Minutos musicales del Primavera Sound (Crónica del sábado)

Crónica del jueves | Crónica del viernes

Por Nil Rubió

 

El día con menos nombres mediáticos, pero repleto de una cantera de artistas imponente, junto con otros nombres consagrados. Dolorosos solapamientos que evitaron presenciar a gente como Spoon, Mogwai, Kronos Quartet… Decisiones.

Cloud Nothings

cloud

El rincón del escenario Vice se iba llenando. Bajando por las escaleras del gran plafón se tenía una panorámica muy clara que aquello iba a estar petado. El motivo, una banda que se les quedó pequeño el espacio, tras una popularidad creciente después de sus dos últimos discos, a cada uno más brutal que el anterior. Y es que Dylan Baldi, el otrora único componente en estudio de un proyecto de power pop, decidió dar un vuelco a su sonido y recrudecer su propuesta, acercándola al ruido, al hardcore. El indie decidió bajar al frío suelo, ensuciarse las manos, oler y lamer la sangre. Con eso, entraron como miembros permanentes ya, tres compañeros más, para quedarse actualmente en un trío de voz y guitarra, bajo y (la madre que lo parió) un pedazo de batería. De los dos discos, Attack on The Memory y Here and Nowhere Else salió el setlist, y fue más afilado, frenético, crudo y apasionante que lo que ya es el disco. Una vorágine llevada en volandas por un batería que parecía como si supiese que le iba la vida, llenando el sonido con multitud de recursos técnicos, voracidad y frenesí. Baldi, desde una cierta distancia comunicativa, iba al grano convirtiendo el cruce de guitarras de los discos en un monólogo hiriente, no parando ni un momento de dirigir el ritmo, la melodía y la destrucción de un lado para otro, con una voz perfectamente herida para la ocasión, entre el gancho pop que siguen teniendo sus canciones (no puede evitarlo), y el grito pelado y desgarrador. Quieter Today, Now Hear In, Stay Useless, Psychic Trauma, Fall In, Cut You, Giving Into Seeing, Just See Fear, Pattern Walks (brutal outro instrumental), I’m Not Part of Me (himno absoluto) y Wasted Days, su otra mastodóntica pieza con la que terminaron por todo lo alto. Uno de los mejores directos del festival, de unos Cloud Nothings que revitalizaron los maltrechas fuerzas del último día. De los que te vuelven a hacer creer en la mala leche y el dolor sordo aplicado a la catarsis personal y el disfrute musical.

Ty Segall

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Reverencias al genio. De la soleada costa oeste estadounidense salen un puñado de grupos y personajes que han vuelto a sacar brillo a las guitarras más sucias y atronadoras. Ty Segall se erige como el más brillante y genial de la actualidad. Llegó con sus cómplices habituales y colegas de fechorías sonoras, Mikal Cronin (que en solitario ha publicado dos grandes álbumes de pop sucio) al bajo, Charlie Moothart (que comparte con el mismo Ty el tremendo grupo Fuzz) a la guitarra, y Emily Rose Epstein a la batería, que conforman la Ty Segall Band, donde la queratina capilar y la locura abunda en cantidades industriales. Con su sonido sin artificio más que la reverberación perversa y distorsión de inframundo, que bebe del garage más primigenio, de la psicodelia, del heavy de los primeros Sabbath y del punk, se adueñaron del escenario Pitchfork y de las almas entusiasmadas congregadas, con la inevitabilidad de quien tiene todos los ases en la manga, el sonido adecuado para enloquecer al público y a sí mismo al unísono. El genio hiperactivo de Ty Segall, liderando el derribo eléctrico, desapareciendo para tocar escondido, gritando poseído al micro o soltando falsetes, mientras descargaba espasmódicos guitarreos y cabalgaba entre tremendos solos que suelta como quien no quiere. Cayeron temas como Wave Goodbye, Thank God For The Sinners, You’re The Doctor, The Hill, Slaughterhouse, Girlfriend o la nueva y acojonante Feel, que aparecerá en el nuevo disco ya anunciado para agosto, Manipulator, cumpliendo su frenética actividad en la publicación. Tuvo tiempo de terminar el concierto saltando al público de enfrente, que iba de pogo en pogo, para hacer crowdsurfing mientras terminaba de puntear el último solo de la velada. En ningún otro concierto del Primavera Sound se vio tanta resistencia a dar por terminado el asunto por parte de la audiencia, hecho que habla por sí solo. Volverá en octubre.

Destacados

Superchunk siempre han estado allí. No han sido nunca los más populares, ni han vendido los millones de algunos que a mediados de los noventa estallaron en la popularidad del pop punk. Pero su trayectoria es intachable y su reciente disco enseña que la madurez les sienta bien, mientras otros ya desaparecieron, se diluyeron en intentos de expandir o revitalizar su sonido, o han protagonizado bochornosas reuniones. Están activos, inspirados y llenos del cóctel de mala leche e inocencia que transpira su sonido. Como sus compañeros de sello  Redd Kross, viven un gran momento y se notó en un concierto que fue creciendo y convenciendo a los nostálgicos (mayoría) y a los recién incorporados al culto. Sin Laura Ballance por problemas de salud, con el Sol cayendo implacable después de la lluvia, soltaron un setlist que repasó de todo un poco, empezando con la mítica Slack Motherfucker y la inevitable Trees of Barcelona, creciendo en clásicos y terminando por todo lo alto y sin pausa con Driveway to Driveway, Me & You & Jackie Mittoo, Digging for Something, Hyper Enough y Precision Auto.

Courtney Barnett aún no ha publicado un álbum entero. Tiene dos EPs que se comercializan juntos en los que se vislumbra una voz personal que se aparta de la afectada e intimista cantante indie. Lo suyo es el sarcasmo, la ironía, contar historias a veces medio recitadas, a veces acompañadas con lo mínimo, otras con un rock más propulsivo, mirarse con comicidad. Recuerda un poco al estilo Dylan de los primeros discos eléctricos que provocaron aneurismas al señor Pete Seeger. Su viaje desde Australia a Barcelona lo hizo acompañada por solo un batería y un bajo, mientras ella tomaba las riendas a la guitarra eléctrica en un concierto de tarde que fue puro rock y una agradable sorpresa. Sus canciones más repletas sonaron más despojadas sí, pero la fuerza del sonido fue implacable. Con canciones como Avant Gardener, David o la que cerró el tema History Eraser, lo tiene todo a su mano. Ganas de escuchar más de esta joven irreverente.

courtney

Corto y al pie

Nine Inch Nails. Otro concierto multitudinario de los que ver entre cabezas y en ángulos imposibles. La hecatombe de antaño se ha convertido en un show más neutro, un sonido relativamente limpio (a veces demasiado) y un Trent Reznor con más tablas, serenidad y dominio que nunca.

Godspeed You! Black Emperor. Retransmisión en pantalla apagada, luces al mínimo y sin cambios, proyecciones repetitivas, hipnóticas en un fondo translúcido. Cinco piezas de no menos de quince minutos, en cada una se iba perdiendo más gente, de la que viene a otras cosas. Los que quedamos, experiencia trascendente directa a las entrañas. Post rock entendido como suites magmáticas, montañas rusas compositivas que dejan a uno tocado. Oscuro, poderoso, por momentos infinito.

Univers. Uno de los grupos más prometedores que últimamente han salido de territorio catalán dio un corto recital de sus melodías distantes y amplificadores a todo volumen. Con L’Estat Natural i su directo, han dado un importante paso al frente.

La Sera. Las dulces harmonías de Katy Goodman han encontrado una afilada coraza musical que hace de su propuesta un fresco punto de unión entre el dream pop y el rock más tendiente a lo punkarra. Divertida, comunicativa, se lo pasó bien e hizo disfrutar a la muchedumbre de primera hora.

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