“Iván”, de Javier de Dios: viaje de un adolescente al corazón del miedo

Por Horacio Otheguy Riveira

Un viaje excitante y muy duro, también para quienes más y mejor le acompañan: una profesora humillada y un padre vencido. El miedo social produce vértigo, es decir, parálisis o movimientos convulsos para no despeñarse. Cinco intérpretes dan vida a personajes de fuste en una pieza teatral de envolvente intriga, emoción segura. Entre el público, sonrisas que se abren camino entre lágrimas porque en escena se exponen conflictos que a todos nos atañen.

Iván, escrita y dirigida por un hombre de teatro con ya larga trayectoria,  Javier de Diosque es a su vez un profesor de lengua vivamente preocupado por todo lo que compete al ámbito social de la educación de los adolescentes. Y hay rasgos autobiográficos importantes asumidos por el personaje de la profesora que es avasallada por el cinismo desestabilizador del joven protagonista: pide sanción severa contra el vándalo, pero a su vez sospecha que puede tener razón al despreciar su asignatura de lengua y literatura. Dos personajes que se buscan y repelen en un círculo agobiante hasta que al final se encuentran cara a cara y empiezan a comprender lo que de verdad sucede tras la mueca insolente del chaval, y el pánico de la docente.

Un proceso de dentro-fuera de un colegio que se preocupa de Iván, quien vive con un padre en severa crisis tras la muerte de su esposa. Todo el entramado se desenvuelve en una apuesta escénica muy bien elaborada, con unos actores magníficos para situaciones normalmente difíciles de acertar, sobre todo cuando se unen estilos tan distintos entre jóvenes y adultos. Cada personaje tiene fuerza y el espectador acompaña todas las situaciones con interés y una emoción calibrada con destreza por la Compañía en la cercana circunstancia de un teatro tan íntimo como el de Sala Tú.

Reflexión en un contexto de suspense policiaco sin policías ni delincuentes, donde sin embargo queda claro que hay un asesino entre nosotros, solapado, cínico como ningún otro, implacable con garras invisibles pero mucho más certeras que las de un psicópata de película de terror: sórdida destrucción de valores morales en un entramado social y económico que infunde miedo en los más débiles y agudiza todas las miserias mientras la clase dirigente se enriquece hasta límites delirantes. Y en medio, chiquillos que maduran de prisa y sin darse cuenta: a ciegas en busca de un refugio donde sobrevivir al horror de cada día, pero sin darse cuenta, mascullando muchas soledades en la suya propia.

El gran acierto del texto y la dirección del propio autor radica en la cotidianidad de las situaciones, ya que se deambula por la cornisa peligrosa del presente y el futuro de un chico problemático a través de una construcción de personajes muy ágil, con diálogos eficaces, breves, dentro de una espiral de preguntas sin respuestas. Cuando éstas aparecen también tienen carga de sugerencias dirigidas a un espectador activo que se emociona y se debate entre sus propias experiencias y las reflexiones ante una situación límite que le involucra.

Valioso testimonio por un grupo de intérpretes muy compenetrados, que hablan un mismo lenguaje corporal, cuyas voces van directo al corazón del miedo del protagonista, y de todos los demás personajes, dando alcance a los espectadores, con una excepción: la noviecita sexualmente liberada con padres que pelean o no paran de follar cuando se quedan sin trabajo. Ella vive con intensidad, ella, Luna (Laura Sopeña), impacta por la ingenuidad con la que aspira a ser una gran actriz sin formación alguna, dispuesta a comerse el mundo. Luna es una isla de felicidad inconsciente que tal vez pase por encima de todos los miedos de quienes la rodeen, riendo con capacidad de dar y recibir ternura y placer en un estado de ensueño permanente. Tal vez no caiga nunca, pero en todo caso su vigor salvajemente inocente permanecerá muy lejos de Iván (Hugo Guerrero) y su propio proceso en busca de sí mismo.

Juanma López como Jefe de Estudios, Susana G. Burgos como la profesora atormentada y Julián L. Montero como el padre, oscilante entre la bondad natural y la violencia del desesperado, son los adultos puestos en barrera para impulsar el talento del protagonista, lo mismo que frenar su autodestrucción, en una búsqueda incesante de posibles caminos. Búsqueda complicada pero nunca infructuosa. empeñados en no abandonar al más necesitado.

IVÁN

Texto y dirección: Javier de Dios

Ayudante de dirección: Sagra G. Vázquez

Intérpretes: Hugo Guerrero, Juanma López, Susana G. Burgos, Laura Sopeña, Julián L. Montero

Música: José Daniel López (Josefo), Rubén Rosales-María Varela

Diseño de cartel y fotografía: Javier Naval

Diseño de iluminación: David J. Díaz

Vestuario y espacio escénico: La Barca Teatro

Teatro Sala Tú

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