“El pan y la sal”: la actual connivencia del estado español con el franquismo en un testimonio teatral

Por Horacio Otheguy Riveira

Carme Portaceli, directora artística del Teatro Español ha decidido inaugurar la temporada 2018-2019 brindando en la sala principal una producción del Teatro del Barrio entre los días 20 y 23 de septiembre. La exposición puntual de un juicio a lo Agatha Christie, pero con la documentación de hechos reales ocurridos en nuestro país. A diferencia de El proceso de Mary Duggan o Testigo de cargo, no estamos ante la elegante caída de burgueses avariciosos o encantadores canallas que luchan contra los ricos, sino por el contrario, en El pan y la sal, de Raúl Quirós, presenciamos un juicio en el que se deja testimonio de la siniestra continuidad del golpe de estado fratricida de 1936 hasta nuestros días, 82 años ya con miles de desaparecidos, torturas y fusilamientos sin castigo, sin tumbas a la vista, marcados a fuego por un silencio cómplice.

Al servicio pleno de este testimonio se entrega un equipo de importante gente de teatro. Aportan su experiencia y muy aplaudido talento para que la representación adquiera el vigor de la realidad más auténtica. Todos, junto con el público, convencidos de que de esta manera el teatro se viste de un luto cargado de esperanza, pues confiamos en que nunca es tarde para el reclamo más justo, y por ello no paran de movilizarse miles de personas invocando la necesidad de justicia entre manos solidarias de fuera y dentro de España?

 

Nuria Espert, como una anciana de un pueblo de Toledo, ayudada por el ujier, Laura Galán. A un lado, Mario Gas, como Baltasar Garzón, y Ginés García Millán como su abogado defensor. (Foto: Belén Herrero).

 

 

Con el escenario empapelado con fotos de gran parte de los 140 mil desaparecidos de la guerra civil española y larga posguerra, por parte de una dictadura hasta hoy no juzgada por crímenes de lesa humanidad, es decir por genocidio, El pan y la sal es un testimonio político de gran alcance en el que se representa —bajo formato de teatro leído— el juicio a  Baltasar Garzón de 2008. Un juicio que ganó, pero que años después, bajo otros esquemas judiciales similares, perdió y acabó inhabilitado; hoy al frente de un bufete de enorme éxito.

Sin duda, fue el único juez capaz de afrontar con valentía una serie de procesos hasta ahora imposibles de movilizar porque resulta indudable el poder omnímodo en las más altas instituciones de intereses neofranquistas. “España es el segundo país, después de Camboya, en desaparecidos a causa de una dictadura”.

Un proceso que inició Manos Limpias, pidiendo 20 años de inhabilitación para el juez Garzón por presunta prevaricación. No pudieron demostrarlo. La base era que BG había considerado fuera de lugar investigar los crímenes durante la Segunda República de Paracuellos (“Porque sus víctimas habían tenido reparación económica, moral y de enterramiento familiar” en tiempos del franquismo), mientras que exigía la investigación sobre los 140 mil desaparecidos, menores y adultos, sin juicio previo ni explicación alguna, ni entrega de sus restos a las familias por parte de Falange y otros estamentos oficiales de la dictadura. Garzón ganó, pero el proceso de la Memoria Histórica reiniciado por el gobierno de Zapatero está hoy en día paralizado, sin posibilidades económicas por parte del Estado desde el gobierno de Rajoy, y en la actualidad distante toda posibilidad de juzgar el genocidio, y de ir más allá de los movimientos solidarios de organismos mundiales y aportes económicos de personas involucradas o motivadas por la imperiosa necesidad de que este país lave la sangre, abra todas las fosas comunes para que víctimas y familiares descansen en paz y comience a hacerse justicia.

Aún hoy torturadores con nombre y apellidos y políticos que actuaron durante el franquismo son protegidos por los dos partidos mayoritarios. En efecto, en 14 años de mayorías absolutas el PSOE no sólo no hizo nada por fortalecer este empeño, sino que lo obstaculizó cuanto pudo. Luego el PP, ya se sabe que ni siquiera fue capaz de considerar dictador a Franco en el Parlamento. Un juego macabro de cinismo político que parece no tener fin. Aunque no es cierto, siempre puede empezar el comienzo del fin con un gobierno de reales intereses democráticos y elemental deseo de justicia. Poco tendrán que mover las instituciones centrales, pues en muchos ayuntamientos, organizaciones civiles y políticas trabajan duramente para abrir fosas, analizar el ADN de los restos y devolver a la gente la paz de sus muertos. Una dura labor que se desarrolla intensamente en gobiernos como el de Valencia donde ya hay más de 20 mil desaparecidos detectados…

Esta representación de un juicio adquiere el valor de un grito desgarrador, aunque en la hora y cuarto que dura nadie levanta la voz y al final, intérpretes y espectadores (sólo hubo 4 funciones a sala llena) se aplauden de pie y aplauden a todos los ausentes, los miles de desaparecidos representados en fotos en blanco y negro. El negro y el blanco de aquellos años, El pan y la sal que nos quitaron, la boqueada del silencio y los miles de ciudadanos que han afrontado toda clase de angustias y que desde los años 70 de la muerte del caudillo no cesan en su empeño. España tras Camboya, que vivió el infierno de los jemeres rojos. España, isla en la Europa donde se juzgaron criminales nazis y fascistas. España, país en vísperas de un renacimiento… porque muchos trabajan de sol a sol para que esto sea posible y dejemos mayoritariamente de mirar hacia otra parte.

Como dijo Eduardo Galeano, a quien se cita en el prólogo de esta representación:

Sabemos que la pérdida de la memoria hipoteca el porvenir. Quien no puede aprender del pasado queda condenado a aceptar el futuro sin poder imaginarlo. La única manera para que la historia no se repita es manteniéndola viva.

 

Mario Gas, como Baltasar Garzón, y Ginés García Millán en el papel de su abogado defensor, en un momento de la representación. (Foto: Belén Herrero).

 

Los jueces no estamos para ideologías. Aquí había cientos de miles de víctimas, que no
habían sido atendidas en sus derechos, que ejercitaron una acción… El juez tiene la
obligación de tratar de investigar unos hechos y dar protección. Eso es lo que yo hice.
Juez Baltasar Garzón.

Se lo llevaron de casa, lo apalearon lo tuvieron preso, le hicieron muchas cosas. Cuando se
llevaron a mi padre yo era muy pequeñina…Se llevaron el pan y la sal de mi casa.
Hija de un desaparecido.

 

EL PAN Y LA SAL

De Raúl Quirós

Dirección lectura dramatizada Andrés Lima

Del 20 al 23 de septiembre de 2018

Juicio a la Memoria Histórica.

Una obra sobre el olvido de las víctimas de la Guerra Civil y la Dictadura Franquista

REPARTO por orden alfabético
Ramón Barea, Natalia Díaz, Nuria Espert/María Galiana, Laura Galán, Ginés García Millán, Mario Gas, Emilio Gutiérrez Caba, Andrés Lima, Gloria Muñoz, Alberto San Juan, José Sacristán

Espacio Escénico Beatriz San Juan
Sonido Kike Mingo
Ayudantes De Dirección Laura Ortega y Laura Galán

Producción Ejecutiva Joseba Gil

Una producción de Teatro del Barrio en colaboración con el Teatro Español.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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