Ahora todo es noche: potente regreso de La Zaranda con su creativa negrura

Por Horacio Otheguy Riveira

El zarandeo en que nos deja La Zaranda ya no es lo que parecía en sus comienzos; de lo bueno de entonces a lo superior de ahora: una expresividad teatral amarga que divierte, expansión del esperpento valleinclanesco o, mejor aún, del grotesco pirandelliano “donde lo que nos hace reír se vuelve llanto”. Ahora confirmamos la inicial sospecha: que el resultado de sus trabajos insiste en ver donde la sociedad evita mirar, esa descomposición lenta y sórdida en que se va convirtiendo el grueso de los poderes que nos gobiernan y con ellos el conjunto, la comunidad pequeña y la enorme del país que abarca el continente.

La Zaranda, Teatro Inestable de Ninguna Parte, con texto e iluminación de Eusebio Calonge y dirección de Paco de La Zaranda nos dicen que Ahora todo es noche y en esa luminosa oscuridad nos guían para que no perdamos detalle de la miseria circundante, pozo sin fondo de una rara existencia que hace del dolor y la marginación un mundo de revelaciones:

Se volvieron invisibles, tan acostumbrados ya estamos a verlos, dormitando en los vestíbulos de las estaciones y aeropuertos, revolviendo en los contenedores de basura, haciendo cola en los comedores benéficos… Los vemos tan lejanos y apenas la cantidad de una mensualidad nos separa de ellos. Los arrojados por la borda de sus destinos, los náufragos en la oscuridad de un mundo hostil. A veces en silencio cruzan nuestra consciencia, aunque los evitamos como el beso del leproso, porque su pobreza nos interpela ¿Quién cree que tiene algo para siempre?

Estos mendigos dejan sus huellas en las cenizas de la vida, conservan los rescoldos de una llama antigua, una furia ante el tiempo, que de alguna manera los entroniza, reyes sin reino, el hombre desterrado entre basuras, sin más luz que la esperanza de una mirada desde el cielo. ¿Quién no ha mendigado algo alguna vez?

Una evolución plástica e ideológica con una gran fuerza expresiva en sus tres intérpretes desenvolviéndose entre máscaras deformantes: réplica perfecta de un reino en decadencia en el que, sin embargo, sus marginados hombres son capaces de grita: ¡En ganar no está la gloria sino en morir batallando! 

Y lo consiguen con su habitual puesta en escena de gran versatilidad. Tres bufones muy serios, que juegan dentro y fuera de sus personajes con momentos de grandeza circense (Ay, esas corbatas que brotan sin cesar de uno de ellos como si fuera un inagotable río de colores, mientras hablan sin parar en un burladero genuino contra los parlanchines críticos y sus perogrulladas, lugares comunes, frases que descabalgan y vuelven a cabalgar la inoperancia de análisis y criterios: “surrealistas repetitivos, mega-repetitivos, poscostumbrismo no, postsurrealismo, el realismo científico, el melancólico fatal…”), también los frágiles y geniales payasos reaparecen cada tanto desde lo oscuro del escenario limitado por un juego de luces fantástico, y se repiten en movimientos y verborrea, gráciles y musicales, como las bandas que cada tanto acompañan la escena. De un lado y del otro de la realidad, el teatro de La Zaranda también se rinde homenaje a sí mismo, haciéndolo al teatro, al fenómeno del teatro donde “muere el Rey Lear para que sobrevivan tantos miserables, pero si Lear sigue viviendo en el teatro, también vivimos nosotros. ¡El teatro está vivo! ¡La Zaranda está viva!”. Y coronan a uno de ellos, y los tres se despiden a su estilo, dejándose bañar por el entusiasta aplauso de un público que les festeja tanta sensibilidad, sentido del humor y talento para seguir siendo ellos mismos, 40 años después de su insólito debut. Y después se marchan silenciosamente, sin agradecer los aplausos, como siempre, repitiendo sus ceremonias en un ceremonial a su vez siempre diferente.

 

 

Hastiado de todo, clamo por la muerte, al ver hecho un mendigo al que más vale (Shakespeare, Soneto LXVI).

¡En ganar no está la gloria sino en morir batallando!
Allí donde no llega el cuerpo alcanza nuestro espíritu,
nada puede el imperio de la muerte contra nuestros personajes,
escapan como ángeles de las llamas del infierno,
ellos tienen la fuerza de las tormentas y la ligereza del viento… (Eusebio Calonge)

 

AHORA TODO ES NOCHE

Texto: Eusebio Calonge

Dirección Paco de La Zaranda

Con Gaspar Campuzano, Enrique Bustos, Francisco Sánchez
Iluminación: Eusebio Calonge

Espacio Escénico: Paco de La Zaranda

Fotografías: Gerardo Sanz

Producción artística: Eduardo Martínez

Una producción de LA ZARANDA – Teatro Inestable de Ninguna Parte en Coproducción con el Teatre Romea

Del 19 al 29 de abril del 2018
De martes a sábado 20h y domingos 19h
Sala Principal del Teatro Español

 

 

 

 

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