Patrick se dio cuenta de que en el Phoebe’s bar estaban Los hijos de Kennedy: Wanda, Rona, Mark, Carla y el extravagante Sparger…

Bye-bye, miss american pie

… calados en un pasado…

drove my chevy to the levee, but the levee was dry

… que una tromba trae cada noche a sus memorias…

Them good old boys were drinkin’ whiskey and rye

“Para saber lo que somos ahora…”

and singin’, this’ll be the day that I die

“…hay que recordar…”

… This’ll be the day that I die…

“…hay que recordar…”

 

los-hijos-de-kenedyLos hijos de Kennedy

Autor: Robert Patrick.

Director: Josep Maria Pou.

Reparto: Álex García, Ariadna Gil, Emma Suárez, Fernando Cayo, Maribel Verdú.

Lugar: Teatro Cofidís-Alcázar, Madrid.

Fechas: Desde el 11 de octubre de 2013.

Horario: Miércoles, jueves y viernes, a las 20.30h; sábados, a las 19.00h y a las 21.30h; domingos, a las 19.00h.

Precio: Desde 18,00 euros. 

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