Fabulosa dimensión sentimental en “La geometría del trigo”

Por Horacio Otheguy Riveira

La íntima realidad que brota entre españoles que hablan con el peculiar acento de su región, fluye delicada y naturalmente tras el delicado trabajo de excelentes intérpretes, y una dirección poética rigurosa, la del propio autor que organiza una puesta en escena tan rica y sutil que lo fabuloso se introduce como aire que se respira, como la expresión fantástica de legendarias corrientes de amor. Desde la sutil aparición del pasado en connivencia con el presente, hasta la trama de intrigas amorosas con la fuerza de carismáticos personajes, La geometría del trigo, de Alberto Conejero, es un excepcional paseo por la vida y la muerte entre amores desolados y otros recompuestos. Un viaje hacia el dolor para convertirlo en esperanza: Necesito saber si hay algo que el amor entregue y que no muera con nosotros.

Tres personajes que buscan en el amor raíces indestructibles. Zaira Montes, José Bustos, José Troncoso, intérpretes de gran sensibilidad en un teatro despojado de abalorios.

La cotidiana aspereza de los días con sus noches se convierte en un recorrido de historias cruzadas en busca de redondear angustias del pasado, sin nostalgia, con la clara decisión de indagar para resolver, para alcanzar una nueva posibilidad de dicha… o ninguna.

La geometría del trigo es una función elaborada con un lenguaje de envolvente riqueza, alimentado a base de bien con un ritmo que no sólo no decae, sino que va creciendo a medida que las sugerencias de las tramas cobran cuerpo. Siempre sobrevuela una calma de alta tensión, a causa de asuntos que casi todo el mundo conoce, pero nadie se atreve a pronunciar. Con datos y personajes propios de un melodrama costumbrista, con decisivos puentes entre el mundo rural y el urbano, la obra trasciende los lugares comunes y se instala donde suele hacerlo Alberto Conejero, redescubriendo atmósferas y lenguaje escénico, uniendo feliz carga literaria con una teatralidad que Alessio Meloni afirma a través de elementos escenográficos de gran pureza, como la tierra roja por la que deambulan los personajes y los asientos de madera donde los actores esperan su salida, a los lados del escenario, de madera vieja, como de parques, como de estaciones de tren donde pudieron haberse pasado la vida esperando, pero se han apañado para ir en busca de las corrientes de amor que necesitan para existir en plenitud.

“Estoy contento de que la ficción refleje la riqueza identitaria de nuestro país”, ha manifestado el autor, y lo hace con alternancia del catalán y el castellano con acento del andaluz de Jaén, en la que la pareja formada por Joan y Laia viaja desde Barcelona a un pequeño pueblo del sur para asistir a un entierro, un viaje revelador que servirá para que otros se entrelacen como nunca antes lo habían hecho. Servido por un nuevo director muy prometedor que ha logrado una fascinante unidad de estilo entre seis valiosos intérpretes (de muy distinta formación) reunidos por vez primera.

De izquierda a derecha: José Troncoso, Consuelo Trujillo, Juan Vinuesa, Zaira Montes, José Bustos, Eva Rufo.

Eva Rufo encara a un personaje que lucha de principio a fin con nobles armas para reconquistar su amor. Impecables recursos con los que fortalecer una racional emotividad que traspasa la cuarta pared.

 

“La geometría del trigo” fue, en un primer momento, un recuerdo de juventud que mi madre compartió conmigo. ¿Por qué quiso entregarme entonces lo ocurrido a unos amigos en nuestro pueblo del sur justo antes de mi nacimiento? ¿Qué debía hacer yo con esas palabras y esos silencios? Con el paso de los años el recuerdo de mi madre, transformado por la imaginación, se convirtió en un recuerdo propio, tan real como lo contrario.

La geometría del trigo es un viaje de norte a sur, de sur a norte, de ahora a entonces, y de entonces a ahora. Una historia de tránsitos y transiciones entre tiempos, espacios, lenguas y formas de amar. Y de fondo las últimas minas de plomo entre los olivares. Un intento de empezar de nuevo y de seguir juntos. Porque el vínculo nunca desaparece y siempre estamos a tiempo de cuidarlo. Alberto Conejero. (Foto: Sergio Parra).

 

En el hall del teatro se vende esta edición de la obra. Su lectura resulta muy gratificante al constatar la “otra mirada” que ha puesto el autor al llevarla a escena. Los ojos del teatro, las voces de los intérpretes, la atmósfera creada resultan doblemente elocuentes.

“En La geometría del trigo también pervive este enigma (quizá el germen de toda fundación humana, también origen de la familia, acaso otra manifestación de la duplicidad de los deseos), el de entregarnos en el amor para no morir; el de trascender en algún sitio, en algún otro o de algún modo, a pesar del fin de todo” (del prólogo de Daniel López García)

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Otras obras de Alberto Conejero en CULTURAMAS:

Ushuaia

Todas las noches de un día

El sueño de la vida

La piedra oscura

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Texto y dirección Alberto Conejero

Trabajo realizado bajo residencia artística en la Sala Cuarta Pared

Intérpretes Consuelo Trujillo, Eva Rufo, Zaira Montes, José Troncoso, Juan Vinuesa

Espacio escénico Alessio Meloni

Iluminación David Picazo

Vestuario Miguel Ángel Milán

Fotografía y vídeo Susana Martín

Espacio sonoro Mariano Marín

Teatro Valle Inclán. Sala Francisco Nieva. Del 6 al 24 de febrero 2019, martes a domingo a las 18 horas.

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