“La tristeza de los ogros”: terrorismo interior en democracia

Por Horacio Otheguy Riveira

La Santa Casa de la Democracia esparce su cinismo político por todo el orbe, ya no hay lugar en el mundo donde lo democrático de las elecciones y los parlamentos no sea una mera excusa para desarrollar los intereses económicos de los poderosos con la complicidad de políticos que ganan cada vez más, aumentando sus privilegios mientras la inmensa mayoría padece el desgaste de su forma de vida y aumenta la desigualdad social a paso agigantado, mientras la tecnología se enriquece y se pierden fuentes de trabajo.

En el vaivén de esa miseria cotidiana, surgen aquí y allá, degenerados que secuestran a jóvenes indefensas —en el contexto del gran negocio de la explotación sexual— y adolescentes atormentados que disparan a mansalva —en el contexto del gran negocio del tráfico de armas—. Sobre esta base argumental, el belga Fabrice Murgia ha creado un espectáculo muy rico en sugerencias, de gran interés plástico audiovisual, en los Teatros del Canal, sólo hasta el 4 de febrero.

 

El espectáculo habla de la pérdida de la infancia. Bastian y Natascha son dos adolescentes que dejar de ser adolescentes. Él va a salir de su habitación para cometer un crimen, y ella va a escaparse de un sótano en el que ha estado encerrada, privada de su juventud. Estos encierros nos ayudan a explorar de manera íntima esas dos figuras de la soledad. Para mí, partir de historias reales es importante porque la base documental permite ir hacia lo onírico, y a su vez establece un vínculo con lo real. He trabajado a partir de un blog/diario de Bastian Bosse, que descargué de Internet, y retransmito las entrevistas que Natascha Kampusch concedió para la televisión. He incluido también detalles de mi adolescencia, estigmas de nuestra juventud.  (Extracto de una entrevista de Ángela Segovia y Carlos Rod, publicada en el programa de mano).

 

Los hechos reales de secuestro y atentado se produjeron en Austria y Alemania en 1988, y se presentan en escena con una recreación fantástica por medio de la cual se compone “un cuento onírico sobre el desarraigo en la adolescencia a partir de hechos reales”. El resultado, en versión castellana dirigida por el propio autor, es muy interesante en todos los aspectos: por cuanto muestra y sugiere, y el tipo de actuación conseguido por parte de sus tres intérpretes que asumen infancia, adolescencia y madurez de sus personajes, casi simultáneamente. En todo el fresco estético, con su tensión y sus ráfagas de humor, y su poético enlace con un siempre atractivo desarrollo escénico, destaca la trascendencia de los hechos aislados de sus personajes. Tanto el psicópata que ama-odia, adora-maltrata durante años a una niña a sólo 10 km de su hogar, como el adolescente que se niega a crecer, harto de sentirse un marginado en todas partes, aislado en su propia familia, tienen en común el desorden de una sociedad corrompida, muy alejada de lo conseguido después de la segunda guerra mundial, modelo de recuperación y consolidación democrática.

Los hechos ocurridos en los 80 en Austria y Alemania tuvieron desde entonces muchos imitadores que lograron superarse en truculencia. También se produjeron en muchos otros países, como por ejemplo, España, Francia, Suecia, Finlandia, Reino Unido y sobre todo en cantidad y espectacularidad… en Estados Unidos. Con todo ello, una constante amenaza para el ciudadano de a pie: el ojo por ojo de los bárbaros atentados políticos seudorreligiosos frente a las guerras que a ninguna potencia interesa detener, y los crímenes que brotan de la mera vida cotidiana en grandes ciudades o pacíficos pueblos y hasta en sociedades bucólicas…

La tristeza de los ogros aporta una visión vitalista con un punto mágico, doloroso y muy cálido a su vez en su intento de aprehender una tragedia que los medios de comunicación hacen pública como si se tratara de hechos aislados, sin referente social. Y nos entrega una mirada que permite reflexionar a través de nobles sentimientos y la profundidad de campo de una creación artística.

Los tres intérpretes se integran de corazón en la dinámica del autor-director con el talento y la frescura que les han caracterizado en otros trabajos. Y no es fácil, como tampoco lo es el entramado de Murgia, por eso mismo tiene mayor mérito el clímax conseguido, atrapando al espectador desde que se acomoda en su butaca y ve y escucha una escena que se reitera con el ritmo insolente de los niños que no se cansan de repetir aquello que les apasiona. Una niña nos cuenta, yendo y viniendo, micrófono en mano, una historia de reyes y de ogros, como si la representación llevara mucho tiempo iniciada…

 

Andrea de San Juan es un espectro y también una bufona, una falsa niña y una niña verdadera. Un ser que recorre la función apuntando, apostillando, recreando aspectos muy profundos con apariencia de mero juego.

 

Y de fondo va y viene el nombre y el rostro de John Lennon, también se le escucha cantar su emblemática Oh my love, con una buena traducción en sobretítulos; una canción muy dulce en la voz de quien acabaría asesinado en la puerta de su casa, en Nueva York, en manos de Mark David Chapman, de 25 años.

Oh, mi amor, por primera vez en mi vida 
Mis ojos están muy abiertos 
Oh, mi amor, por primera vez en mi vida 
Mis ojos pueden entender 
(…)
Oh, mi amor, por primera vez en mi vida 
Mi mente puede sentir 
Siento el dolor, oh, siento los sueños 
Todo es claro en mi corazón 
Siento vida, oh, siento amor 
Todo es claro en nuestro mundo. (Fuente: Musica.com Tradujo gth)

 

Andrea de San Juan, Nacho Sánchez.

Andrea de San Juan.

En pantalla: Olivia Delcan. Ante el ordenador: Nacho Sánchez. De espaldas: Andrea de San Juan.

 

 

Mi obra es una mezcla de trabajo de escritor, periodista y antropólogo. Necesito esta base para escribir lo onírico. En cada uno de mis espectáculos hay personajes que basculan en el mundo de ficción y que huyen de la realidad. Cuanto más real es la historia, más onirismo me permite. (Fabrice Murgia. Extracto de una entrevista de Rocío García publicada el 19 de enero de 2018 en El País).

 

Olivia Dencan: una infancia petrificada.

LA TRISTEZA DE LOS OGROS

Pistas para (acompañar) una pesadilla

Cuento onírico sobre el desarraigo en la adolescencia a partir de hechos reales.

Texto y dirección: Fabrice Murgia

Adaptación: Borja Ortiz de Gondra

Intérpretes: Nacho Sánchez, Olivia Delcan, Andrea de San Juan

Vídeo: Jean François Ravagnan

Coproducción: Théàtre National Wallonie-Bruxelles, Teatre Lliure, Teatros del Canal y Artara

Distribución: gira@teatrelliure.com

 

Teatros del Canal. Sala Verde. Del 18 de enero al 4 de febrero 2018

Teatre Lliure, del 7 al 25 de febrero 2018.

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