Cuando Dostoievski fue indultado ante el pelotón de fusilamiento

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Por Alejandro Gamero (@alexsisifo).

Grabado de B. Pokrovsky de 1849

Grabado de B. Pokrovsky de 1849

Imagina la siguiente escena: el condenado a muerte, con los ojos vendados, frente al pelotón de fusilamiento, preparado para recibir los disparos ‒si es que se puede estar preparado para algo así‒ y justo en el momento en que va a producirse el trágico desenlace aparece en la plaza un jinete portando en sus manos una orden de indulto. Quizá pueda parecer la escena de una película, pero es lo que le pasó a Fiodor Dostoievski.

Los inicios literarios de Dostoievski, como los de tantos escritores, fueron inciertos. Con su primera novela, Pobres gentes, consiguió el reconocimiento de la crítica y se convirtió en una joven promesa con solo 24 años, pero las siguientes recibieron críticas negativas y el escritor cayó en una depresión. Como una vía de escape a ese malestar espiritual y a un inconformismo social propio de la edad, Dostoievski entró en contacto con el Círculo Petrashevski, un grupo de intelectuales utópicos que defendía la libertad del hombre. Pero el 23 de abril de 1849 Dostoievski, junto a otros muchos de sus compañeros, fue arrestado y encarcelado con la acusación de organizar actividades antigubernamentales y de conspirar contra el zar Nicolás I. El 16 de noviembre Dostoyevski fue llevado a la fortaleza de San Pedro y San Pablo y condenado a muerte.

El 22 de diciembre, Dostoievski y algunos compañeros más fueron fueron llevados al patio para su fusilamiento. Antes de vendarles los ojos todavía tuvieron oportunidad de ver apilados en un carro los ataúdes en los que meterían sus propios cadáveres. Se dice que en el último momento el escritor todavía pudo murmurar a uno de sus compañeros «No me puedo creer que me vayan a fusilar». Sin embargo, eso nunca pasó, porque en ese momento irrumpió en el patio un jinete con la orden salvadora. Su pena había sido conmutada por cinco años de trabajos forzados en Omsk, Siberia. Tanta fue la presión del momento que le dio allí mismo un ataque de epilepsia.

Ese mismo día Dostoievski escribió en una carta a su hermano: «No gemí, me quejé ni perdí el valor. La vida, la vida está en todas partes, la vida está dentro de nosotros … Habrá gente a mi lado, y para ser un hombre entre la gente hay que seguir siendo un hombre para siempre … eso es la vida, esa es la tarea de la vida …».

La experiencia tuvo un profundo efecto en Dostoievski, casi como una epifanía. Sin ella, no hay duda de que obras como Crimen y castigo o Los hermanos Karamazov no hubieran sido las mismas. Pero este episodio demuestra, al mismo tiempo, lo frágil que es la literatura. Si ese 22 de diciembre Dostoievski hubiera sido fusilado jamás hubiéramos conocido esas novelas. Me gusta cómo lo explica Nieves Conconstrina en Menudas historias de la Historia: «Con Dostoievski habrían muerto fusilados el joven Raskolnikov de Crimen y castigo; el príncipe Myshkin de El idiota, todos los hermanos Karamazov y cientos de personajes más que aún estaban por salir de su atormentada pluma. A ellos también los indultó el zar Nicolás I, pero fue sin querer».

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2 respuestas a Cuando Dostoievski fue indultado ante el pelotón de fusilamiento

  1. Muy buen articulo sobre una muy buena historia. Es interesante también como narra la mismo historia Zweig en Momentos estelares de la humanidad.

    Luis
    10 abril 2016 at 12:09 pm

  2. ¡Cool! Aclarado, pues. Yo tenía entendido que el fusilamiento fingido había sido una crueldad de los carcelarios y que eso era lo que le había provocado el ataque.

    Lourdes
    7 agosto 2018 at 15:14 pm

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