Agustín Fernández Mallo presenta “Limbo”, su último trabajo

 

«Sólo la palabra es capaz de articular una mentira, ni la música, ni la pintura, ni el cine, ni nada salvo la palabra puede contar verdaderas mentiras, por eso es tan difícil escribir una novela o un poema o un artículo científico, con las palabras siempre estás en el filo de la verdad y la mentira, resides en la pura sospecha de que, al mismo tiempo, es el reflejo del mundo, porque, ya lo sabes, las palabras devoran el mundo, se lo comen, por el contrario, las imágenes lo copian

 

portada-limbo_grandeTras el Proyecto Nocilla, Agustín Fernández Mallo regresa con Limbo (Editorial Alfaguara, 2014), una nueva novela que abre una vez más caminos insospechados. Una novela que recuerda formalmente a Roberto Bolaño por la multiplicidad de recursos, voces narrativas, historias y escenarios. Aventura, amor, muerte, supervivencia, miedo, la idea del clon y las duplicidades son algunos de los temas que se abordan en este puzzle armado con piezas extraídas de diferentes cajas, pero donde todo encaja extrañamente a la perfección. ¿El fin? Crear una perturbadora realidad no surrealista, ni absurda ni onírica, sino algo más sutil, una realidad ligeramente desenfocada, y decididamente caleidoscópica.

 

Limbo.  Agustín Fernández Mallo.  Editorial Alfaguara, 2014.  224 páginas.  17,50 €

Una mujer cuenta el secuestro al que fue sometida en México D.F. con frialdad pasmosa y atendiendo a detalles inéditos. Una pareja atraviesa Estados Unidos en coche a la busca del quimérico y remoto Sonido del Fin. Dos músicos se encierran en un château del norte de Francia para componer y grabar su obra definitiva. Un escritor español relata los inicios de su relación con la enigmática mujer a la que conoce en una librería mexicana.

En esta ocasión, la fragmentación no forma parte del envoltorio de la trama, no es la trama, sino que está contenida en ella. En Limbo existen infinidad de micromundos que no pueden considerarse polaroids, como se consideraban las historias que conformaban el Proyecto Nocilla, sino que más bien son como piezas de un puzzle. El poder de la imagen, en ese sentido, ha sido derrotado por el poder de la narración, una narración tan sugerente que resulta decididamente hipnótica y, una vez más, debido a su condición de contenedora de mundos, caleidoscópica. La realidad que propone la historia no es ni surrealista ni absurda ni onírica sino algo más sutil: una realidad ligeramente desenfocada. En Limbo el tiempo se revela como una dimensión elástica y las fronteras entre la vida y la muerte se difuminan hasta desaparecer. Cada cual es él mismo y otros muchos, habitando distintos lugares, defendiendo varias vidas y sin intuir que, en definitiva, todo cuanto alguna vez ocurrió está condenado a repetirse

 

P.- Tras cerrar El Proyecto Nocilla, dijiste que tal vez no volverías a escribir una novela, porque todo dependía de que sintieras la necesidad de volver a hacerlo. ¿Limbo se te apareció, sin más?

Recuerdo haber dicho que si no volvía a escribir ninguna otra novela no pasaba nada, y que eso dependería de si se me aparecían más historias, pero sobre todo si esas historias tenían el suficiente interés para mí como para ponerlas por escrito. Porque historias hay muchas, estamos rodeados de historias fascinantes, pero escribirlas es otra cosa, es darles una forma que intente añadir algo a la literatura. Limbo, la totalidad de la novela, no se me apareció en ningún momento determinado, pues dado mi método de trabajo las cosas van surgiendo sin planes previos, pero sí es cierto que quizá tenga su origen en una tarde en una habitación de un hotel de Guatemala -país al que había ido de promoción de mis libros-, momento en el que abrí el cajón de la mesilla de noche y vi una Biblia, la típica que hay en los hoteles anglosajones pero también latinoamericanos, y la hojeé, y me sorprendió mucho el modo en que estaba escrita y estructurada –cosa que naturalmente ya sabía pero no la tenía presente-, y me di cuenta de que algún día me apetecería escribir un texto, de la índole que fuera -ensayo, poema, o novela-, que incluyera los aspectos que del Nuevo Testamento llamaban mi atención. Esa misma noche ya lo estaba escribiendo.

 

P.- Hablando de la forma en que se apareció, una vez más tu narración incluye historias dentro de historias, pero en este caso hay dos voces que dirigen el espectáculo. En tanto que una pertenece a un vivo y la otra a un muerto, ¿representan el estado inicial y final de las cosas, del que parte todo?

Pienso que sí, que es una buena interpretación. Pero yo mismo tampoco lo sé. Lo que sí puedo decir es que el estado intermedio, ese Limbo que ni es un principio ni un final, el lugar donde se dan las transformaciones. Son las fronteras –un tema muy tratado en mi anterior narrativa aunque desde otro punto de vista-, y si son las fronteras es que son los lugares donde se materializa el propio hecho poético: la metáfora. Ello da lugar a toda clase de estados de “realidad desenfocada”, que no es ni surrealista ni absurda ni onírica sino algo más sutil: una “realidad ligeramente desenfocada”. No es que existan situaciones raras o hechos turbadores insertados en la realidad, sino que la propia realidad es extraña, como si tuvieras la sospecha de que la realidad flotara a escasos milímetros del suelo pero no tuvieras ninguna regla ni instrumento de medida para comprobar si eso es verdad o no.

 

principal-agustin-fernandez-mallo_grandeP.- ¿Es, en ese sentido, Limbo, una novela sobre la Vida y la Muerte?

Creo que Limbo es un viaje entre un principio y un fin, pero no me refiero al nacimiento y a la muerte sino a los instantes justo antes de la muerte. Pongo un símil: es como cuando en las películas la gente se muere. Si te fijas, mueren de repente, tardan no más de dos o tres segundo en morir. Pero morir cuesta mucho, el cuerpo y la conciencia siempre se resisten a desaparecer, de tal modo que en la vida real esos dos o tres segundos de las películas se convierten en dos o tres años. Son esos dos o tres años intermedios, sucios, bastardos y fronterizos lo que me interesaba investigar. ¿De qué modo?: extendiéndolos o estirándolos a toda una vida. Pues ése es el caso de los protagonistas de la novela. También he de decir que, naturalmente, yo desconocía todas estas intenciones cuando la escribí, sencillamente lo hice y después reflexioné acerca de lo que había escrito.

 

P.- Háblame de la importancia del Sonido del Fin, el enigma que persigue el protagonista, y del secuestro que aparta a otra de las protagonistas del mundo.

Creo que hay dos temas que juegan un papel importante en la novela: por un lado cómo vive la sexualidad una mujer secuestrada –algo acerca de lo que se ha escrito poco o nada, y que entonces yo imagino e investigo-, y por otro lado cómo el sonido –no sólo las canciones, sino el sonido en general- nos propone experiencias extremas. Eso último se ve en una de las historias principales de Limbo, cuando los dos músicos se encierran en un castillo del Norte de Francia a grabar el que consideran su disco definitivo y comienzan a ocurrir experiencias extrañas, todas ellas relacionadas con el sonido. Y es que ambas cosas, la sexualidad en un ambiente extremo y el sonido en un ambiente también extremo, pueden dar lugar a realidades desconocidas hasta entonces. Y eso es una parte muy importante de todo lo que Limbo quiere contar. La protagonista es secuestrada y transportada dentro de una maleta por las calles de México DF, y años después utiliza es misma maleta para hacer un viaje con un hombre que está obsesionado con la búsqueda de un sonido muy especial, al cual él llama, el Sonido del Fin. Y ese Sonido del Fin viene de la idea de que en el final de las cosas, en la última estación y en el último lugar visible del mundo, si algo ha de quedar será lo aparentemente más etéreo e inmaterial: el sonido. El protagonista, consciente o no de tal hecho, se lanza a buscarlo por todos los rincones del planeta. El protagonista busca ese Sonido del Fin -leyenda que, por cierto, disfruté mucho inventándola- el cual aparece en multitud de civilizaciones de todos los tiempos. Ese Sonido del Fin está ya codificado en un texto de Aristóteles, pero también en las leyendas mongoles y chinas, e incluso guarda relación con determinadas grabaciones realizadas en las Torres Gemelas los días previos a su caída.

 

P.- Una vez más, Estados Unidos, ¿por qué? ¿Qué papel juega en esta historia?

Bueno, es más bien coyuntural. Podría estar ubicado en Siberia, pero se da la circunstancia de que conozco mejor Estados Unidos que Siberia -lugar donde nunca he estado-, y supongo que de manera inconsciente la narrativa se va hacia lugares que conoces. Lo mismo ocurre con México. Pero dejando esto aparte, la idea de dos personas y una enigmática maleta buscando una quimera sonora, como si fueran pioneros, creo que se adapta muy bien a esa travesía por los Estados Unidos, lugar espacial donde los haya.

 

P.- En la novela se habla del desdoblamiento en muchos sentidos. ¿Qué sugiere el tema del doble en esta historia?

Soy de la opinión de que viajamos con múltiples copias, ligeramente modificadas, de nosotros mismos, y que según las circunstancias vamos escogiendo una u otra; o al revés, ellas nos escogen a nosotros. Aparte, en general, la idea de que la duplicación o la copia es un asunto que desde siempre nos ha obsesionado. Empezando por el clásico de Narciso en el espejo y terminando por el problema del copyright. A veces no nos paramos a pensar que la copia es la base de la vida, cultural y biológica. El bebé al nacer copia a la madre, después modifica esa copia para así obtener su propia identidad; es su método de supervivencia. También el ojo copia constantemente el mundo para así crear la realidad. Y qué decir de la evolución cultural, la cual se hace a través de copias en las que después introducimos pequeños errores, mutaciones. Por lo demás, no olvidemos que el siglo 21 se inaugura con un asesinato en masa, el 11-S, que no sólo destruye miles de vidas sino que echa abajo el símbolo definitivo de la copia: Las Torres Gemelas, 2 edificios idénticos.

 

limbo_grandeP.- Aplicado al arte, ¿la copia es inevitable?

Sí, es inevitable.

 

P.- ¿De veras crees que el Nuevo Testamento es el primer libro fragmentado de la historia, y más que eso, un Blog de Blogs, como afirma uno de los narradores de la historia?

Bueno, no lo sé, en el libro esto está muy dramatizado por la psique del protagonista. Pero desde luego es un libro que ha influido mucho. Cuando yo ya había terminado de escribir el libro, se editó el ensayo de Luis Goytisolo, Naturaleza de la novela, en el que apunta cómo la novela moderna no deriva del Antiguo Testamento sino del Nuevo Testamento. Me hizo mucha ilusión leer eso pues está implícito en lo que, intuitivamente, el protagonista de mi libro defiende.

 

P.- El ritmo narrativo es en todo momento hipnótico. ¿Crees que es consecuencia de la fragmentación interna del texto? Es casi como sumergirse en un mundo paralelo. ¿Qué ha cambiado en ese sentido respecto a los tres volúmenes del Proyecto Nocilla?

Sí, creo que es consecuencia de la fragmentación interna. Como en todas mis obras, trabajo con las analogías, con la búsqueda de lazos entre elementos aparentemente muy alejados –es decir, mecanismos propiamente de la metáfora-. La diferencia es que en Proyecto Nocilla eso tomaba una forma de fragmento, es decir, el cuerpo del texto se componía realmente de fragmentos, y en Limbo lo que es fragmentado es el discurso interno del libro, no la forma. Esto último crea esa especie de “hipnosis”, un flujo que te lleva de un lado a otro.

 

P.- Además del viaje, otro elemento recurrente en tu obra son los objetos. ¿De dónde viene tu obsesión por los objetos?

Es que para mí los objetos tiene vida. Mutan, cambian y nos dicen cosas dependiendo del contexto, y hay en ellos una capacidad de generar epifanías. Mientras escribo esto tengo delante una taza de café. Esta taza hace tres años era una cosa, significaba para mí una cosa, y hoy significa otra. Cuando la veo no veo una taza sino todo un campo de significados y experiencias propias o ajenas que realmente conforman un texto, un verdadero texto. Así ocurre, por ejemplo, con las 75 tarrinas de helado de té verde en Limbo, las cuales para los dos músicos encerrados en el castillo del Norte de Francia son agentes provocadores de insospechadas experiencias.

 

P.- Se cita El Nuevo Testamento, La Exhibición de Atrocidades de J.G. Ballard y los Diarios de Kafka, además del Distortion, de Magnetic Fields, ¿han sido claves en la construcción de Limbo?

Sí, lo han sido. Sobre todo el Nuevo Testamento. Pero también la secuencia de imágenes de personas que a lo largo de la Historia de la pintura han sido retratadas de espaldas, dándonos las espalda. ¿Qué demonios miran todas esas personas?

 

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Una respuesta a Agustín Fernández Mallo presenta “Limbo”, su último trabajo

  1. …Fin del Sonido…

    Quimérico Qántico
    25 enero 2014 at 2:59 am

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