La puta de las mil noches, un encuentro crepuscular

Por Luis Alberto Comino San Juan

En un lugar apartado, casi clandestino, un individuo de dudosa moralidad y poderosa billetera se cita con una prostituta elegida al azar para llevarla a un peligroso juego psicológico, al que la arrastra abusando de su fortaleza económica y de la necesidad que impulsa a una mujer a llevar ese tipo de vida. Este es el planteamiento que nos hace Juana Escabias, autora de una obra que ahora mismo se representa en la Sala Margarita Xirgu del teatro Español de Madrid.

Una obra con aires casi de thriller, que nos muestra los instintos más bajos del ser humano en su relación de superioridad o inferioridad (en este caso económica).

Escabias, una autora con una larga y reputada trayectoria teatral (cuenta con más de cuarenta obras entre piezas largas y cortas representadas, no solo en España sino fuera de nuestras fronteras, con un marcado protagonismo femenino), da una vuelta de tuerca al tema que nos planteaba la celebérrima cinta de Garry Marshall, Pretty woman. Ya saben, ejecutivo poderoso contacta con profesional del amor y la convence y contrata para pasar un tiempo que excede sobradamente el tiempo habitual de un servicio. Ese tiempo lo aprovecha para enamorarse de ella y redimirla. Aquí no hay redención posible. Él no es un joven ejecutivo de incipiente carrera con aires de caballero andante, sino un burgués en pleno ocaso que pretende destripar emocional y anímicamente a su compañera de juegos arrastrando sus miserias y bajezas (un espléndido Ramón Langa, al que las escenas iniciales en la oscuridad hacen pasar por Bruce Willis, un tributo que pagan los grandes del doblaje), ni ella es una cándida hetaira que espera a su príncipe azul, sino una resabiada meretriz veterana de mil batallas y mil polvos, que sabe a lo que va y que es consciente de que su única razón para estar allí son los billetes de banco que le va suministrando su cliente (excepcional Natalia Dicenta en un difícil papel que borda y en el que, aprovechando sus grandes aptitudes para el canto y su afición por el jazz, nos regala una soberbia interpretación del Put the blame on Mame, que inmortalizara Rita Hayworth en Gilda).

Lamentablemente el texto carece de la continuidad dramática que el tema sugiere y que el mismo pretende, pero esto se ve paliado en parte por la magnífica puesta en escena de Juan Estelrich, apoyada en un montaje audiovisual que nos proyectan al fondo del escenario y, sobre todo, por el soberbio uso de la luz y de las sombras de Nicolás Fischtel, que nos introducen en la trama en un ambiente tenue de lujo y sofisticación falsos, que disimulan la sordidez original del tema. Pasa de puntillas por temas como el amor, el dinero, el deseo e incluso el sexo, puesto que el encuentro sexual no deja de ser una trampa para ocultar la verdadera intención del cliente, amedrentar y humillar a su víctima.

Los orígenes de ambos personajes son igual de turbios y oscuros, aunque ambos han llegado a puntos divergentes en la pirámide social. Mientras que él es un ejecutivo de éxito, con dinero y poder, ella no pasa de ser una prostituta en el ocaso de su carrera, que tienen que publicitarse en la sección de contactos, donde debe seguir afincada para llenar la nevera y pagar las facturas. Interesante la escena en la que él le pregunta sobre los motivos iniciales para dedicarse al trabajo más asqueroso que uno pueda imaginar”. Y ella le responde airada, que igual de asqueroso sería trabajar de camarera aguantando borrachos y vómitos o limpiando retretes y por mucho menos dinero.

La obra pretende ser una denuncia a la trata de mujeres y una exposición critica al tema de la prostitución, un negocio que mueve miles de millones de euros en todo el mundo, dificilísimo de tratar y que Escabias convierte en su texto en un duelo crepuscular entre Langa y Dicenta, a ver quién de los dos tiene una vida y un pasado más lastimoso y oscuro.

En resumen, una obra difícil e interesante de ver, más que nada por el enorme trabajo de ambos intérpretes y la magnífica puesta en escena, pero que deja algunas lagunas sobre un tema escabroso y de complicada resolución, puesto que dicen que es el oficio más antiguo del mundo. No dejen de recordar que uno de los edificios restaurados de las ruinas de Pompeya, es el lupanar.

El texto obtuvo el premio para textos dramáticos El Espectáculo Teatral en el año 2011 con el título “Apología del amor”, ya que el término “puta” escandalizó a más de uno.

 

 

Autora: Juana Escabias

Dirección: Juan Estelrich

Reparto: Natalia Dicenta, Ramón Langa

Diseño de iluminación  Nicolás Fischtel
Música original Raúl Gama
Diseño de escenografía Juan Estelrich
Ayudante escenografía y vestuario Elisa Marinas y Alba Espinosa
Dirección audiovisual Juan Estelrich
Fotografía Leticia Hueda
Maquillaje África de la Llave
Peluquería Ana Honrubia (Pompa)
Producción ejecutiva  Pepe Claudio

En cartel hasta el 23 de Diciembre en la sala Margarita Xirgú del teatro Español de Madrid.

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